Un mal viaje | sobre la disociación en la relación de pareja 

Llevábamos dos horas de viaje, y eso era esperpéntico. Yo rígido como una tabla, mirando al frente y sin prácticamente dirgirle la mirada. Ella con expresión compungida. Era evidente que estaba sufriendo.

Y yo lo sabía…

Sabía que mi actitud le estaba causando daño. Sabía que estaba haciendo con ella lo que más me había hecho sufrir a mi mismo en el pasado. Lo veía perfectamente.

Pero no podía pararlo.

Sabía que era fácil. Que sólo tenía que hacer un mínimo esfuerzo. Decirle, oye, mira, que es mi movida, mi mierda. Que esto no va contigo. Que no estoy enfadado ni nada por el estilo. Por favor, no te sientas mal por lo que estoy haciendo. Seguro que habría funcionado.

Pero no lo hice. Estaba bloqueado.

Me estaba protegiendo. Y no podía pensar con claridad ni resonarcon sus vivencias.

Lo peor de todo, es que no era la primera vez que me pasaba. Es un patrónque se repite cada vez que me siento obligado a hacer algo, y siento que no hay vía de escape.

Es algo muy íntimo, que siento en el cuerpo. Mi frente se enfría, me aparece la “visión de túnel”, los músculos de mi espalda y brazos se contraen, frunzo el ceño y mi cerebro sólo puede pensar en escapar. Marcharme sin despedirme, sin saludar. Me da igual. Por encima de quien sea ¡arre!

Todos tenemos fantasmas. Pero hay formas de convertirlos en nuestros aliados.

Cuando vuelvo a la calma y —en terminología de Daniel J. Sieguel— a un estado de integración, en el que puedo volver a contar con todas las capacidades del cerebro, me siento profundamente culpable.

Ese no era yo.

Yo no maltrato a la gente. Lucho todos los días para que esas cosas no pasen. Soy consciente del mis heridas, y me repugna hacer lo mismo a otras personas. Pero no puedo con ello.

Disociación.

Ocurre cuando se activa nuestro sistema de protección más primario (apego) y el cerebro inferior toma el control de todo el organismo. Respuesta de lucha, huída, parálisis o llanto. De manera que hacemos cosas raras. A la desesperada. Que no cuadran con nuestras vivencias, valores y el relato que inevitablemente construimos sobre quiénes somos.

Se produce una fractura nuestra personalidad. Que no podemos integrar solos.

Al llegar a casa ella rompió a llorar. La tensión había sido abrumadora. Y yo me sentí como el culo. Un sádico y un maltratador. Basura humana.

Pedí disculpas como supe. Como pude.

Como ya no me sentía atrapado, pude reconocer todo lo que había provocado. Decirle que la cosa no iba con ella, sino que sólo trataba de protegerme.

¿De qué? Podía haberme preguntado. Pero no lo hizo. No quería hacerme reproches.

Es que no eras tú—la frase me impactó como un balazo.

Quise ser sincero con ella.

—Sé que te he hecho mucho daño. Pero también sé que lo volveré a hacer. Te juro por mis huevos —me emocioné— , que no puedo controlarlo.

—Pues no esperes —dijo—… no esperes hasta llegar a ese punto. Páralo antes, cuando todavía puedes. No hace falta que me expliques nada. Te propongo que tengamos una palabra divertida y absurda para avisarme de lo que necesitas. Croqueta. Eso es, croqueta. Cada vez que digas croqueta yo sé que empiezas a sentirte así y juntos haremos lo posible para evitar estos extremos. Pero dí croqueta, cabrón, y no me hagas pasar por esto.

—Me parece bien —dije avergonzado, porque sentía que me estaba cuidando como a un niño.

Desde entonces, las croquetas han estado muy presentes en mi vida. De bacalao, de jamón, y mis preferidas, las de chipirones en su tinta. Cada vez que siento la piel fría y visión de túnel ¡¡Croqueta!! rápido, antes de que sea tarde. Entonces siento que no tengo que lidiar sólo con esto. Que puedo contar con la persona que me acompaña en la vida, porque conoce mis necesidades y me va a permitir lo que necesito.

A veces puedo escapar, y lo hago. De puta madre. Otras veces no es posible. Y —claro— me rayo un huevo. Y la yema del otro. Pero sé que ella ha captado el mensaje. Y que si me ve así, hecho un ogro, bloqueado y rígido como una piedra, tengo la certeza de que le gustaría que yo pudirse tener lo que necesito.

No sé si esta decisión ha sido la solución. Pero seguro que ha salvado mi matrimonio.

¡¡Croquetas para todas/os!!


La primera vez que escuché el concepto de disociación, lo entendí como un mecanismo de defensa que activan las personas muy dañadas. Algo que no me afectaba a mi mismo. Eso era reflejo de mi narcisismo profesional, que me empuja a verme especial, diferente a algunas de las personas para quienes trabajo. Pero la realidad es que todas/os tenemos partes disociadas como resultado de las experiencias que nos han hecho daño.


Y tú ¿reconoces tus partes disociadas? Piénsalo, porque si no las tienes claras, ni sientes cómo te afectan, es posible que estés haciendo daño…

Y a ti ¿qué te sugiere todo esto?


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. He trabajado desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

8 comentarios en “Un mal viaje | sobre la disociación en la relación de pareja 

    1. Gorka Saitua

      Gracias Ana,

      Lo bueno de una intevención familiar sistémica, es que no tenemos por qué esperar a reprocesar el trauma para encontrar una solución a las dificultades que aparecen en las relaciones.

      Con ayuda es siempre mucho más fácil de lo que a simple vista parece.

      Un saludo desde Bilbao!

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  1. Me parece un gran ejercicio de honestidad. Y me gustaría que lo tomarás en cuenta cuando haces diagnósticos. A veces las personas son juzgadas en un momento en el que están bloqueadas, en el que no son ” ellas mismas”. Especialmente las madres, a las que esos mecanismos de protección les surgen ante el riesgo con sus hijos o de verse ante declaraciones de desamparo sin tener opción a ser escuchadas o aún teniéndolas, no poder hacerlas por ese ” bloqueo”. Profundizar, dar más opciones, escuchar literalmente y no buscando tres pies al gato…ser honestos con los usuarios. Es muy necesario. Un abrazo

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    1. Gorka Saitua

      Gracias Karina. Me encantaría decirte que lo hago estupendamente. Que no cometo errores. Pero no es el caso. Como todas/os tengo mis limitaciones, y cuando mis defensas se activan también puedo equivocarme. Y de hecho, siento que me pasa todo el rato. Por eso trato de recurrir a mi supervisora y a mi equipo… porque ellos pueden servir de andamiaje a mi cerebro en caso de haber perdido la capacidad de pensar y empatizar. Bufff… has dado con muchas claves. Gracias por tu comentario!

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  2. Fran

    Me siento profundamente identificado con esa sensación y bloqueo que describes. He vivido situaciones similares, donde me encuentro creando un clima muy dañino con mi pareja pero no dispongo de las capacidades cognitivas o emocionales para gestionarlo de forma correcta.

    Se me junta que estoy diagnosticado de Trastorno Afectivo Bipolar, y son los llamados «episodios mixtos» los que me anulan: aplanamiento emocional, ira, irritación. Solo quiero huir, y hasta que vuelvo a un estado equilibrado no soy consciente del daño que estoy causando.

    Leeré mas sobre la disociación, gracias por el texto. Un abrazo!

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    1. Gorka Saitua

      Gracias por tu comentario, Fran.

      Me alegra mucho que mi artículo haya conectado con tu experiencia y te haya hecho pensar.

      A fin de cuentas esta experiencia es común en muchas personas. Y la clave suele estar en el trabajo personal y familiar. Porque las personas que tenemos al rededor, y que a manudo sufren por nuestra actitud, pueden ayudarnos a mantenernos en un estado de calma e integración.

      Un saludo desde Bilbao!

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  3. Isolda

    Buah Gorka! Esta entrada es brutal, por su honestidad, por su claridad y por su cercanía, sin dramas (aunque duro) y sin patologizacion; y, lo mejor de todo, con solución o al menos búsqueda de ella y búsqueda de apoyos, qué importante! Conocerte, saber qué te está pasando para comprenderlo y poder buscar salida… por qué no nos enseñaron más de esto antes??

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    1. Gorka Saitua

      Gracias Isolda,

      Me alegra mucho que te haya gustado.

      Me quedo con la pregunta que lanzas al aire: «¿Por qué no nos enseñaron más de esto antes?» Imagino que la respuesta no es nada sencilla. Pero seguro que tiene algo que ver la sobrevaloración de la parte racional y productiva de nuestro cerebro que viene predominando desde la ilustración. Se nos educa más como futuros productores y consumidores que como seres humanos íntegros que buscar ser felices en la relación consigo mismos y con los demás.

      Un saludo!

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