Narrativa y estados del sistema nervioso 

[…] Pero ninguna historia es neutra, porque nos las contemos desde un determinado estado de nuestro sistema nervioso. Puede ser una historia compleja, cargada de compasión y empatía hacia los demás o hacia nuestra persona; una historia cargada de energía, que nos predispone a luchar o huir; o una historia gris, apagada, que cuenta lo que prácticamente no podemos tolerar de nosotras o nosotros. […] 

No digo ninguna tontería si afirmo que estamos hechos de historias.  

Historias que nos contamos y que tienen su contexto, su mundo, sus personajes, su trama, su final y que, siempre, pero siempre, cuentan algo sobre nosotras o nosotros mismos. Es decir, que hablan de lo que somos, nuestra capacidad, nuestros proyectos y nuestro lugar en el mundo.  

Pero ninguna historia es neutra, porque nos las contemos desde un determinado estado de nuestro sistema nervioso. Puede ser una historia compleja, cargada de compasión y empatía hacia los demás o hacia nuestra persona; una historia cargada de energía, que nos predispone a luchar o huir; o una historia gris, apagada, que cuenta lo que prácticamente no podemos tolerar de nosotras o nosotros. 

Las historias duras, crueles y dolorosas de nuestra vida nunca tienen un tono neutro, aunque a veces nos lo parezca. «Eso ya no me afecta», nos decimos, desde la más brutal desconexión que activamos para protegernos, mientras hacemos esfuerzos titánicos para poner la atención en otro sitio.  

Las historias tienen siempre un tono, que condiciona cómo percibimos el mundo, lo que nos contamos y lo que sentimos. Y ese ese tono de seguridad, peligro o amenaza el que condiciona qué elementos incorporamos y cómo nos lo decimos.  

Esas narrativas tienen tendencia a quedarse así, congeladas, quietas para siempre. Porque, cada vez que las evocamos, lo hacemos con las mismas sensaciones en el cuerpo: un nudo en la garganta, una opresión en el pecho, una pelota en el estómago, o la frente fría como el hielo. Y son esas sensaciones las que hablan de que estamos fuera de nuestra ventana de tolerancia y, por tanto, no tenemos acceso a la empatía habitual o a los aspectos más básicos de nuestra función ejecutiva.  

Recuperar la narrativa, pero activando la conciencia sobre el cuerpo y los cuidados.  

Las historias que nos contamos, a su vez, afectan a nuestras reacciones y éstas son las que, en última instancia, sostienen los síntomas que padece uno o varios miembros de nuestra familia:  

«Ramón estaba muy dolido con su expareja.  

—Joder, Gorka, es que cuando me ve más jodido es cuando más me “pica”.  

Lo que no podía todavía tener en cuenta es que esa “agresión”, no era tal cosa. Ella estaba en una tremenda lucha interna. Y desde ahí, desde con el sistema simpático a tope, sólo había una forma de sacarle del pozo en el que estaba: tocándole las narices, hasta que saltaba.  

Lo que parecía una agresión era, sencillamente, una forma de cuidar del padre de sus hijos. Eso sí, de una manera burda e irracional, porque su sistema nervioso estaba sobrepasado.» 

El reto de las personas que trabajamos con historias es rememorarlas, pero dentro de esa ventana de tolerancia. Es decir, manteniendo la curiosidad y la compasión, tanto hacia el resto de personajes, como de las protagonistas y los protagonistas, hacia sí mismos. Porque, ahí, justo ahí, es donde empiezan a enriquecerse las narrativas, y a la historia principal se le van incorporando, poco a poco y con cuidado, elementos de las otras narrativas que también eran reales, pero habían quedado en un segundo plano, fuera de la conciencia.  

«—No puedo aceptar, Gorka, que me quiera salvar. Sencillamente está siendo demasiado mala conmigo —respondió—. Pero sí te compro, porque la conozco, que lo de que le está pasando mucha factura esa lucha interna, y que su prioridad ahora es protegerse porque puede sufrir mucho daño.» 

Bueno, igual no tengo razón… pero avanzar, lo que es avanzar, algo sí que hemos avanzado.  


Para profundizar:  

DANA, D. (2019). La teoría polivagal el terapia. Cómo unirse al ritmo de la regulación. Barcelona: Eleftheria 

GONZÁLEZ, A. (2020). Lo bueno de tener un mal día. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor. Barcelona: Planeta 

WHITE, M. y EPSON, D. (1990). Medios Narrativos para fines terapéuticos. México: Paidós 


Gorka Saitua | educacion-familiar.com 

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