Sobre la empatía hacia las niñas y niños que maltratan, y la atención a la vulnerabilidad del profesorado.
Seguir leyendo «Un universo paralelo: otra mirada sobre el bullying «
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[…] Pero es que no estoy hablando de perdonar ni de reparar la relación. Ni mucho menos en términos morales. Eso lo dejamos para la misa de 11, alabaré, alabaré al señor. De lo que hablo es de que ahí, justo donde menos apetece, hay una oportunidad. Y podemos pillarla o dejarla escapar. Es una oportunidad para exonerar el propio autoestima, liberándole del peso que nunca tuvo que llevar. […]
Seguir leyendo «Peso: la paradoja del odio como mecanismo de protección»
[…] Lo primero que sentí fue un golpe que, como una patada, me recolocaba el pecho. Me quedé con cara de tonto, sorprendido, porque no estaba pasando nada grave ni importante. La niña estaba bien y en compañía de su madre. Pero mi cuerpo estaba reaccionando como si se tratase de un evento crucial en nuestra vida. […]
Seguir leyendo «La escisión de lo agradable: otra respuesta ante el trauma»#Hasta_la_raja de las y los profesionales a quienes les aprieta la corbata.
De los que te hablan desde el púlpito, con superioridad moral, como seres de luz enviados por los ángeles.
Es fácil saber quiénes son, porque te dan instrucciones en plan, amigo, recuerda que esto está bien y esto está mal.
«No grites nunca.»
«Debes ser empático todo el rato.»
«Ponte a su altura, mírale a los ojos, y háblale despacio.»
¿Ves? Te llevan a conectar con lo que has hecho y a sentirte #culpable, una vez más. Y la culpa ha sido históricamente una herramienta fabulosa para la #dominación, porque crea, a la voz de ya, una diferencia radical entre clases: los superiores y los inferiores, con los matices y colorines que sean.
Es decir, los que chupan y los que son chupados, pero en plan mal.
Me tiene hasta el hocico la masa de santurronas y puritanas, santurrones y puritanos, que hablan sistemáticamente desde #el_privilegio de haber estudiado una carrera, haber hecho su trabajo personal invirtiendo lo que para otros es una millonada, y pasar por miles de cursos y cursitos con el gurú de moda, a quien les gustaría parecerse para acaparar más luz.
Puaj.
Debemos ser conscientes —todo el rato, todo el maldito rato— de que no todas las personas han tenido la misma suerte que nosotros. Que muchas personas no tienen siquiera un maldito rato al día para ponerse a pensar. Y que, a veces, cuando por fin se ponen —porque quieren a sus hijas e hijos tanto como tú—, están severamente confundidos, y no saben ni por dónde empezar.
Y eso no es porque sean peores que nosotros, joder. Sino porque, a veces, ni siquiera han tenido la opción de cuestionarse cómo han sido criados, o porque viven en unas condiciones materiales de mierda que les obliga a poner por delante de todo la necesidad de llenar la nevera y sobrevivir.
O por lo que sea. Yo qué sé.
Así que, si alguna vez te has sentido una #mierda escuchándonos hablar, debes saber que:
No eres peor madre o padre por castigar.
No tienes menos valor por gritar.
No eres escoria por no haberte podido llegar a la calma.
No eres más frágil por desregularte, bloquearte o llorar.
Que nuestros discursos de mierda no impida a tus hijas o hijos reconocerte en la persona cojonuda que eres, más allá de la crianza que recibiste, tu estilo educativo o el sufrimiento que puedas padecer.
A pesar de los errores que otros te impongan reconocer.
¡Basta ya!
Cuidado con los profesionales que te subyugan o restan #espontaneidad.
—
Gorka Saitua | educacion-familiar.com
[…] Cuando alguien recibe esa frase por parte de personas a las que quiere, y de quienes depende para sentirse seguro, se produce un cortocircuito en la relación. Vamos, que se interrumpe. Porque, recibir eso es como que te digan oye, colega, eres una persona diferente. No te reconozco. Por eso, donde antes existía seguridad y refugio, ahora aparece un vacío imposible de gestionar, caso como se hubiera producido una expulsión simbólica. Pum, fuera de aquí. […]
Seguir leyendo «“Has cambiado”: frases destructivas «
[…] Le casca seriamente, golpeándole la cabeza contra la pared y haciéndole mucho daño. Por suerte, puede pedir socorro. Y entonces es su padre quien aparece, separándolos, maldiciendo y expulsando al crío de casa. A tomar por culo. […]
Seguir leyendo «Violencia y expulsión en la familia delegante «
[…] Pero, mientras escuchaba con atención el llanto de su hijo desde la habitación contigua, algo le llamó la atención. Al principio, quizás porque su sistema nervioso estaba en “modo lucha”, pensó que eran imaginaciones suyas pero, cuanto más tiempo escuchaba, más certeza tenía de que había algo en ese llanto que denotaba que su hijo no estaba bien. […]
Seguir leyendo «El impacto de una salpicadura… de injusticia «
[…] Por eso, no se trata de suprimirla, sino de hacerla digerible o manejable para que las niñas y niños puedan usarla de manera primero asertiva y, si las cosas se tuercen, dando un puñetazo en la mesa. Pero sin dañar a los demás, porque sentirla y aceptarla como una parte valiosa de nosotros mismos no implica necesariamente un pasaje al acto, sino todo lo contrario. Lo que sabemos acerca de ella va en la línea de que sentirla en toda su intensidad, con todas las fantasías destructivas que aparecen en la mente, y compartirla en un entorno seguro, es un factor de protección a corto, medio y largo plazo. […]
Seguir leyendo «Rabia para un mundo mejor, más seguro y más tierno «
[…] Llamamos ley del silencio a una forma específica de manejar la disciplina —es decir, la voluntad de lograr que los demás hagan lo que nosotros necesitamos, creemos que es bueno, nos interesa o deseamos— que pasa por retirar la palabra a una persona con la esperanza de que sienta la presión del grupo, recapacite, y cambie su forma de pensar, su actitud o su conducta. […]
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[…] Pero, en ese volantazo para salvar la vida, en ese frenazo para evitar el camión de delante, no se da cuenta de que sigue apretando con fuerza el acelerador, porque su propia historia, algún día, le dijo que en los malos momentos el motor debe ir a full de energía, sin considerar el estado del tráfico ni la inclinación de la calzada, en plan písale, cabronazo, que nos va en ello la vida. […]
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