Vivir en su recuerdo

Os voy a contar una cosa que me resulta, a la vez, tierna y triste. 

Se trata de que mi principal objetivo, ahora, es llegar vivo al día 1 de Junio. 

Ese día es el cumple de mi hija. Hace 3 añazos. 

Sé que lo que le he aportado hasta ahora es importante. Y que las cosas, en el desarrollo de los niños, aparecen cuando aparecen, y no se ajustan a parámetros rígidos ni adultistas. 

Pero, para mí, los 3 años es el límite que marca que empiecen a quedar fijados los recuerdos. Y no hablo de la memoria del cuerpo, sino de la episódica, que es ésa que nos permite evocar historias, personas y acontecimientos.

Llamadme tonto, pero me apetece mucho, mucho, estar presente así en la mente de mi hija. No sólo como una sensación agradable, sino también con nuestras historias bonitas. 

Con el perrete que fue un poco pesado, y no dejaba de pedirnos comida. El día en la playa cazando como cavernícolas cangrejos. El riachuelo que hace poco intentamos pasar y nos mojamos. O las ortigas que nos picaron y nos hicieron granitos.

Quiero estar, ahí, en una historia bonita, que ella recuerde en sus momentos buenos y momentos malos. 

Y en mi mente confusa, a veces rígida, y un poco loca, la fecha límite son los 3 años ❤️

Gorka Saitua | educacion-familiar.com

Padres a los que no se ve

Sé que me vais a correr a hostias.

Pero hoy es también el día de los padres que no están. Que no supieron, no soportaron o no pudieron estar. Sí, de todos esos hombres a quienes se estigmatiza y se odia, porque se les atribuyen egoísmo y, muchas veces, mala voluntad.

Soy consciente del daño que hace la herida del abandono. Y no quiero quitarle ninguna importancia. Obliga a las mujeres a soportar una enorme carga, impuesta por un patriarcado injusto y cruel. Y sé que se trata de sufrimiento que marca a generaciones enteras, y del que es muy complicado que las niñas y los niños se puedan proteger.

Pero hoy, también, quiero destacar a todos esos hombres que viven estas fechas con angustia, desconexión, culpa, sufrimiento o apagando la televisión. Porque ver el agradecimiento de los hijos hacia los otros padres, los que cuidaron, nutrieron y dieron seguridad, les hunde en un pozo profundo del que sienten que difícilmente pueden salir.

Sólo una cosa: estáis.

Estáis, igual que vuestras hijas y vuestros hijos siguen en vuestra mente y en las reacciones de vuestro cuerpo. Tan reales como ese corazón desgarrado por lo que pasó y ya difícilmente se pude reparar. Estáis con rostro o sin él, en la mente y en el cuerpo de vuestras hijas e hijos. Y eso es un drama, complejo, abrumador, que todavía está por resolver.

No hay padres ausentes. Sólo padres a quienes no se ve.

Gorka Saitua | educacion-familiar.com