La puerta de la calma: el acceso a la seguridad en el cuerpo 

[…] por muy inseguros o amenazados que nos sintamos, y por muy preponderantes que sean esas sensaciones, siempre podemos detectar en nuestro cuerpo esas zonas que se sienten en calma, seguras, tranquilas y, por tanto, dispuestas a recibir apoyo y cuidados. […] 

Muchas niñas y niños que han sufrido #adversidad_temprana presentan dificultades para pedir ayuda, sobre todo, en los momentos en que se sienten estresados, inseguros, amenazados o sobrepasados.  

En esos momentos, sienten una profunda DESCONFIANZA DE BASE que los lleva a actuar de manera reactiva, evitando, rechazando o sintiendo una profunda ambivalencia ante los intentos de las personas adultas para acompañarlos o reconfortarlos con su compañía.  

A veces, huyen, se pelean con las personas que tratan de asistirlos, se quedan bloqueados, o tienen conductas aparentemente contradictorias, en las que, aunque parece que hay una voluntad de buscar la proximidad, acaban haciendo algo que los aleja.  

Cuando esto ocurre, es frecuente que las y los cuidadores se sientan en un callejón sin salida, entre otras cosas, porque el dolor de las niñas y niños se hace tan intenso, tan presente y tan palpable, que es muy difícil prestar atención a otra cosa. Y esto es comprensible. La empatía es una cualidad que nos predispone a aliviar el sufrimiento del otro junto con el nuestro, a través de actitudes o acciones orientadas a los cuidados.  

El problema es que muchas niñas y niños que han sufrido EXPERIENCIAS TRAUMÁTICAS o TRAUMA COMPLEJO muchas veces no son capaces de integrar esos cuidados. Y cuanto más nos empeñamos en dárselos, peor les hacemos, porque su sistema nervioso herido no puede confiar en que nuestra propuesta de relación se vaya a sostener en el tiempo.  

El otro día, hablando con mi terapeuta (Ade Navaridas), me dio una clave magistral.  

Hostia, colega, cómo no lo había visto antes.  

Me dijo que la teoría polivagal, al menos, tal y como la entendemos, hace algunas aguas. Y que eso de que sólo podemos estar en uno de los tres estados (seguridad, inseguridad y amenaza), puede que no sea del todo cierto. Sobre todo, porque en su trabajo clínico ha podido comprobar que estos estados pueden aparecer SUPERPUESTOS. Es decir que, aunque uno de ellos sea predominante, los otros pueden estar también presentes y podemos atenderlos.  

Eso es lo cojonudo. Podemos ATENDERLOS.  

Por ejemplo, por muy inseguros o amenazados que nos sintamos, y por muy preponderantes que sean esas sensaciones, siempre podemos detectar en nuestro cuerpo esas zonas que se sienten en calma, seguras y tranquilas y, por tanto, dispuestas a recibir APOYO y CUIDADOS.  

Ojo con esto.  

Porque, es verdad, cuando duele en un sitio es muy difícil sentir que hay otras partes del cuerpo que pueden conectar con nosotros y con las personas de buena voluntad que, a veces, nos acompañan. Pero hacerlo tiene un potencial de la pera porque, si localizamos la calma en nuestro cuerpo y le dedicamos atención y cuidados, podemos ayudarle a que AMPLÍE SU TERITORIO e incluso, para que llegue a las zonas que ESTÁN DOLIENDO.  

Flipas cuando lo exploras en persona, en tu propio cuerpo.  

Yo siempre había interpretado la regulación abajo-arriba —muy simplificadamente— como el proceso de atender al dolor para darle lo que necesita para reconfortarlo tal y como necesita. Pero, quizás, haya otra rama igualmente importante, que implica atender a esa calma que pasa desapercibida, dejando que nos llene, porque es el mecanismo perfecto para recuperar la ESPERANZA y la CONFIANZA.  

Y, madre mía, esto es lo que me conecta ¡plás! Con la experiencia SOMÁTICA de las niñas y niños que han sufrido adversidad temprana. Es decir, con esa DESCONFIANZA DE BASE que les impide localizar una base segura, porque sienten, en lo más profundo de su ser, que no va a permanecer en el tiempo o ser estable.  

Porque a estas niñas y niños, como a todos, también se les puede ayudar a localizar la seguridad y calma en su cuerpo. Primero, cuando se sienten seguros, acompañándolos de cerca y creando un relato acerca de lo que está pasando.  

«Anda, hija, veo que estás súper tranquila. ¿Qué parte del cuerpo lo está más? Me dejas colocar mi mano ahí, quizás se sienta mejor si se siente acompañada.» 

Y luego, ayudándoles a localizar dicha calma en los momentos de estrés o sufrimiento, bien porque ellas o ellos mismos la detecten, o porque nosotros sintamos que hay zonas en su cuerpo más sosegadas. Porque, si localizamos la calma con ellas y ellos y podemos ACOMPAÑARLA, estamos activando la ESPERANZA y, con ella, la certeza de que ese dolor que ahora evidentemente sienten, no va a permanecer, porque mantienen cierta seguridad que puede HACERSE CARGO.  

El otro día, durante una sesión, se me ocurrió un ejercicio muy bonito. Lo llamé la PUERTA DE LA CALMA.  

Vaya por delante que recomiendo aplicar estas técnicas en un contexto de intervención educativa o terapéutica familiar, para que las personas adultas puedan estar acompañadas y sentir en su propio cuerpo previamente el impacto de la propuesta. Ya que nos ponemos, vamos a sacarle partido. 

Se trata de dibujar, colorear y recortar una puerta.  

Hecho esto, se le explica a la niña o el niño que, por muy nerviosos que nos sintamos, en nuestro cuerpo siempre hay una puerta por donde pueden COLARSE LOS MIMITOS. Pero esa puerta se mueve por ahí, de manera que hay que localizarla en cada momento. A veces, está en el pecho, otras veces en las piernas o en cualquier otra zona del cuerpo.  

Entonces, se le pide a la niña o al niño que coja la puerta que hemos recortado, y que la coloque donde siente la calma en su cuerpo. Es decir, en esa zona que quiere que atendamos, con una mirada o una caricia. A su gusto.  

Localizada la puerta de la calma, se le pregunta qué tipo de caricia quiere tener en esa zona. Y, si le cuesta expresarlo con palabras, se le pide que nos la haga a nosotros.  

Se trata de DISFRUTAR y SOSTENER esas sensaciones en el cuerpo, a través de las caricias, de manera que ellas y ellos vayan confiando en que esa puerta existe, aunque a veces cueste un poco más localizarla. Y, sobre todo, de que vayan AMPLIANDO SU VENTANA DE TOLERANCIA a las SENSACIONES AGRADABLES que, en personas que lo han sufrido mucho —especialmente en edades muy tempranas— ha quedado muy pequeñita, porque ha tenido que ceder su espacio a las defensas que han tenido que erigir ante un mundo hostil, peligroso o amenazante.  

Porque, lo que no saben, es que a través de esa puerta también se encuentran sus sentimientos o partes en conflicto, integrándose sin darse cuenta.  

¿Se me va la pinza? 

Quizás no tanto.  


Lecturas relacionadas:  

BENITO MORAGA, R. (2020). La regulación emocional. Bases neurobiológicas y desarrollo en la infancia y adolescencia. Madrid: El Hilo Ediciones 

BERASTEGI, A. y PITILLAS, C. (2018). Primera alianza: fortalecer y reparar los vínculos tempranos. Barcelona: Gedisa 

DANA, D. (2019). La teoría polivagal en terapia. Cómo unirse al ritmo de la regulación. Barcelona: Eleftheria 

GONZALO MARRODAN, J.L. (2015). Vincúlate: relaciones reparadoras del vínculo en niños adoptados y acogidos. Bilbao: Descleé de Brouwer 

LEVINE, P. A. y KLINE, M. (2017). Tus hijos a prueba de traumas. Una guía parental para infundir confianza, alegría y resiliencia. Barcelona: Eleftheria 


Gorka Saitua | educacion-familiar.com 

2 comentarios en “La puerta de la calma: el acceso a la seguridad en el cuerpo 

  1. Grace W.

    Gracias por el escrito.
    Reconozco que siempre que se habla de que lo que les impide localizar una base segura es algo que tienen ellos, o que sienten ellos, o que piensan ellos, me quedo pensando que para muchos es la realidad que no hay a su alrededor una base segura estable, y no depende de ellos. ¿Base segura cuando unos están sustituyendo a otros, otros van de paso, otros solo estarán no cuando los necesiten sino a la hora estipulada y ni un minuto más, ni llegues tarde. No sé si me explico…
    Y ya que estoy, el hecho de explicarles que puede haber trucos para luego hacer ellos solos y conectarse con el cuerpo y encontrar tranquilidad, sinceramente creo que lo que funciona es porque en ese momento hay alguien que está con ellos e intenta que se encuentren mejor, esa conexión de persona a persona. Pero si se les explica como que se programa la mente o el cuerpo para que la próxima vez ya no necesiten a nadie sino que se regulen ellos solos….es desolador (me programan para que no vuelva a dar más la lata…).

    Me gusta

    1. Hola Grace W;

      Desde mi perspectiva lo más importante es disponer de relaciones que ofrezcan seguridad. Es muy difícil —yo diría que casi imposible— disfrutar de dicha seguridad si no ha habido personas a nuestro alrededor que hayan sabido dárnosla. A fin de cuentas, nuestro mundo interior es un reflejo del trato que hemos recibido por las personas que han sido significativas para nosotras y nosotros, especialmente en los vínculo de apego.

      Gracias por tu comentario.

      Un saludo!

      Me gusta

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s