[…] —No tengo nada que perdonar —respondí, atendiendo a su congoja—. Tienes derecho a ocultarme lo que creas oportuno. No me debes lealtad alguna. […]
Seguir leyendo «Hacerte los deberes: la restauración del protagonismo en la propia historia «
[…] —No tengo nada que perdonar —respondí, atendiendo a su congoja—. Tienes derecho a ocultarme lo que creas oportuno. No me debes lealtad alguna. […]
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[…] Las manos le crecían, sus uñas se convertían en garras afiladas y retorcidas, como las de un tigre o un dragón. En sus talones aparecían espolones que goteaban un líquido verde fosforescente. Y su rostro se desfiguraba llenándose de pelo, con orejas puntiagudas, ojos con una pupila vertical, y un hocico prominente del que salían unos colmillos largos y afilados de color gris. […]
Seguir leyendo «Nagusha: la princesa lobo»
[…] Por eso, cuando las tortugas se sienten amenazadas, meten su cabeza dentro del caparazón. Se aíslan del mundo y, ahí, se sienten seguras y tranquilas, pero también muy constreñidas. Está oscuro, respiran con dificultad y les cuesta mucho moverse. […]
Seguir leyendo «Sobre las tortuguitas: recurso para ayudar a la infancia para enfrentar un bloqueo «
[…] Cuando una madre o un padre intenta suicidarse, la premisa de toda la familia suele ser “no tocar ahí” para no causar más daño y motivar otro intento autolítico. Sin embargo, este bloqueo ante el dolor de la persona que ha tratado de quitarse la vida, lejos de ayudar puede empeorar las cosas, dado que transmite que existe una grave amenaza que nada ni nadie puede gestionar. […]
Seguir leyendo «La técnica del muñeco: del bloqueo a los cuidados por imposición «[…] Y es que a Draghur le pasaba algo que nunca antes le había pasado a ningún dragón: Draghur no podía expulsar fuego por su boca. No podía señalizar su posición en la noche, no podía cocinar su comida, no podía jugar con sus amigos, y no podía hacerse valer. Porque no tenía fuego y sentía que nunca lo iba a tener. […]
Seguir leyendo «El dragón sin fuego y la bola gris «
[…] —Sabía que estabas ahí —dijo su profesora—. Es muy difícil salir de la manta, ¿verdad? Pero, ¿no sientes como entra en ti la vida? —y cogiéndola de la mano dijo—: Tú también te mereces esto. […]
Seguir leyendo «La manta mágica: la disociación explicada a niñas y niños | parte 3 «
[…] Nora no sabía que contestar. Si decía la verdad, le quitarían la manta; y si mentía, estaría fallando a su confianza. Así que decidió callar e irse a su habitación sin decir nada. […]
Seguir leyendo «La manta mágica: la disociación explicada a niñas y niños | parte 2 «
[…] Sentía un peso en su frente, una bola en el estómago, y el mundo parecía ir despacio, a cámara lenta. Era como si todo fuera hubiera dejado de ser real y, ahora, se pareciera más a una película. Pero, a pesar de todo, no se estaba tan mal ahí, cubierta por esa manta tan rara. […]
Seguir leyendo «La manta mágica: la disociación explicada a niñas y niños | parte 1»
[…] Recuerdo un día en el que me pillaron largándome por la calle. Escuché “mira, el cabrón se está yendo”, me hice el loco, me pusieron la zancadilla, me tiraron al suelo y me hicieron una melé tirándose como gorilas todos encima. […]
Seguir leyendo «Bomba de humo: birras, ninjutsu y apego evitativo «
El síntoma suele ser la única forma que las niñas y niños tienen para pedir ayuda y recibirla en los límites que impone su estado nervioso actual.
Seguir leyendo «Muletas para un cadáver «
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