El dragón sin fuego y la bola gris 

[…] Y es que a Draghur le pasaba algo que nunca antes le había pasado a ningún dragón: Draghur no podía expulsar fuego por su boca. No podía señalizar su posición en la noche, no podía cocinar su comida, no podía jugar con sus amigos, y no podía hacerse valer.  Porque no tenía fuego y sentía que nunca lo iba a tener. […] 

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Lo único que me queda 

[…] En estas condiciones, el único lugar donde se sentía valiosa la niña, era en casa, con sus figuras de apego y de referencia, que sí podían verla como una niña valiosa, con independencia de sus dificultades o circunstancias. Por eso, le cuesta tanto reconocer sus errores… quizás, porque todo su cuerpo grita:  «Aquí no, por favor. Aquí no me hagáis también sentir pequeñita.» […] 

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Bomba de humo: birras, ninjutsu y apego evitativo 

[…] Recuerdo un día en el que me pillaron largándome por la calle. Escuché “mira, el cabrón se está yendo”, me hice el loco, me pusieron la zancadilla, me tiraron al suelo y me hicieron una melé tirándose como gorilas todos encima. […] 

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No soy bien 

[…] Y ahora, cada vez que puede disfrutar de algo, véase un logro, una relación amable o la paz interior, hay un resorte que se activa dentro de ella que activa su respuesta de lucha porque ella no se debe puede relajar, porque relajarse es perderse a sí misma y todo lo que es. Dado que, en ausencia de la lucha que le ayudó a sobrevivir, ella vuelve a ser esa niña pequeña invisible, a la que nadie supo ver. […] 

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Cabalgando la ansiedad 

[…] Todo eso para descubrir que lo que me había estado jodiendo vivo todo este tiempo no eran “los nervios”, “el estrés” o “la ansiedad”, sino la profunda vergüenza asociada a tantos eventos de mi vida que me habían configurado para sentir que nunca, haga lo que haga, voy a ser suficiente, porque el mal estaba hecho y eso no se podía resolver. […] 

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El día que se me salió el corazón | una metáfora del trauma 

[…] Cuando se me salió el corazón, lo recogí apresuradamente, antes de que lo viera nadie.  

Lo coloqué en su sitio como pude, con mucho dolor a través de la herida. Miré a mi alrededor para asegurarme de que no había nadie, y abandoné el lugar tembloroso, dejando un charco de sangre púrpura en el suelo. […] 

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