Una pregunta incómoda

[…] Esto es justo lo que pasa cuando actuamos “desde el rojo”: no podemos prestar atención a nuestro cuidado, y sólo confiamos en soluciones que tengan que ver con un cambio en la realidad externa. […] 

El pasado miércoles, durante una conferencia sobre la teoría polivagal, una profesora tomó la palabra, y dijo una cosa que es verdad: el personal docente está asfixiado por planes, hojas que cumplimentar, estadísticas y otras formas de burocracia impuestas desde las administraciones públicas, y esto les deja poco tiempo y espacio vital para atender como es debido a la realidad del alumnado.  

Sin negar lo que estaba diciendo, quise responder en los términos en los que estaba dando la conferencia para ilustrar los conceptos y las sensibilidades de las que estaba hablando. Así que respondí:  

—Y eso que me cuentas, ¿desde qué color lo estás diciendo? 

Sentí que la pregunta le impactó un poco, pero nada que no pudiera sostener.  

—En el rojo, claro.  

Al reconocerlo, le cambió la cara.  

El rojo es, para que nos entendamos, el color que representa la activación del sistema simpático, esto es, la parte de nuestro sistema nervioso autónomo que nos protege articulando la respuesta de lucha o huída, y que nos prepara para enfrentar un peligro del que confiamos que nos podemos proteger.  

—¿Me permites que te haga una pregunta? —pregunté de nuevo, más osado.  

—Sí —respondió con valentía, intuyendo que íbamos a hablar sobre ella.  

—¿Qué crees que necesitas tú ahora para sentirte un poco más segura? —pregunté, en los mismos términos en los que había dado la conferencia.  

—¿Yo? —respondió todavía activada— Cambiar la realidad. Cambiar el mundo.  

—¿Os habéis dado cuenta? —dije, dirigiéndome al público—. Esto es justo lo que pasa cuando actuamos “desde el rojo”: no podemos prestar atención a nuestro cuidado, y sólo confiamos en soluciones que tengan que ver con un cambio en la realidad externa. Ella, en el estado en que se encuentra, no puede ver más soluciones para encontrarse mejor que no pasen por la modificación del contexto; y eso es un arma de doble filo porque, si bien nos ayuda a mejorar las cosas o hacer justicia, nos deja desprotegidos, desatendidos y desconectados de nuestras verdaderas necesidades. 

Se hizo un breve silencio que rompí dirigiéndome de nuevo a la aludida.  

—Yo te haría una propuesta —continué—. Sin dejar de luchar por lo que crees que es justo, y cuando te sientas de nuevo segura, trata de ver qué elementos te hacen o te pueden hacer sentir mejor, pero que estén bajo tu control o del control de las personas en quien confías. Porque, a veces, cuando pasamos mucho tiempo activados y en la lucha, esa narrativa de los acontecimientos es la que predomina y lo impregna todo, llevándonos a descuidar las necesidades de los demás y de nosotros mismos. Y, en tu caso, me parece que cuidarse no está reñido con lograr tus objetivos, porque para tu lucha necesitas crear lazos y alianzas muy fuertes. Es un trabajo de equipo.  


Nos ocurre a menudo a las y los profesionales que somos muy capaces de aplicar la teoría a las personas a quienes acompañamos, especialmente si nos sentimos vinculados con seguridad a ellas. Nos cuesta un poco más hacerlo con las personas que tienen vínculos inseguros o desorganizados con nosotros; y nos resulta más difícil si cabe aplicarnos en cuento a nosotras y nosotros mismos. Lo que nos resulta prácticamente imposible —ojo a lo que voy a decir— es aplicarlo a las compañeras y compañeros de nuestro equipo o entidad, y a otras y otros profesionales de nuestra red de trabajo, con quienes podemos aplicar la crueldad y la más absoluta falta de empatía, porque son el chivo expiatorio perfecto.  

Quizás sea hora de redirigir nuestra atención desde lo que nos resulta cómodo, a lo que nos resulta incómodo, entendiendo que esas resistencias que a veces sentimos, en plan “no tiene ni puta idea” o “que le den morcilla”, no son más que un indicador de la existencia de conflictos sin resolver que, indudablemente, van a pasar factura a las personas a quienes acompañamos.  

Así que ponte una alarma y sé consciente de que, lo que menos te apetece, es a menudo lo que hay que hacer para desbloquear los procesos que quieres estimular y que estás cuidando.  

¿He dicho alguna locura? 

Seguro que sí, pero no en este texto.  


* Nota: Basado en una historia real, pero con un poco de literatura para dejarlo más redondo y bonito. 


Lecturas recomendadas:

DANA, D. (2019). La teoría polivagal el terapia. Cómo unirse al ritmo de la regulación. Barcelona: Eleftheria

DANGERFIELD, M. (2017). Aportaciones del tratamiento basado en la mentalización para adolescentes que han sufrido adversidades en la infancia. Cuadernos de psiquiatría y psicoterapia del niño y del adolescente. SEPIPNA, nº 63.  


Gorka Saitua | educacion-familiar.com 

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