El mar de la calma | la teoría polivagal aplicada al sueño infantil 

[…] Debajo de mi balsa, está el mar, con sus olas que me levantan hacia el cielo con fuerza, y que me bajan con cuidado, meciéndome con suavidad. Si me concentro, puedo sentir cómo las mueve mi respiración. Tomar aire me impulsa hacia arriba llenando de energía todo mi cuerpo; y echarlo, despacito, con cuidado, me lleva hacia abajo, dejándome una sensación de calma genial. […] 

Sé que, a veces, lo pasas mal porque el sueño no acaba de llegar.  

Que, entonces, te esfuerzas mucho para dormir; y que cuantas más ganas le pones, más difícil es.  

A veces, cierras los ojos con fuerza, esperando que el sueño llegue; y otras veces, buscas en ama algo que te ayude a relajarte e irte a ese lugar tan calentito y blandito al que tanto te gusta ir. Pero eso ayuda poco porque el sueño, como los perretes y los gatetes, necesita calma para estar a gusto y crecer.  

Por eso, quiero compartir contigo cómo lo hago yo: qué hago cuando quiero dormir. Ya sabes que a mí eso de roncar como un oso se me da bastante bien.  

Igual te puede servir.  

Cuando voy a la cama, suelo imaginar que estoy en una barca en medio del mar. Miro hacia la derecha, hacia la izquierda, hacia delante y hacia atrás, y no veo tierra. No hay nadie a mi alrededor.  

Debajo de mi balsa, está el mar, con sus olas que me levantan hacia el cielo con fuerza, y que me bajan con cuidado, meciéndome con suavidad. Si me concentro, puedo sentir cómo las mueve mi respiración. Tomar aire me impulsa hacia arriba llenando de energía todo mi cuerpo; y echarlo, despacito, con cuidado, me lleva hacia abajo, dejándome una sensación de calma genial.  

Yo me quedo en mi balsa. Sin remar. Dejando que la respiración me lleve arriba y abajo, sintiendo como mi cuerpo sube y baja con el devenir de la mar.  

Entonces, miro al cielo. Está bastante azul, pero no hay ningún sol que me pueda deslumbrar. Entonces, busco formas bonitas en las nubes. Cosas que me gusten y me hagan sentir en paz. A veces, aparece la figura de ama; otras veces, apareces tú. En los días de calor veo un bosque fresquito, con una poza de agua cristalina; y en los días fríos imagino una playita al sol. Lo bueno es que en este cielo mágico sólo aparecen cosas bonitas, y que me hacen sentir bien.  

Mientras, dejo que me respiración me siga subiendo hasta la cresta de las olas, dándome fuerza, y que me baje hacia la calma, salpicándome de agua que me limpia por fuera y por dentro, haciéndome mimado por el agua de ese mar.   

Quizás, entonces, me vea yo mismo reflejado en ese cielo. Como un gigante amable que sabe tratar especialmente bien. Y me digo que estoy bien como soy, aunque haya metido la pata o me haya portado mal. Si ha sido así, sé que necesito más que cariño y mimitos que nunca, porque lo he pasado especialmente mal.  

Y una detrás de otra, las olas siguen llevándome arriba y abajo, al son de la respiración, como si estuviera en una cuna gigante que la madre tierra cuida y mece para hacerme sentir acompañado y mejor.  

Con el tiempo, la respiración se hace más lenta, el pensamiento se disipa como el humo, y las sábanas me van abrigando hasta que todo el cuerpo se encuentra a gustito, templadito, y va, poco a poco, hundiéndose en el mar de los sueños, como si ama me diera un abracito y me protegiera un aita amable y gigantón.  

Sé que el mar me llevará, poco a poco, hasta la playa de un nuevo día, donde me despertará la arena en los pies y el grito de las gaviotas, haciéndome sentir especialmente a gusto, tranquilo y feliz. 

Prueba a hacerlo.  

Verás qué bien.  


Referencias:  

DANA, D. (2019). La teoría polivagal el terapia. Cómo unirse al ritmo de la regulación. Barcelona: Eleftheria 

GONZÁLEZ, A. (2020). Lo bueno de tener un mal día. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor. Barcelona: Planeta 

PORGES, S.W. (2017) Guía de bolsillo de la teoría polivagal: el poder transformador de sentirse seguro. Barcelona: Eleftheria 


Gorka Saitua | educacion-familiar.com 

Un comentario en “El mar de la calma | la teoría polivagal aplicada al sueño infantil 

  1. Pingback: En la crianza también: más punkis vivos, por favor – educación familiar

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s