Montando el pollo. Fase I: ningún daño sin notificar

Si se han llevado a tu hija o hijo al quirófano sin permitirte estar con él hasta que le haga efecto la anestesia, puedes presentar tu queja a la dirección de tu hospital de referencia.

Que sepas que puedes mandarla por correo electrónico a tu hospital, fotografiando la documentación adjunta. Fácil y sencillo.

No importa que haya pasado hace mucho tiempo. Es importante que estas incidencias se comuniquen para ejercer presión para que la sanidad pública o privadas sean más sensibles con la infancia.

Como sé que en el momento es difícil redactar, tanto por la afectación emocional como por el miedo a atener consecuencias relacionadas con la relación con los profesionales que tratan a tu hija o hijo, aquí tienes un modelo de queja. Lo menos que puedo hacer es quitarte trabajo.

Guardad la respuesta que os den, porque la necesitamos para ir al defensor del paciente o del pueblo.

¡Al turrón!

Surfeando el estrés postraumático: una experiencia en casa 

[…] Desde el primer momento, le encantó la idea. Ahora tocaba montar el drama. La, la, la, vamos por el hospital —cantábamos—, qué tranquilos estamos, ya sabes, hija mía, que no pasa nada, que te vas a dormir conmigo, la, la, la, hola, médico, qué buen día, pues nada, que estamos muy contentos, pero oye, oye, ¡¿Qué pasa?! […] 

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¿Y si montamos el pollo?

[…] Si es tan fácil entender que un extraño nos arrebate a nuestras hijas o hijos y les calce unas hostias, ¿por qué resulta tan complicado a muchos profesionales sanitarios comprender que separar a las niñas y los niños de sus progenitores para someterlos a procedimientos quirúrgicos, es otra forma de maltrato? […]

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Duendes atrapados en el cuerpo: intervención de urgencia ante un potencial trauma 

[…] Recuerdo que hace mucho tiempo trabajé con una niña que tenía también 4 años y, como tú, se despertaba a las noches llorando, pidiendo bracitos de su aita y de su ama, con verdadera desesperación, como si le fuera la vida en ello. También ella había pasado por una operación muy angustiosa, durante la que los médicos la apartaron de su familia y se la llevaron a una habitación muy rara, llena de luces, cacharros y cables, que daba muchísimo miedo. […] 

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Cuando ama se desinfla: la depresión en el corazón de la infancia

[…] Cuando pierde su aire, se queda arrugada y tirada en el suelo. No puede levantarse y la gente la puede pisar, como si fuera un desperdicio. Y yo pienso, maldita sea, levántate, que todos dependemos de ti para estar bien y poder enfrentar el mundo. […]

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Peso: la paradoja del odio como mecanismo de protección

[…] Pero es que no estoy hablando de perdonar ni de reparar la relación. Ni mucho menos en términos morales. Eso lo dejamos para la misa de 11, alabaré, alabaré al señor. De lo que hablo es de que ahí, justo donde menos apetece, hay una oportunidad. Y podemos pillarla o dejarla escapar. Es una oportunidad para exonerar el propio autoestima, liberándole del peso que nunca tuvo que llevar. […]

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La escisión de lo agradable: otra respuesta ante el trauma

[…] Lo primero que sentí fue un golpe que, como una patada, me recolocaba el pecho. Me quedé con cara de tonto, sorprendido, porque no estaba pasando nada grave ni importante. La niña estaba bien y en compañía de su madre. Pero mi cuerpo estaba reaccionando como si se tratase de un evento crucial en nuestra vida. […]

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Profesionales de corbata

#Hasta_la_raja de las y los profesionales a quienes les aprieta la corbata.

De los que te hablan desde el púlpito, con superioridad moral, como seres de luz enviados por los ángeles.

Es fácil saber quiénes son, porque te dan instrucciones en plan, amigo, recuerda que esto está bien y esto está mal.

«No castigues nunca.»

«No grites nunca.»

«Debes ser empático todo el rato.»

«Ponte a su altura, mírale a los ojos, y háblale despacio.»

¿Ves? Te llevan a conectar con lo que has hecho y a sentirte #culpable, una vez más. Y la culpa ha sido históricamente una herramienta fabulosa para la #dominación, porque crea, a la voz de ya, una diferencia radical entre clases: los superiores y los inferiores, con los matices y colorines que sean.

Es decir, los que chupan y los que son chupados, pero en plan mal.

Me tiene hasta el hocico la masa de santurronas y puritanas, santurrones y puritanos, que hablan sistemáticamente desde #el_privilegio de haber estudiado una carrera, haber hecho su trabajo personal invirtiendo lo que para otros es una millonada, y pasar por miles de cursos y cursitos con el gurú de moda, a quien les gustaría parecerse para acaparar más luz.

Puaj.

Debemos ser conscientes —todo el rato, todo el maldito rato— de que no todas las personas han tenido la misma suerte que nosotros. Que muchas personas no tienen siquiera un maldito rato al día para ponerse a pensar. Y que, a veces, cuando por fin se ponen —porque quieren a sus hijas e hijos tanto como tú—, están severamente confundidos, y no saben ni por dónde empezar.

Y eso no es porque sean peores que nosotros, joder. Sino porque, a veces, ni siquiera han tenido la opción de cuestionarse cómo han sido criados, o porque viven en unas condiciones materiales de mierda que les obliga a poner por delante de todo la necesidad de llenar la nevera y sobrevivir.

O por lo que sea. Yo qué sé.

Así que, si alguna vez te has sentido una #mierda escuchándonos hablar, debes saber que:

No eres peor madre o padre por castigar.

No tienes menos valor por gritar.

No eres escoria por no haberte podido llegar a la calma.

No eres más frágil por desregularte, bloquearte o llorar.

Que nuestros discursos de mierda no impida a tus hijas o hijos reconocerte en la persona cojonuda que eres, más allá de la crianza que recibiste, tu estilo educativo o el sufrimiento que puedas padecer.

A pesar de los errores que otros te impongan reconocer.

¡Basta ya!

Cuidado con los profesionales que te subyugan o restan #espontaneidad.

Gorka Saitua | educacion-familiar.com

“Has cambiado”: frases destructivas 

[…] Cuando alguien recibe esa frase por parte de personas a las que quiere, y de quienes depende para sentirse seguro, se produce un cortocircuito en la relación. Vamos, que se interrumpe. Porque, recibir eso es como que te digan oye, colega, eres una persona diferente. No te reconozco. Por eso, donde antes existía seguridad y refugio, ahora aparece un vacío imposible de gestionar, caso como se hubiera producido una expulsión simbólica. Pum, fuera de aquí. […] 

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