El día que me disocié

Había pensamientos e imágenes todo el rato en mi cabeza, pero mi cuerpo no reaccionaba. No sentía la emoción. Así fue la experiencia que me liberó.

Cáncer de pulmón con mal pronóstico.

No puedo dar más información por respeto a la familia y a la ley de protección de datos. Pero diré que llevo mucho tiempo trabajando con ellos y que les he cogido cariño. Sobre todo a él, que ha sabido dar a su nieto los recursos resilientes que le han permitido enfrentarse a situaciones que desquiciarían a cualquiera.

Hice lo que pude. Y me marché de la casa agotado. Con ganas de volver a mi vida, de distraerme y de centrarme en mis cosas. Parecía haberlo conseguido. Vida normal, para aquí, para allá, toca informe, toca visita, a descansar a casa. Martes, miércoles, jueves y viernes. Todo normal.

Pero me venían imágenes a la cabeza. Su cara. Lo que habíamos vivido juntos. La última sesión con los familiares enloquecidos por la casa. Todo el rato. Como una película que se reproducía y sin botón de parar. En el trabajo, claro. En el gimnasio ¡déjame en paz!. En casa, a todas horas. Y en sueños. Llegó a costarme descansar.

El viernes me tocaba trabajo personal. Terapia. Así que tocaba ir a por ello.

­—Aquí estoy.

—¿Y qué tal andas?

—Bien, me ha pasado esto, pero estoy guay —un tipo duro, hijo del patriarcado más rancio, no puede mostrar debilidad—.

—¿De verdad?

—Que sí, que sí…

—Venga, anda, date un minuto —Es buena en su trabajo—.

—Vaya, no me fastidies, que de eso no quiero hablar.

Primero conté lo que me había pasado desde la más rigurosa racionalidad. Estos son los hechos, y así se los hemos contado. Luego hablé de cómo me sentía. Aquí empezó lo bueno. Pues mira, le tengo presente todo el rato. Es como una obsesión en mi cabeza. Por la mañana por la tarde y por las noches ¡cómo me fastidia por las noches! Pero no siento nada en mi cuerpo. Ni ansiedad, ni angustia, ni ganas de llorar. Nada. Es como si mi cabeza y mi cuerpo fuesen por separado. Como si mi corazón se hubiese vuelto un pedazo de hielo. Nada.

Lo dije sabiendo lo que eso significaba. No soy muy listo, pero he estudiado. Eso tiene un nombre. Y es de esas cosas que nos protege, pero que nos pasa factura. Caca de la vaca.

Cada vez que activas un mecanismo de defensa afecta a tu relación con la gente de alrededor

Así que me dejé hacer. Buen chico ¿Cómo es esa persona? ¿Qué te ha llevado a cogerle cariño? ¿Qué te gusta de él? Creo que te vas a tener que enfrentar a tal y tal ¿Qué te gustaría agradecerle? Bufff…

Siento, visualizo como se reestructura el cableado de mi cerebro. Oye tú, neurona, tira para allá. Que hay que conectar los hemisferios. Dale, mejor por ahí ¿Quién ha hecho este apaño? ¿Cuánto te cobraron por este fiasco? Tira cobre pal el cerebro inferior, que se ha quedado trabajando en el vacío. Hostia Paco, ten cuidado, ¡que nos vas a matar!

¿Le vas a echar de menos, verdad? ¡Zaska! Mente en blanco. Todo desaparece, y me quedo como un tonto, mirando para abajo. Ahí está, ahí viene. Como oleadas que van del estómago a la garganta. Intento pararlo, pero se me humedecen los ojos. Aguántate tío, que si no algo malo pasará. Bueno, me dejo un poco. Dejo que se me caigan los lagrimones. Poco más. Intento centrarme en la sensaciones de mi cuerpo. No hay duda. Tristeza. La más absoluta tristeza. Pues va a ser que sí; estaba ahí.

Es impresionante la capacidad que tiene el cerebro humano para separar los recuerdos de las sensaciones corporales. Pero eso no significa que desaparezcan

Un buen rato después, respiro. Trato de bromear un poco. Quitar hierro al asunto. Han pasado cosas. Loading. Reset. Desfragmentar. Se supone que ahora todo tiene que funcionar mejor. Cada archivo en su sitio. Cómo me cuesta esto ¿verdad? Qué pocas veces me permito experimentar la tristeza tal y como es.

—¿Y ahora qué me va a pasar?

—Creo que sentirás que tu mente se ha liberado. Ya no le tendrás tan presente en tu cabeza.

—¿De verdad? Ni de coña ¡Venga ya! —Si no discuto es que no soy yo—.

—Ya me contarás.

Mecanismos de defensa
¿Cuál es tu mecanismo de defensa “preferido”?

Adivináis quién tenía razón ¿verdad?


Y tú ¿has tenido alguna experiencia similar? ¿en quién confías para que te ayude a llorar?


Ahora en serio. Gracias Leire por ayudarme a llorar.


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. He trabajado desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

Un comentario en “El día que me disocié

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s