Enseñanzas de la neurodivergencia para el apego

[…] Pregunta tonta: ¿Qué pasaría si tratásemos a los apegos más inseguros y desorganizados como lo hacemos con la neurodivergencia? […]

No es ningún secreto que nos dan miedo las preguntas.

Sí, las preguntas.

Nos daba vergüenza levantar la mano en clase para aclarar lo que la profe estaba diciendo, y —me temo que por los mismos motivos— nos sigue dando yuyu ahora.

Las preguntas nos exponen ante un público que, a menudo, no es suficientemente respetuoso, y que puede etiquetarnos como tontos, torpes o lentos de cara a la galería; pero también abren nuevas líneas de razonamiento a través de lo que conocemos como #pensamiento_divergente.

Así que hoy me voy a sacudir la vergüenza de encima, y me voy a lanzar a preguntar sin filtro:

¿Qué pasaría si tratásemos a los #apegos más inseguros y desorganizados como lo hacemos con la #neurodivergencia?

Me refiero a cuando tratamos bien con la neurodivergencia, claro, porque mierdas gordas y malolientes hay en todos los sitios.

Eso, eso.

Pero qué andas tronko, ya estás juntando churras con merinas. Anda, calla, y déjame que siga.

Os voy a contar una cosa que nos ha pasado a todas y todos al acercarnos a la #teoría_del_apego, sobre todo, cuando trabajamos en estas instituciones de control que son los #servicios_sociales de base o especializados. Vemos que explica tan bien la realidad, que la asumimos como un criterio diagnóstico.

Olé con tu coño y con tus huevos.

Madre mía.

Rollo que, si una niña o niño presenta un apego desorganizado, damos por hecho que hay negligencias crónicas y severas en la familia, así que, con las prisas que requieren los procesos, acabamos cargando de culpa a los progenitores, en plan, mirad, capullos, lo que habéis hecho con vuestras hijas o hijos.

Para dar algo de luz sobre el asunto, incorporo aquí un aporte de Jorge Barudy: para valorar la capacidad parental es necesario, al menos, hacer un análisis del modelo de apego infantil predominante, como el de los progenitores, a la par que un análisis de la salud mental de la familia, las capacidades empáticas, las habilidades que los adultos han podido desarrollar, las capacidades de autorregulación, la estructura de la red social, los estresores de contexto, y la pera limonera. Todo ello, desde una perspectiva diacrónica y sincrónica. Así que no me vengáis ahora con que el modelo de apego infantil predominante tiene relación directa con la capacidad parental, porque vais listos.

De la escuela ya ni hablo, porque me salen granos.

Y esa culpa, junto con toda la vergüenza que lleva asociada, es lo que menos necesitan estas personas, adultos, niñas y niños, para encontrarse mejor con la complejidad con la que deben lidiar día a día. Y es que el apego fundamentalmente seguro es más una forma de fluir, por tanto, contraria a un acto de voluntad desde la sobreexigencia o la autoexigencia, que sólo añaden estrés y rigidez a los sistemas.

Pero, venga, a lo que vamos.

Imaginad, por un minutito, que empezamos a considerar los apegos inseguros y desorganizados como una neurodivergencia, es decir, como una forma particular de percibir el mundo, cuidar de las sensaciones agradables y desagradables que aparecen en el propio cuerpo, y de orientarse en las relaciones con el resto. Con una serie de necesidades específicas que pueden hacerse visibles, sin juicios de ningún tipo. Aceptando que debe ser el contexto el que se adecúe dicha realidad, en vez de forzar a las niñas y los niños a impostarse a sí mismos, con las distorsiones que eso implica para su autoestima.

Porque la realidad es que, en la mayor parte de las ocasiones, no tenemos ni patojera idea de la responsabilidad que tienen las familias en eso. Y es un verdadero maltrato juzgar, acusar y someter a las personas que sufren para que encajen en la teoría de moda, o la que estemos aplicando.

Estoy hablando, por supuesto, de la teoría del apego mal aplicada. Desde un acercamiento simplista y peligroso, en el que se ve lo que le pasa a los demás, pero no lo que estamos activando los profesionales como reacción a ello. En el que no se considera el impacto que tienen en los procesos las relaciones entre los integrantes de los equipos, o entre diferentes integrantes del trabajo en red. Y en el que se prescinde de la gran aportación que hace la teoría de la mentalización (P. Fonagy) al priorizar la #curiosidad y la #compasión de las figuras profesionales en este tipo de procesos. Pero, coño, es lo que vemos hacer una y otra vez a nuestro alrededor.

Es la realidad tal y como la vemos.

Ojalá se hiciera algún estudio que nos ilumine sobre los síntomas o “problemas de conducta” —odio el término— que padecen las personas neurodivergentes, y que son atribuidos a negligencias de las familias, sin considerar que se trata de niñas y niños que perciben el mundo de otra manera.

Nosotros, por ejemplo, estamos valorando la posibilidad de que nuestra hija tenga algún tipo de neurodivergencia. No voy a adelantar nada de nuestras sospechas por respeto a ella y porque no soy experto en eso. Pero es increíble al alivio y la salud que puede dar a una familia el hecho de empezar a considerar esas hipótesis, y no que la estemos cagando como borregos. Y la carga de la que puede liberarle a ella, teniendo en cuenta lo que estábamos activando.

Visto lo visto, sentido lo sentido, me gustaría que las familias a quienes acompaño pudieran vivir algo de eso.

Ahora bien, habrá quien diga que se me ha ido la castaña y que anda rodando por el suelo. Y puede que sea así. Lo acepto. Pero yo, como padre, prefiero que me hablen sobre cómo percibe la realidad mi hija y acerca de qué necesita, que sobre el daño que le he hecho.

No sé por qué todavía no está suficientemente claro, colegas.

Bastante me maltrato yo, para que venga otro energúmeno a hacerlo.

Así que, te pongas como te pongas, procede la pregunta.

La respuesta, la dejo en tus manos 😉


Gracias, @raquel villaverde, por llamar mi atención sobre estos temas.


Por cierto, a otra cosa, mariposa; gracias a todas y todos por el apoyo a la campaña “Por un quirófano sensible al trauma infantil” (https://chng.it/2bNvkbjdTv), se está volviendo a movilizar y es un gustazo.


Gorka Saitua | educacion-familiar.com

Un comentario en “Enseñanzas de la neurodivergencia para el apego

  1. Elisenda Costa Casas

    Hola Gorka,
    POr fin más gente que plantea este tema. Te hablo como educadora familiar pero también como madre de un hijo neurodivergente. Con el «ok oficial» de neurodivergente a los 9 años, pero con años previos de búsquedas, preguntas, etc.
    Y ahora, a nivel profesional, me encuentro a menudo con tu planteamiento de relacionar las conductas disruptivas con el ámbito familiar y no considerar nunca la posibilidad de la neurodivergencia. La verdada que mi experiencia personal sí que me está demostrando que una neurodivergencia dentro de una familia que la acepta y se pone como reto querer comprenderla y acompañarla, tiene unos resultados muy satisfactorios en el bienestar emocional del niño/a neurodivergente, pero también que no entender el mundo como «la mayoria» puede generar muchas reacciones mal entendidas por la societat y, sobretodo, por los servicios.
    También me encuentro muchas resistencias de muchos/as profesionales a poner «etiquetas» de diagnósticos a los menores y, delante de estas resistencias, siempre encuentro el enfoque común de aprender, todos juntos, cual es la vivencia el mundo de este niño/a en particular. Aprender a mirar con otras gafas, sea cual sea el título de dichas gafas.
    Ánimo en vuestra búsqueda para comprender y conectar en lo que necesita vuestra hija. Para cualquier cosa, cuenta con esta red que has creado.
    Me encanta el debate que generas. gracias infinitas por tu labor.

    Me gusta

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