[…] Esto es justo lo que pasa cuando actuamos “desde el rojo”: no podemos prestar atención a nuestro cuidado, y sólo confiamos en soluciones que tengan que ver con un cambio en la realidad externa. […]
Seguir leyendo «Una pregunta incómoda»
[…] Esto es justo lo que pasa cuando actuamos “desde el rojo”: no podemos prestar atención a nuestro cuidado, y sólo confiamos en soluciones que tengan que ver con un cambio en la realidad externa. […]
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La mayor parte de la gente siente que su familia “es así” y “no va a cambiar jamás”.
Este tipo de creencias suele basarse en la experiencia del pasado. Las familias son sistemas complejos que tienden a perpetuar su equilibrio, insistiendo en las mismas soluciones. Sin embargo, a veces, se dan cambios en las relaciones que implican algo parecido a un milagro: el sufrimiento desaparece y, con él, los síntomas de los miembros que estaban pasándolo peor.
Pero, ¿qué claves sostienen estos milagros?
Con el título de “Los milagros no existen, son los padres”, daré este Martes 25 de enero, a las 19,00 h, en ARESKETA IKASTOLA (Amurrio, Araba), en el local de catequesis. La idea es acercar a madres y padres la importancia de comprender y atender al sistema nervioso autónomo de niñas, niños y adolescentes, ayudándoles a funcionar de manera más autónoma e integrada, dando algo la chapa pero, sobre todo, facilitando un espacio de diálogo con el que ilustrar y corporalizar los conceptos expuestos.
No hace falta inscripción y la entrada es gratuita. No hagáis mucho ruido, que se llena. No por la calidad del ponente, claro, sino porque el espacio es pequeñito 😉
Abrazo grande.
Gorka Saitua | educacion-familiar.com
[…] Casi nunca pido a las personas adultas con las que trabajo que dejen de gritar, amenazar o castigar a sus hijas e hijos. […]
Seguir leyendo «¡No le castigues!: sobre las pautas que hacen daño «
[…] Porque las niñas y niños, progresivamente, van desarrollando mayor tolerancia a las emociones desagradables. Pero también necesitan dichas emociones desagradables para ampliar el marco de su ventana de tolerancia. Necesitan sentir de todo, hacia el contexto, hacia sus iguales y hacia sus propias madres y padres, para sentirse capaces de poder con el mundo entero. […]
Seguir leyendo «Todo tuyo: sobre la distancia ideal para la regulación afectiva «
[…] La verdad, no era lo que me esperaba. Normalmente los gritos suelen activar una respuesta defensiva en las niñas y los niños, bien llevándoles a un estado de mayor rigidez, de mayor caos, o hacia el bloqueo; pero raramente hacia la calma, como era el caso. […]
Seguir leyendo «Respira mamá: la infancia rota por la desconexión afectiva «
[…] La niña o el niño se encuentra, entonces, en una disyuntiva. Si reconozco y expreso esos estados de ánimo, me arriesgo a perder la mirada del adulto. En los casos más graves, pueden llegar a sentir que pueden perder al adulto, por completo. Y esa pérdida es inconcebible cuando se trata de las únicas figuras que pueden garantizar la protección y, por tanto, la supervivencia. […]
Seguir leyendo «Pégame, pero no te enfades «
… No es cosa de las niñas o niños, sino de la respuesta que les damos.
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[…] Ambustia era de color violeta, le faltaban algunos dientes, y los que le quedaban eran pequeños y puntiagudos. Tenía manos y pies, con unas uñas muy largas; y mucho pelo, siempre enmarañado. […]
Seguir leyendo «Las aventuras de Ambustia: un monstruo incomprendido «
[…] —Es sencillo. Yo voy a describir un estado del sistema nervioso y vosotros sólo tenéis que seguir las sensaciones que se active en vuestro cuerpo, hasta dar con un evento que las haya detonado. […]
Seguir leyendo «La calma que habíamos deseado «—Ay, se me olvidaba. Te tengo que contar lo mejor de hoy.
Su cara se había iluminado.
—Sí, Ama, quiero que cuentes ese cuento —continuó mi hija.
—Es que estábamos jugando a los ríos y no sabes lo que me ha dicho…
“Los ríos” es un juego en el que imaginamos que las baldosas de diferente color son agujeros o torrentes de agua plagados de peligros, por lo que hay que saltarlos.
—La cosa es que saltamos el primero, y Amara me dijo: «¡cuidado, ama, que hay pinchos!».
Yo escuchaba con atención.
—Y luego me dijo: «¡cuidado, que aquí hay pirañas piratas!»; más tarde fuego y caca…
¿Dónde íbamos a llegar?
—Pero luego me suelta la tía, tirándome del brazo: «¡cuidado! ¡¡cuidado!! ¡¡que éste es el peor de todos!!»
—¿Y qué tenía? —pregunté, con inocencia, pensando en qué sería peor que la mierda.
—Aitas “enfadaos”
—interrumpió la cría. Pues nada, que eso, tú sígueme para consejos sobre educación ![]()
Gorka Saitua | educacion-familiar.com
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