[…] Cuando pierde su aire, se queda arrugada y tirada en el suelo. No puede levantarse y la gente la puede pisar, como si fuera un desperdicio. Y yo pienso, maldita sea, levántate, que todos dependemos de ti para estar bien y poder enfrentar el mundo. […]
[…] Lo primero que sentí fue un golpe que, como una patada, me recolocaba el pecho. Me quedé con cara de tonto, sorprendido, porque no estaba pasando nada grave ni importante. La niña estaba bien y en compañía de su madre. Pero mi cuerpo estaba reaccionando como si se tratase de un evento crucial en nuestra vida. […]
[…] Por eso, no se trata de suprimirla, sino de hacerla digerible o manejable para que las niñas y niños puedan usarla de manera primero asertiva y, si las cosas se tuercen, dando un puñetazo en la mesa. Pero sin dañar a los demás, porque sentirla y aceptarla como una parte valiosa de nosotros mismos no implica necesariamente un pasaje al acto, sino todo lo contrario. Lo que sabemos acerca de ella va en la línea de que sentirla en toda su intensidad, con todas las fantasías destructivas que aparecen en la mente, y compartirla en un entorno seguro, es un factor de protección a corto, medio y largo plazo. […]
[…] —Sabía que estabas ahí —dijo su profesora—. Es muy difícil salir de la manta, ¿verdad? Pero, ¿no sientes como entra en ti la vida? —y cogiéndola de la mano dijo—: Tú también te mereces esto. […]
Que esto no es una tecla mágica que lo resuelve todo… ya te lo digo yo.
Pero, a veces, resulta útil tener RECURSOS SENCILOS y PRÁCTICOS para distingir si lo que sentimos en la relación con nuestras hijas o hijos es fiable o no. Porque, a menudo, los EPISODIOS IRRESUELTOS de nuestro pasado irrumpen anulando nuestros recursos y activando RESPUESTAS PROTECTORAS que les confundan, les generen inseguridad o, en el peor de los casos, lleguen a alternar la relación que tienen consigo mismos, al imponerles nuestra propia realidad (“alien self”).
Vamos, que nos ayuden a poner un freno, si se puede; o a mirarnos lo que nos toca, y propiciar una reparación.
¿Tengo una respuesta mentalizadora?¿A qué es debido?
Basado en:
BATEMAN, A. y FONAGY, P. (2016). Tratamiento basado en la mentalización para los trastornos de la personalidad. Bilbao: Deslee de Brouwer
DANGERFIELD, M. (2017). Aportaciones del tratamiento basado en la mentalización para adolescentes que han sufrido adversidades en la infancia. Cuadernos de psiquiatría y psicoterapia del niño y del adolescente. SEPIPNA, nº 63.
PITILLAS, C. (2021). El daño que se hereda. Comprender y abordar la transmisión intergeneracional del trauma. Bilbao: Descelee de Brouwer
[…] Su hijo, de 4 años, había pegado un manotazo a su abuela. Y, cuando le habían dicho que pidiera perdón, se había negado reiteradamente diciendo que no, que no lo sentía en absoluto. […]
[…] Cuando trabajo con las personas adultas que cuidan de estas niñas o niños, sean educadoras o educadores, docentes o familiares, parto de la premisa de que la coherencia es muchas veces imposible. Máxime cuando estas niñas y niños son especialmente sensibles no sólo a lo que se hace, sino a los estados de ánimo presentes en las personas que tienen el deber de cuidarlos. Y en eso sí que nadie, repito, nadie, tiene control alguno. […]
[…] por muy inseguros o amenazados que nos sintamos, y por muy preponderantes que sean esas sensaciones, siempre podemos detectar en nuestro cuerpo esas zonas que se sienten en calma, seguras, tranquilas y, por tanto, dispuestas a recibir apoyo y cuidados. […]
[…] Respetarse y quererse a uno mismo es como navegar con una barca pequeña en medio de una tempestad. Hay que agarrar con fuerza el timón, si no nos vamos a pique; pero ese timón no lo sostenemos nosotros, sino las personas que nos protegen y en quienes hemos depositado nuestra confianza. […]
[…] Todo eso para descubrir que lo que me había estado jodiendo vivo todo este tiempo no eran “los nervios”, “el estrés” o “la ansiedad”, sino la profunda vergüenza asociada a tantos eventos de mi vida que me habían configurado para sentir que nunca, haga lo que haga, voy a ser suficiente, porque el mal estaba hecho y eso no se podía resolver. […]
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