Es una llamada de atención | frases peligrosas 

Dos semanas de internamiento involuntario en psiquiatría. La encontraron sangrando en su cuarto. Se había cortado los antebrazos con un cuchillo. Tenía 15 años.

«Es una llamada de atención.» Dijeron los médicos, sentando cátedra.  

El texto se ha construido con retazos de casos reales. Como siempre, protegiendo la identidad de los afectados.

«Nunca quiso suicidarse. Sólo quería llamar la atención.» Dijeron entonces los trabajadores sociales, sus profesores y la pediatra de Osakidetza. La frase se repetía como un mantra. 

Pensar así me aliviaba. Vale, tío, no es tan grave. Sólo es una caprichosa egoísta. Está utilizando una estrategia para conseguir lo que quiera, la cabrona. Así que tú tranki que tu responsabilidad es limitada.  

No es la primera vez que escucho esta frase. Ni la última vez que me voy a ver afectado por ella. Lo sé. Y si lo dicen los psiquiatras, u otros profesionales con poder en el sistema, les voy a hacer caso, como un tonto sin criterio 

Poco a poco fue tomando confianza. Era una chica especialmente inteligenteDespierta, por dentro y por fuera. Creativa hasta límites insospechados. Hablábamos de heavy metal, de paradojas de la física cuántica, del universo más allá de las estrellas, y de filosofía. Kant y sus amigos en sesiones de intervención familiar ¡qué pasada! 

A menudo tuve que cambiar de criterio. Porque cuando discutíamos ella solía convencerme de que tenía razón.  

Para cagarse toíto.

Así es como se van limando los prejuicios. Profundizando en la relación con las personas.

Entonces me habló sobre ello. Así, cuando menos me lo esperaba.  

Me contó que estaba profundamente dolida con su madre, porque no podía saber qué esperar de ella. Que prometía una cosa y que hacía lo contrario. Que se comprometía a algo, y al rato se le había olvidado. Pero que lo que más le dolía era que en su casa no se hablaban las cosas. Que cuando había conflicto entre ellas, su madre buscaba siempre un aliado a quien calentaba la oreja para machacarla. Y que entonces ese machaque era constante. Que no le permitían estar ni un rato a solas. Que le perseguían con reproches e indirectas. Que ella entonces trataba de marcharse de casa. De tomar un respiro. Pero que aquél día le atrancaron la puerta. Que no pudo escapar y que siguió el machaque. Que sentía que se volvía loca. Que sentía deseos de matar. Que no tenía el control, y que tenía que parar eso como fuera 

«Es una llamada de atención.» Maldita zorra egoísta. 60 puntos de sutura. Que antes de hacer daño a los demás, eligió hacerse daño a sí misma.


Hay frases que repetimos como una muletilla. Que nos sirven para pasar página y quedarnos tranquilos. Pero dificultan nuestro trabajo. 

«Eso es una llamada de atención.» 

¿Cuántas veces lo habéis oído? 

Esta frase me parece especialmente peligrosa, por varios motivos: 

  • Minimiza el sufrimiento de las personas. Cuando decimos “es para llamar la atención” estamos tratando a los niños, niñas y adolescentes que sufren como unos meros “caprichosos”, como si su comportamiento fuera una estrategia calibrada y medida para conseguir un fin ilegítimo. 
  • En el fondo, conllevan una visión paternalista y piramidal de la educación familiar o la protección de menores. Hay quien manda y quien sabe y luego están los que sufren en la miseria. La idea de que lo que esta persona está viviendo no tiene importancia y que, por tanto, debe ser sometida. Hablamos de democracia, pero pisar cabezas sigue siendo una estrategia válida cuando se trata de niños, niñas o adolescentes.  
  • Por tanto, otorgamos voluntariedad a procesos involuntariosValoramos éticamente comportamientos que están fuera del control de las personas. Y que muchas veces responden a un nivel de activación brutal consecuencia de un estrés tóxico que no pueden integrar. 
  • Bloquea la reflexión de los profesionales. Por todo ello, es como si nos sintiésemos legitimados para pasar página o hacer borrón y cuenta nueva. Nos dificulta ver las necesidades que hay ocultas detrás de los niños, niñas adolescentes y personas adultas con quienes trabajamos. Y esto implica un riesgo de traumatización acumulativa. Esto es, que las personas con quienes trabajamos nos expresen su sufrimiento y nosotros, profesionales con el imperativo ético y legal de atenderles, por negligencia e ignoracia, no les atendamos. Provocándoles así, si cabe, un “doble golpe” y mucho más daño.

Propongo cambiar “llamada de atención” por “demanda de ayuda”. Igual así podemos empezar a ver un poco diferente las cosas. 


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. He trabajado desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

6 comentarios en “Es una llamada de atención | frases peligrosas 

  1. SI para “llamar la atención” una persona ha de infringirse este dolor, por lo menor deberíamos trabajar las formas de “llamar la atención”, no? me horroriza esa frase, porque efectivamente, me parece que minimiza el problema, tanto del que reclama “la atención” como del que no la está prestando de forma adecuada…

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  2. Eva

    Cuando una persona llega a hacerse daño es porque hay un dolor mucho más grande detrás que seguramente no entiende ni sabe cómo gestionarlo.
    Yo recibí esta frase de una psicóloga, seguía sin entender nada…dejé la terapia.
    Hoy ya comprendo muchas cosas, aunque desafortunadamente he de decir que terapéutas hay de todo tipo y muchas veces no sabes cómo acertar.

    Le gusta a 1 persona

    1. Gorka Saitua

      Gracias Eva. Lamentablemente no eres la única persona que ha tenido esta experiencia. Y lo peor de todo es que recibiste esa respuesta por parte de una profesional, en un momento en el que, intuyo, eras especialmente vulnerable. Cuesta admitirlo, pero a veces los/as profesionales tratamos mal a las personas con quienes trabajamos.

      Permíteme que te pida perdón en nombre de todas las personas que nos dedicamos a esta profesión. No debiste pasar por eso.

      Gracias por compartir tu experienca con nosotros.

      Un abrazo muy fuerte desde BIlbao.

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