El vacío de recuerdos: un duelo pendiente 

[…] Soy una de esas personas con pocos recuerdos. Y no es casualidad. Entre otras cosas, aprendí a protegerme con la desconexión de mí mismo y de los demás. Por eso se han fijado pocos eventos en mi memoria: sencillamente nadie andaba ahí para contarse una historia que mereciera la pena contar. […]

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Huye de quien te promete cambiar a tu hijo

[…] Observo en el sector cierta tendencia perversa a amoldarse a la demanda que formulan muchas madres y padres, que —con la mejor de sus intenciones— quieren que su hija o su hijo sea el más alto, el más guapo, el más popular, el más inteligente o el que se lleva el premio a final de curso. […] 

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La ley del frontón: ideas para destruir el mundo

[…] Entonces, llegó un grupo de 4 chavales de unos 25 años, con sus pelotas, eso, eso, con sus pelotas grandes y duras. Al verlos, los niños recogieron sus cosas y se marcharon sin chistar, cumpliendo la ley implícita en todos los espacios públicos, del cole y del pueblo: los mayores y, sobre todo, si son hombres, tienen prioridad en cualquier tipo de juego. […] 

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Los méritos que no me corresponden

Hace un tiempo me escribió un compañero al que admiro mucho y me dio un consejo: Gorka, tío, deberías cuidar más lo que públicas porque te has convertido en un referente para muchas personas.

Entiendo sus razones. En mi perfil se confunde lo personal con lo profesional y aunque —creedme— trato de controlarme, mi sentido del humor no siempre es tan blanco y dulce como para agradar a todo el mundo. De hecho, a menudo va explícitamente en contra de los principios que difundo, lo cual, constituye una de esas contradicciones con riesgo de cancelación en esta su cultura rancia de las redes sociales.

Lo que no sabía este compañero eran dos cosas que, para mí, son importantes. Que la palabra “referente” significa para mí una amenaza, y que los memes y demás chorradas que público son una forma de protegerme.

A ver si me explico.

Sé que tengo cierta capacidad para comunicar y, patos de colores, por eso dedicó mi tiempo a esto: me gusta, me satisface y sé que lo hago bien, pero también soy consciente de que detrás de mis artículos no estoy sólo yo, sino que hay un montón de gente. Hay formación, lecturas, un equipo implicado y estupendo, profesionales con quiénes me coordino, y familias que me enseñan día tras días lo limitado que sigo estando en mi trabajo, obligándome a corregir mi intervención o a buscar recursos debajo de las piedras.

Lo único que hago yo, sentado, a gusto en mi escritorio, es resumirlo y ponerlo bonito para que alcance a muchas personas. Y sí, tiene cierto mérito, no digo que no, pero para nada me merezco ese aura de ser de luz que, a veces, se me coloca.

De hecho, me hace daño. Porque miro a mi alrededor y sé de muchas personas que se han ganado con su inteligencia, su humanidad y su trabajo, estar en ese pedestal. Cuyo mérito va mucho más allá de esta labor de traducción que yo hago: que demuestran conocimientos y capacidades asombrosas, que me colocan a años luz de su profesionalidad. Y no se me está yendo la pinza, cogollos, que trabajo todos los días con ellas y con ellos, aprendiendo con curiosidad y asombro de cada una de sus palabras y cada uno de sus gestos.

Resumiendo: cada vez que se me coloca en el pedestal recuerdo que soy un impostor, y esa, justo, es parte de mi herida.

Así que público memes y otras mierdas. Porque me descojono, sí, y porque transmiten buen rollo, pero también porque es una forma de tomar tierra, sacudirme ese manto dorado, y quedarme en pelotas, con mis vergüenzas al alcance de todo el mundo. No olvido que las redes sociales son una trampa para todas estas personas que, por uno u otro motivos, sufrimos una carencia de mirada. Y que es fácil sentirse seducido por los likes y comentarios bonitos, olvidando los verdaderos motivos por los que estamos aquí: buscar un reconocimiento que nos cuesta darnos a nosotras o nosotros mismos.

Así que nada, es verdad. Tengo cierto mérito en lo que hago y voy a dejar que entre eso; pero seguiré poniendo una barrera grande y gorda contra los méritos que no me corresponden. Es injusto investirme de ellos.


Gorka Saitua | educacion-familiar.com

La entrevista que el periódico NO HIZO a F. Javier Aznar Alarcón, psicólogo clínico

No es ningún secreto que los medios de comunicación han popularizado una psicología simplista que, a menudo, lejos de ayudar, culpabiliza a las personas que sufren, causándoles más daño. De ahí surgió la iniciativa de “corregir” —si se me permite la expresión— las entrevistas que se hacen a profesionales encubrados por los medios, dándoles una respuesta más adecuada y rigurosa desde una perspectiva técnica y deontológica.  

Yo lo hice con Rafael Santandreu, porque me indignaba que ciertos principios se difundieran en RTVE, con dinero público. Y le fusilé el ojete. Pero, ahora, la iniciativa se me ha vuelto en contra, porque me han fusilado el ojete a mí. Vamos, que lo tengo como la bandera de Japon durante la Rendición de Postdam: en carne viva.  

F. Javier Aznar Alarcón es psicólogo clínico y psicoterapeuta con treinta años de experiencia trabajando con infancia, adolescencia y familia en situaciones de riesgo, dificultad psicosocial y trauma. Actualmente dirige el Instituto de Psicoterapia Relacional y Narrativa en A Coruña. Es máster en Terapia Familiar y en Neurociencias y miembro de ISPCAN (International Society for the Prevention of Child Abuse and Neglect); ITSS (International Society for Traumatic Stress Studies); IAN (International Attachment Network), la Sociedad Catalana de Terapia Familiar y de ASEPCO (Asociación Española de Psicoterapias Constructivistas). Es vicepresidente de la sección de Psicoterapias Integrativas de la FEAP.

Y, además, es el director formativo del curso que voy a impartir el septiembre del año que viene sobre “Aplicaciones de la teoría del apego en contextos socioeducativos”, en www.psimatica.net de la mano de compañeras y compañeros de reconocido prestigio. Y fusila ojetes con precisión milimétrica, tan bien que hasta da gustito 😜 

Gracias, compañero, por ser tan claro en tu exposición y por obligarme a revisar muchos de mis planteamientos. Te leemos con cariño: 

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A las y los docentes interesados en el trauma: gracias de corazón 

[…] Porque estar ahí, desconectado de la materia, de los compañeros, de los profesores, deseando huir, angustiado, es un tormento brutal. Máxime cuando uno se dice y se repite a sí mismo que es un burro, un inútil, por no estar al nivel de los demás, haciendo esfuerzos prodigiosos para que la mente vuele y me lleve a otro lugar más amable, en el que, al menos, se pueda estar. […] 

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En la crianza también: más punkis vivos, por favor

[…] Lo chungo, lo que me escama y me jode, es que de un tiempo a esta parte los empiezo a ver por todos los lados. Ya no están sólo en la iglesia, en las barriadas Amish, o en Radio María, sino que se me están metiendo en casa, en forma de los planteamientos moralmente rígidos que supuestamente debo defender. […] 

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A caraperro con Rafael Santandreu 

A mala hostia.  

Me voy a hacer a mí mismo la entrevista que le hicieron a Rafael Santandreu en el periódico El Mundo, fechada el día 18/10/2018. Y que nadie ha tenido el sentido común de borrar. A ver en cuántas cosas coincidimos, chaval: 

* No la enlazo porque no quiero difundir. 

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Gurús, desconexión y otras mierdas de comer

[…] No olvidemos que una de las experiencias que más INSEGURIDAD provocan en las niñas y los niños es ver a sus padres actuar desde una posición desconectada. Es decir, verles hacer las cosas como robots, disociados, como si estuvieran en otro plano de la realidad. […]

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