El informe de seguimiento | herramienta en tutoría con adolescentes infractores

Soy educadora en un centro cerrado. Un día decidí arriesgarme. Empezar a leer a los chicos a los que tutorizo los informes que iban a ir al juzgado. Esto es lo que pasó.

Soy educadora de menores y jóvenes que cumplen medida judicial de internamiento cerrado o semiabierto desde hace trece años. Mi forma de intervenir ha ido evolucionando como era previsible y uno de los cambios ha sido mi forma de trabajar con informes. Hace años que dejé de tomarme lo que escribo a los jueces sobre mis tutorizados y su evolución como un instrumento institucional y descubrí el potencial de su uso como herramienta educativa e incluso terapeútica (no me gusta mucho usar esta palabra puesto que yo no soy terapeuta). El cambio ha sido muy enriquecedor así que me he decidido a compartirlo y cada uno que se lleve lo que quiera…

Tras años redactando informes técnicos para los jueces, empezó a “picarme el gusanillo”… Me hallaba frente al ordenador escribiendo sobre sus vidas, sus cosas personales… y lo que escribía, influiría en su futuro: más o menos internamiento, ir a la cárcel, cambiar a un centro más cercano a los suyos menos restrictivo, incluso conseguir la preciada libertad. Está claro que no escribimos cosas que no vayan a ningún lado. Ya sabéis de lo que hablo. Pero no les tenía en cuenta, ni les contaba lo que había escrito sobre ellos antes de mandarlo.

Los informes reflejan nuestra la opinión profesional basada en datos objetivos compartidos del equipo de profesionales que le acompañamos en su proceso educativo en el centro. Me toca plasmar la evaluación del equipo de la forma más clara, objetiva y útil posible. ¿Útil para quien si no se la leo? ¿Solo para el juez y la sociedad? ¿Útil para el centro?

Algo rechinaba cuando esa información ellos eran los últimos en recibirla, o incluso no la recibían. Algo rechinaba si podían conseguir los informes por otras fuentes (abogado) y yo no se la daba primero.

Extracto código deontológico educación social

Si fuesen enfermos de cáncer serían los últimos en recibir su diagnóstico? No deberían ser ellos quienes decidan ser quien diga “prefiero no saber”?

Así que pregunté a mi equipo (sin ellos no soy nadie) a ver que les parecía que yo preguntase a mis tutorizados si querían leer los informes antes de enviarlos. No puedo negaros que hubo de todo, quien me entendía y también quien defendía a ultranza que era un documento interno (¡¡¡para nosotros, para el departamento!!! ¡¡Ellos no pueden leerlo!!). Se dejó caer que si leían los informes retrocederían (cómo le vas a leer eso con lo mal que está!!! Va a estallar!!). Bueno… pues si tan mal esta, habrá que decírselo ¿no? (pensaba yo). No hubo consenso. Dependía de la filosofía del educador y de la capacidad del tutorizado (ojo con los chavales con enfermedades mentales graves) para recibir lo que iba a leer, cada caso era un mundo.

La vocecilla interior seguía martilleándome y diciéndome ¡¡¡“a ti te gustaría saber lo que dicen de ti al juez!!!”. Así que finalmente pedí autorización a Dirección y empecé a ofrecer a los chavales leerlos juntos antes de enviarlos y utilizarlos como una herramienta de intervención tutorial más. Ellos podían decir con lo que estaban o no de acuerdo, debatíamos y a veces incluso se cambiaba alguna cosilla. También hubo algún chaval que pasaba de leer mis informes olímpicamente, tengo que reconocerlo.

¿Y qué pasó en mí? Pues que mi forma de redactar cambió (mejoró): Siempre he intentado ser lo más objetiva posible en la parte que como tutora escribo, pero ahora el esfuerzo era mayor… saber que le iba a tener que leer su historia a su protagonista hacía que mi empatía al escribir fuese mayor, que conectara. Empecé a dejar de pensar en el informe para el juez y mis informes pasaron a ser para los chavales. Su situación era la que era, pero la frase “no hay nada que hacer” nunca había estado en mi vocabulario y el informe era una herramienta más para decírselo, a ellos y a los jueces.

Dicen los expertos que el 80% de la comunicación no es verbal… y cuando mi mensaje es de positividad, pero sé que voy a escribir un mal informe, se nota. Es difícil dar esperanza en la tutoría si sabes que hace un rato estabas escribiendo un informe nefasto. Al compartir el informe por fin era coherente con lo que trasmitía. Este acto nos empoderaba y nos ayudaba a comunicarnos mejor. Facilitaba el ser auténticos en la relación. No puedo resistir la tentación de decir que nuestros chavales son profesionales de interpretar lo que decimos sin decir nada. No podía pedirles que fuesen sinceros y no serlo yo.

¿Qué pasó en ellos? Intuyo que anteriormente había un mundo de indefensión e incertidumbre en sus cabezas respecto a los informes, porque pese a que los informes fuesen muy pero que muy negativos, al leerlos juntos se sentía alivio, paz y el sentimiento de control. Leyendo el informe sabían lo que había. No tenían que imaginárselo.

Y a partir de ahí… ¿qué hacemos? Es su informe. Es su PEI. De ellos y lo que hagan, lo que se impliquen, depende lo que pongamos, lo que contemos. Tengo la obligación de escribir la verdad, pero es SU VERDAD, sus objetivos así que lo haremos juntos. Empieza la cuenta atrás, vayamos juntos en el camino… yo luego contare como lo hemos hecho, si caminamos juntos o separados, si quiso correr, si pensaba que él ya sabía de todo y no le hacía falta nada ni nadie, si quiso abandonar, si todo le daba igual…

El “momentazo”: Una semana antes de enviar el informe LEEMOS mi redacción. La parte de psicólogo, trabajadora social y profesores le digo que puede pedir a los otros profesionales que le lean. Mi parte es la que más les interesa, donde se describen los objetivos relacionales planteados en su proceso y su consecución. De donde partimos y a dónde vamos. Saben que los jueces se fijan sobre todo en ello. Subrayamos juntos los aspectos a mejorar y los aspectos en los que ha mejorado. Es muy interesante observar su lenguaje no verbal, como resuenan en ellos ciertas frases… A veces discrepamos en lo que yo menos imaginaba, y otras veces estamos de acuerdo en la parte más negativa del informe. Cuando avanzan en el proceso intento que ellos mismos se pongan sus propios objetivos. Es SU VIDA. Por regla general, les carga las pilas, aunque el informe sea malo, y esto se suele notar días después. Así que intento dejar apuntado en el cuaderno a mis compañeros “hemos leído el informe” … por si las moscas.

Puedo afirmar con rotundidad que la lectura de los informes como HERRAMIENTA EDUCATIVA me ha facilitado la relación con mis usuarios. Supone una controversia cuando el chaval tiene retrocesos o lo que digo en el informe choca con sus expectativas o lo que él cree de cómo va su proceso. Mis miedos y evitar leerles el informe creo que puede aumentar su desconexión y su soledad cuando están más “cerrados”. Aquí es VITAL arriesgarse a utilizar el informe como herramienta de cuidado y acompañamiento.

No se si os habéis sentido con estas dudas o parecidas respecto a los informes alguna vez… si en la universidad actual se toca este tema, así que estaría encantada de leeros…

¡Un saludo!


Ana García | educadora en un centro cerrado para adolescentes infractores


Descubrí a Ana García en un foro para profesionales. Ana es de esas personas que transmiten fuerza y determinación, a la par que sensibilidad y pasión por su trabajo. Trata con un profundo respeto a las personas con quienes trabaja. Sus compañeras/os destacan su capacidad para crear y re-crear redes de apoyo basadas en la colaboración y los buenos tratos. Ana es de esas personas que no se quedan paradas, que convierten sus ideas en realidades que arrojan —quieran o no— luz sobre las personas.

Gracias Ana por abrirnos la mente.

Gorka Saitua | educacion-familiar.com

3 comentarios en “El informe de seguimiento | herramienta en tutoría con adolescentes infractores

  1. Raquel

    Una grandísima aportación, para pensar, reflexionar, adoptar, adaptar….. vamos, todo riqueza y luz, como bien aporta Gorka. Visto así, es difícil tener dudas, aunque siempre valorando el caso concreto y el momento del joven para hacerlo. Gracias Ana!!!

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