El mito de expiación en los profesionales que atienden a la infancia

[…] Un chivo expiatorio es un tercero —o un segundo— que carga con la culpa, y libera de toda responsabilidad a unos cuantos. Pero también es esa persona, grupo, institución, o lo que sea, en quien recae toda la hostilidad, permitiendo al resto sentirse competente en comparación con el monstruo que se ha creado. […]

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Transitar hacia un apego adulto más seguro

[…] Sin embargo, las personas que disfrutan —sí, “disfrutan”— de un proceso terapéutico, a menudo, tienen una experiencia especialmente grata. 

Ocurre el día que reciben, de nuevo, el mismo impacto, pero toman conciencia de que ese dolor no tiene que ver tanto con el torpedo del presente, sino con las gritas que dejó la soldadura durante la construcción del buque en el astillero. […]

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La parte abandonada

[…] —Creo que esa sensación la lleváis dentro ambas —intervine de nuevo—. Me refiero a la sensación de que no sois suficientemente buenas, y de que os tenéis que exigir demasiado para estar al nivel que os toca. No sé si lo sentís ahí, pero a mí me está resonando como una pelota negra, fría y enorme, que me presiona en el centro del pecho. […]

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Tras la madre que llora por el maltrato sufrido

[…] En esas condiciones, de no salida, lo normal es que el cuerpo reaccione con un bloqueo. La sensación es de que la mente se separa del cuerpo, para no sentir el dolor que se anticipa o viene. Y que, tras la agresión, se permanezca así un buen rato hasta que, pasado el peligro, puede venir el llanto, que es la forma que tiene el cuerpo de liberar tensión, y de pedir la ayuda y los cuidados que necesita. […]

Pero, ¿qué pasa con las niñas o niños?

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