Una punzada de orgullo

La primera vez que mi hija me pide hablar de su mundo interior. 

Hoy, Amara, de 23 meses, se ha pillado el dedito con una pinza. Con tan mala suerte, que le ha enganchado aplastándole la uña.

Ha gritado y llorado, y su madre la ha cogido en bracitos.

Cuando ha logrado calmarse un poco, ha pedido “tetín” y, por supuesto, se lo ha dado.

Cuando se ha separado de la teta, le hemos contado lo que había pasado, escenificando lo ocurrido. Es una costumbre de la casa que, creemos, le ayuda a procesar lo que ha pasado y a protegerse mejor de cara al futuro.

De repente, se ha dirigido a la mesilla del salón, que estaba boca abajo.

—Mesa —ha dicho.

—¿Quieres dar vuelta a la mesa? —le he preguntado distraído.

—Tí —ha respondido con lengua de trapo.

—¿De verdad? —me he quejado porque quería seguir sentado.

—Mesa.

—Vaaaale.

Me he levantado y he dado vuelta a la mesa perezosamente, sin saber por qué insistía en eso.

—Pintar —ha continuado.

—¿Quieres las pinturas?

—Tí.

—¿Para pintar en la mesa?

Tenemos la costumbre de pintar en la mesa. Es para nosotros como una pizarra.

dav

—Tí.

Le he traído las pinturas.

—Niño triste —me ha pedido, al verme llegar.

«Hostia tú», he pensado para mí mismo. Y toda mi atención se ha volcado en ella.

—¿Quieres que pintemos un niño triste?

—Tí.

Últimamente dibujamos mucho emoticonos: alegría, miedo, tristeza, enfado, sorpresa, dolor e incluso culpa. Nos ayuda a comprender mejor qué es lo que pasa DENTRO de las personas.

Le he dibujado la tristeza. Pero no quería que se confundiera.

—Tú no estabas triste —le he aclarado—, has llorado porque tenías “pupa”.

Y le he dibujado la expresión de dolor. Luego, la cara de otro “niño” llorando, una teta y una cara alegre.

Te has hecho “pupa” con la pinza. Te ha mordido. Has llorado mucho, porque dolía un montón. Luego, has pedido “tetín” y, al final, te has quedado contenta.

Mientras se lo contaba, seguía la secuencia con el dedo.

—Yo pupa pinza. Tetín. Contenta —me ha seguido el rollo.

Yo estaba que no me lo creía. He sentido una punzada de orgullo que casi se me saltan las lágrimas.

—¡Mariña! ¡Mariña! —le he gritado a mi pareja, en cuanto he podido—. ¡No sabes lo que acaba de hacer tu hija!

—¿Qué ha hecho? —me ha respondido, viéndome llegar colorado.

—Me ha pedido hablar de emociones, porque no sólo quería saber lo que ha pasado fuera, sino también DENTRO de ella.


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

 

2 comentarios en “Una punzada de orgullo

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