Trauma; y resiliencia contra LA MANADA

Sabemos cómo se produce el trauma. Ese sufrimiento intenso que acompaña a un suceso muy doloroso, y que a veces persiste en el tiempo. Que no puede olvidarse y que se reproduce una y otra vez en la mente mente como un disco rallado.
 
Simplificando mucho, hay cinco factores implicados. Los vemos a la luz de lo que sabemos de la experiencia de la chica VIOLADA en San Fermín por esa gentuza que se autodenomina —muy esclarecedoramente— como LA MANADA. O la piara, quizás deberíamos decir, con una nota de perdón para los cerdos.
 
El hecho traumático en sí. Se trata de un gran potencial traumatizante. Que se enraíza en los miedos más atávicos de las mujeres.
 
La percepción de descontrol y/o indefensión. O la sensación íntima de que no hay nada que se pueda hacer para evitar el daño. Momento en que el cerebro DESCONECTA y SE ALEJA DEL CUERPO para no sufrir daños por encima del umbral de lo tolerable.
 
La expectativa de que puede repetirse. O la posibilidad de que esta chica se cruce por la calle con grupos de hombres embravecidos que puedan recordarle en sabor y el olor de ese repugnante momento.
 
La inexistencia de refugio o base segura. Que haya ocurrido en Pamplona, lejos de su ciudad o su gente, añade más dolor e inseguridad si cabe al momento.
 
Finalmente, la respuesta de las personas que atienden a la persona afectada. Sin duda, lo más triste. El doble golpe que una víctima ha recibido por parte de las personas en quien confiaba para que se reconociese su dolor y para que se restableciera la justicia. Que lejos de protegerla, la han maltratado y vilipendiado como a un objeto o ciudadano de segunda.
 
Pero también sabemos cómo, a pesar de esta respuesta INJUSTA, IMORAL Y DELEZNABLE de un sistema judicial PATRIARCAL e IGNORANTE con los procesos internos que acompañan y fijan el trauma, esta chica podrá salir adelante. Elementos de resiliencia.
 
El primero tiene que ver con ASUMIR EL CONTROL del proceso, y optar por restaurar la justicia y defenderse. No ha tenido que ser fácil enfrentarse durante años, a los 5 tipos que la metieron en un portal y usaron su cuerpo como si fuera una muñeca de trapo. Mucho menos sabiendo que dos de ellos pertenecían a los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, cuyos mandamases seguramente moverían ficha para que no se vea empañado el nombre del ejército y la benemérita. Eso sí que son huevos, y no los del kiwi que tenemos como mascota.
 
El segundo tiene que ver con el COMPONENTE ÉTICO. No es una locura pensar que la chavala haya recibido una visita de Dña. Ana Rosa Quintana, o cualquier otro periodista de caca amarilla, con una suculenta oferta. Oye tú. Mira. Sales en la tele, no cuentas tus miserias, y a cambio engordamos con cuatro ceros tu cuenta. Aquí lo bueno. Que a día de hoy no conocemos ni su nombre, ni su cara. Porque de alguna manera ha priorizado su integridad como mujer y persona. Grande.
 
El tercero tiene mucho que ver con esto. Y se trata de poder dar un SENTIDO a lo que ha pasado para poder INTEGRAR cognitiva, afectiva y conductualmente el suceso. Encontrar un “para qué” me ha servido a mí esto. Esto que me ha pasado y que duele, pero que no me ha hundido en el fango. Este sentido es personal e intransferible. Pero si nos aventuramos un poco, podría tener algo que ver con proteger a otras chicas o mujeres de este tipo de violencia y maltrato. Y por unir a hombres y mujeres en las ideas de justicia e igualdad que el feminismo siempre ha defendido. Muchas, muchísimas gracias por ello.
 
Y el cuarto y último. La existencia de una RESPUESTA SOCIAL SOLIDARIA. No sabemos cómo ha reaccionado su círculo cercano. Pero intuimos que bien, porque la joven ha podido sostener todo el brutal maltrato de ha vivido durante el proceso. Sospecho que ha podido tener mucho que ver su decisión de no dar la cara. Se ha convertido en un símbolo con el que todas las mujeres pueden identificarse. Pero también ha tenido mucho que ver con una sociedad —de hombres y mujeres— hastiada de la violencia, la desidia y la estupediz que necesariamente acompaña al machismo. Os lo digo con toda la claridad que puedo. Saliendo a las calles, mostrando vuestra indignación y gritando consignas hasta que se han desgarrado vuestros pulmones, no sólo habéis oxigenado la ciudad, sino también habéis levantado y sostenido a una persona que ha demostrado la amabilidad, sabiduría y fuerza que caracterizan a los procesos resilientes.
 
Gracias, chica, por tu honor y valentía. Nos ha dado un ejemplo de integridad y entereza.
 
Y gracias a todas/os las mujeres y hombres que os habéis indignado con todo esto. No tengo ninguna duda. Las cosas no volverán a ser lo mismo desde el #YoSíTeCreo.
 
 
Gorka Saitua | educacion-familiar.com

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