La técnica del muñeco: del bloqueo a los cuidados por imposición 

[…] Cuando una madre o un padre intenta suicidarse, la premisa de toda la familia suele ser “no tocar ahí” para no causar más daño y motivar otro intento autolítico. Sin embargo, este bloqueo ante el dolor de la persona que ha tratado de quitarse la vida, lejos de ayudar puede empeorar las cosas, dado que transmite que existe una grave amenaza que nada ni nadie puede gestionar. […] 

—Y tú, ¿podrías describir cómo sería la vida que te gustaría tener? 

La pregunta formaba parte de una actividad de presentación, organizada para que las niñas y niños pudieran empezar a confiar en el educador familiar.  

La niña se quedó un rato pensando. Al final respondió:  

—Que mi madre esté bien.  

Inmediatamente, su madre comenzó a llorar en silencio.  

Entonces se congeló. Y a su hermano pequeño le pasó igual.  

El educador sintió como su corazón se paraba en seco. Conocía esa sensación. Era una señal de que algo muy importante había pasado y que era necesario intervenir.  

La tensión hacía el aire denso. Parecía que se podía cortar con un cuchillo.  

—Estáis bloqueados —atinó a decir—. Imagino que os da mucho miedo ver a vuestra madre así.  

Su madre pasaba por un proceso ansioso-depresivo, se había hecho daño a sí misma en muchas ocasiones, y había intentado suicidarse en, al menos, 5 ocasiones. Normal que los niños tuvieran miedo, y que ese miedo no les permitiera reaccionar.  

Sin embargo, todo apuntaba a que los niños no podían quedarse así. Eso les reafirmaría en la desesperanza, y en la idea de que nada puede cambiar. Así que, lanzándose al vacío, les propuso una cosa.  

Cuando una madre o un padre intenta suicidarse, la premisa de toda la familia suele ser “no tocar ahí” para no causar más daño y motivar otro intento autolítico. Sin embargo, este bloqueo ante el dolor de la persona que ha tratado de quitarse la vida, lejos de ayudar puede empeorar las cosas, dado que transmite que existe una grave amenaza que nada ni nadie puede gestionar.  

—Sé que ahora tenéis mucho miedo y vuestro cuerpo os dice que es mejor no moverse —comenzó—, pero creo que podemos hacer algo que a todos os puede venir bien. ¿Me dejáis? 

Los niños le miraron con cierta desconfianza.  

—Vosotros no tenéis que hacer nada —les tranquilizó—, yo lo voy a hacer todo. Sólo tenéis que dejaros llevar. Como si fuerais muñecos.  

A duras penas, asintieron.  

—Vale, tú primero —dijo al chico—, levantándolo con cuidado del sofá. Ven pa acá.  

Le sentó al lado de su madre, y colocó su mano ejerciendo cierta presión sobre su pecho. Al ver que su espalda estaba un poco torcida, le acomodó de una forma que pudiera sostener esa postura el tiempo necesario.  

El niño estaba un poco inquieto. Parecía querer escapar. Sin embargo, le permitió sentir y sostener esa incomodidad.  

—Ahora tú —le dijo a la chica—. Ven conmigo.  

La colocó al lado de su madre, con su mano suavemente colocada en su cuello. Naturalmente, ella acomodó la cabeza en su pecho.  

—Sólo tenéis que dejar las manos ahí —dijo—, aceptando que vuestra madre siente mucha presión allí. Una presión dolorosa que sube y baja, que quiere salir pero también se traga, y que tiene buenos motivos para estar allí. Le estáis acompañando en su dolor.  

Se hizo un silencio.  

—Podéis cerrar los ojos.  

Los tres obedecieron. La situación se sostuvo durante 15 minutos. 15 minutos de una madre abrazada a sus hijos conectada con su dolor.  

La respiración de ella fue haciéndose progresivamente más profunda y pausada.  

Él a ratos se relajaba, a ratos le volvía la inquietud. Se ve que estaba en un rol que no era el suyo.  

Y la niña empezó a llorar en silencio, hasta que el llanto cesó y su cuerpo se relajó hasta casi dormirse.  

Era evidente que los 3 habían salido del bloqueo. Que la esperanza había regresado a la familia y que ésta no tenía connotaciones amenazantes. Algo podían hacer en sus momentos más oscuros para sentirse una pizca mejor.  

Ahora podía retomarse la conversación.  


Referencias y lecturas relacionadas:  

DANA, D. (2019). La teoría polivagal en terapia. Cómo unirse al ritmo de la regulación. Barcelona: Eleftheria 

GONZÁLEZ, A. (2020). Lo bueno de tener un mal día. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor. Barcelona: Planeta 

NARDONE, G. (2015). Ayudar a los padres a ayudar a los hijos: problemas y soluciones para el ciclo de la vida. Barcelona: Herder 

NARDONE, G. (2009). Psicosoluciones. Barcelona: Herder 


Gorka Saitua | educacion-familiar.com

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