Visión de la mente, confianza epistémica y… ¿dibujo técnico? 

[…] Cuando trabajo con las personas adultas que cuidan de estas niñas o niños, sean educadoras o educadores, docentes o familiares, parto de la premisa de que la coherencia es muchas veces imposible. Máxime cuando estas niñas y niños son especialmente sensibles no sólo a lo que se hace, sino a los estados de ánimo presentes en las personas que tienen el deber de cuidarlos. Y en eso sí que nadie, repito, nadie, tiene control alguno. […] 

Recuerdo cuando estaba en el cole. Era un verdadero inútil en dibujo técnico. Por mucho que me esforzara, no lograba ver en perspectiva las figuras. Sencillamente, mi cabeza no podía imaginarlas, rodearlas, rotarlas, ni mucho menos plasmarlas en el papel desde diferentes perspectivas. Sin embargo, para muchas y muchos de mis compañeros era una tarea sencilla, a la que no daban mayor importancia.

¿Estaba tonto o qué? 

¿Qué puñetas me pasaba? 

Sencillamente, era una capacidad de la que no disfrutaba. Y como no existía un sustrato de base, mi desempeño no mejoraba, por mucho que interés que pusiera ni por mucho que me esforzase.  

Para entender a las demás personas también necesitamos algunas capacidades. Y una de ellas es lo que venimos en llamar la VISIÓN o TEORÍA DE LA MENTE, que no es más que la capacidad para representar en nuestro interior el funcionamiento de la mente de otras personas, en tiempo real, y haciendo los ajustes necesarios para construir relaciones armoniosas.  

La parte buena es que —como mi desempeño en dibujo técnico— se puede mejorar y, la mala, es que sólo hasta cierto punto, porque la flexibilidad de estructura neurológica que hemos ido construyendo para adaptarnos a nuestra ECOLOGÍA RELACIONAL tiene unos límites que se van pronunciando según avanzan los años.  

En las niñas y niños que han sufrido #adversidad_temprana (abandono temprano, maltrato, abuso, negligencia o los diferentes subtipos de trauma complejo) esta TEORÍA DE LA MENTE suele estar bastante limitada. El motivo es que para que esta capacidad se vaya desarrollando es necesario que se mantenga lo que Peter Fonagy denominó CONFIANZA EPISTÉMICA, que es la seguridad que sienten las personas de que merece la pena hipotetizar y reflexionar sobre la mente del otro, porque dicha mente guarda cierta predictibilidad y coherencia que permite organizar las relaciones y sostenerlas.  

Que las niñas y niños puedan desarrollar dicha confianza es clave para la CRIANZA REPARADORA o TERAPÉUTICA. Pero es algo verdaderamente complicado y abrumador, porque el comportamiento de estas niñas y niños suele ser en apariencia contradictorio, paradójico y confuso, empujando a las figuras adultas que cuidan de ellos a tener diferentes respuestas según las circunstancias y el momento. Estas reacciones, que son naturales incluso en los profesionales mejor formados, devuelven a las niñas y niños la certeza de que la mente de los demás NO ES CONFIABLE, sino un mero batiburrillo de emociones sin sentido, lo cual, en un mundo lleno de peligros —tal y como suelen sentirlo— es garantía de soledad y vivido como una verdadera amenaza.  

Cuando trabajo con las personas adultas que cuidan de estas niñas o niños, sean educadoras o educadores, docentes o familiares, parto de la premisa de que la coherencia es muchas veces imposible. Máxime cuando estas niñas y niños son ESPECIALMENTE SENSIBLES no sólo a lo que se hace, sino a los estados de ánimo presentes en las personas que tienen el deber de cuidarlos. Y en eso sí que nadie, repito, nadie, tiene control alguno.  

Así que tenemos que buscar la coherencia por otro camino.  

Podemos nombrar muchas claves, pero, para mí, una de las primeras es garantizar la REPARACIÓN DEL DAÑO que haya podido producirse en la relación, atendiendo así en paralelo, tanto a las necesidades de las niñas y niños, como a las de las personas adultas.  

Hablamos de ser conscientes del momento en el que nuestra relación ha sufrido, se ha violentado o se ha roto, y de hacer todo lo posible para restaurar la misma, en cuanto sea posible y oportuno. 

Reparar no es buscar culpables. Tampoco es pedir perdón u obligar al otro a que te pida perdón o te perdone. Tampoco es complacer o rebajar las exigencias, o saltarse los límites.  

Reparar no tiene nada que ver con equilibrar la balanza, imponer el propio criterio, o dejar las cosas claras en términos de ganadores y vencidos.  

Reparar implica CUIDAR DE LA RELACIÓN priorizándola por encima de cualquier otra cosa.  

Para ello, es necesario TOMAR CONCIENCIA de que, sea por lo que sea, la relación se ha estropeado y todos hemos sufrido. Pero, sobre todo, que esa ruptura les ha dejado a ellas y ellos en una situación especialmente complicada, porque al sufrimiento intrínseco de los hechos, se suma la sensación de sentirse verdaderamente DESPROTEGIDOS.  

Reparar implica, primero, un esfuerzo de la persona adulta para REGULAR SU ESTADO NERVIOSO, sabiendo que el primer mensaje que llegará a la niña o niño es el que emite nuestro cuerpo, y que ese mensaje embarrará necesariamente todo. Para ello, es necesario que la persona adulta disponga de BUENAS HERRAMIENTAS, porque son las únicas en las que podrá confiar que sirvan para la pequeña o el pequeño a su cargo.  

Para reparar hace falta mucha valentía, porque implica retrotraer y retrotraerse al suceso que ha causado el daño, y TOLERAR la intensidad emocional que vuelva a aflorar, que en las niñas y niños que han sufrido adversidad temprana seguramente sea similar a la del suceso en sí, porque está conectado con el TRAUMA. Y, para llegar a ese punto, olé, torero, hace falta mucha, muchísima confianza en la capacidad de AUTOSANACIÓN del sistema nervioso.  

Porque lo normal es que sintamos que las cosas se nos van, otra vez, de madre. Y que, en vez de causar un beneficio, estamos haciendo más daño.  

Reparar implica también asumir la PROPIA RESPONSABILIDAD con independencia de lo que hayan hecho las niñas o los niños. Vamos, lo que viene siendo reconocerlo si la has cagado; cosa que no es tan sencilla cuando nos sentimos rechazados, victimizados o violentados.  

Y, por último, reparar implica acompañarlas y acompañarlos desde la agitación hacia la seguridad y la calma. Y, llegados allí, QUEDARNOS un buen rato con ellas y ellos. Porque, más allá de resolver el problema, necesitan saber que podemos y queremos permanecer allí con ellas y ellos.  

Y esto lo hacemos especialmente mal, colega. Porque resuelta la movida, muchas veces tendemos a ponernos rápidamente la medalla e irnos a cagar a otro lado. Así, les dejamos con una sensación de SOLEDAD PROFUNDA que les reafirma en la sensación sentida de que están solas o solos en un mundo amenazante o peligroso.  

Pero también podemos imaginar un poco lo que pasa en esos MOMENTOS DE PLACER cuando se ha reparado el daño. Por ejemplo, retomar la confianza en que la mente de la persona que cuida puede ser predecible y organizada a pesar de sus errores, y que no va a desaparecer por muy mal que se pongan las cosas. Eso, amigas y amigos, es trabajar A TIEMPO y DE MANERA NATURAL la confianza epistémica y, con ella, la teoría de la mente, habilidades todas ellas mucho más importantes para la vida que el maldito dibujo técnico. 

Me cago en el dibujo técnico.  


Lecturas recomendadas:  

BATEMAN, A. y FONAGY, P. (2016). Tratamiento basado en la mentalización para los trastornos de la personalidad. Bilbao: Deslee de Brouwer 

BENITO MORAGA, R. (2020). La regulación emocional. Bases neurobiológicas y desarrollo en la infancia y adolescencia. Madrid: El Hilo Ediciones 

DANGERFIELD, M. (2017). Aportaciones del tratamiento basado en la mentalización para adolescentes que han sufrido adversidades en la infancia. Cuadernos de psiquiatría y psicoterapia del niño y del adolescente. SEPIPNA, nº 63.   

GONZALO MARRODAN, J.L. (2015). Vincúlate: relaciones reparadoras del vínculo en niños adoptados y acogidos. Bilbao: Descleé de Brouwer 

MARTINEZ DE MANDOJANA, I. (2021). Pero a tu lado. De la parentalidad positiva a la crianza terapéutica. Madrid: El Hilo Ediciones. 


Gorka Saitua | educacion-familiar.com 

Un comentario en “Visión de la mente, confianza epistémica y… ¿dibujo técnico? 

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