Transitar hacia un apego adulto más seguro

[…] Sin embargo, las personas que disfrutan —sí, “disfrutan”— de un proceso terapéutico, a menudo, tienen una experiencia especialmente grata. 

Ocurre el día que reciben, de nuevo, el mismo impacto, pero toman conciencia de que ese dolor no tiene que ver tanto con el torpedo del presente, sino con las gritas que dejó la soldadura durante la construcción del buque en el astillero. […]

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La parte abandonada

[…] —Creo que esa sensación la lleváis dentro ambas —intervine de nuevo—. Me refiero a la sensación de que no sois suficientemente buenas, y de que os tenéis que exigir demasiado para estar al nivel que os toca. No sé si lo sentís ahí, pero a mí me está resonando como una pelota negra, fría y enorme, que me presiona en el centro del pecho. […]

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Autocuidado en educación familiar

Uno de mis grandes errores de novato fue sobrestimar el método.

Afrontar el trabajo con familias como una cuestión meramente técnica. En mi imaginación, yo debía ser el experto que solucionara sus problemas, a través de la superioridad que me otorgaba mi formación y mi posición privilegiada como observador participante, que puede ver la realidad como es, sin interferencia de sentimientos de ningún tipo.

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Por un curso orientado a los cuidados

A mí no me hagáis caso, que de esto no sé nada. 

Pero visto lo complicada que está la cosa, y la incertidumbre que hay en el ambiente, me encantaría que el sistema educativo hiciera un experimento. 

Así, a lo loco, como si estuviéramos borrachos. A ver qué sale. 

Un año sin currículum. 

Sin calificaciones, ni exigencia de contenidos. 

Profesoras y profesores centrados en acompañar a sus alumnos, sabiendo que es lo que necesitan y lo que merecen. Y enseñando lo que de verdad sientan valioso y oportuno. 

Que puedan dar rienda a sus pasiones, sin interferencias de ningún tipo. 

Así, además, podrían atender unos pocos profesores a un grupo de alumnos. Sin mezclarse con otras personas. Minimizando el riesgo de contagio.

Es injusto pedir a muchas alumnos y alumnos que sigan el ritmo. Además, sabe dios cuándo y cómo va a acabar esto. 

Creo que lo único a lo que podemos aspirar ahora, es a que las y los estudiantes estimulen su interés y su motivación, y disfruten del apoyo que necesitan, sin exigencias de ningún tipo. 

Y las figuras docentes saben perfectamente como hacerlo. Sólo necesitan recuperar su espacio. 

¿Qué es lo peor que puede pasar?

¿Un curso perdido?

Sí, es una fantasía de alguien que nunca ha pisado un aula como maestro. Pero que también sabe qué necesitan las personas que lo están pasando mal —docentes, familias y alumnas—: redes de apoyo y solidaridad para enfrentar el estrés y el miedo. 

El gusto de estar todos juntos. Bien unidos. 

La administración educativa podría centrarse en valorar el impacto de esta experiencia en todo el mundo. Lo hacen muy bien. Tienen experiencia y disfrutan con eso. 

No creo que volvamos a tener una oportunidad mejor de cambiar la educación, centrándola en lo que de verdad es valioso: las personas, y las experiencias de aprendizaje significativo. 

Podría ser un curso para recordar, si no nos empeñamos en hacer lo de siempre: tirar hacia delante, sin tener en cuenta las circunstancias y los acontecimientos. 

Pero yo de esto no sé nada. Y no es una forma de hablar; no tengo ni pajotera idea.

¿Qué pensáis vosotras y vosotros, mis contactos del sistema educativo?

Os escucho con muchísimo interés. Con los oídos muy abiertos.

Gorka Saitua | educacion-familiar.com