Transiciones en los trastornos de la personalidad: otra forma de verlo

[…] Los que hemos trabajado con estas personas sabemos que, en determinadas ocasiones, llegan a colapsar. Es decir, que cuando el entorno no les da lo que ellos necesitan, pueden transitar hacia otro estado que, posiblemente siga siendo desadaptativo, pero podría darse el caso de que sea más sano o con una mayor flexibilidad para encarar o adherirse a determinados procesos. […]

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Carta a un acosador escolar 

[…] Te lo digo yo, que he sido víctima de ése bullying que llaman de «baja intensidad» —rechazo, aislamiento, señalamiento de los defectos, bromas sin gracia, etc.—  y que me ha dejado una marca que, mucho me temo, llevaré de por vida; pero que, también, para protegerme de ésa y de otras amenazas, he ejercido también como acosador, haciendo daño a las personas que consideraba más débiles o expuestas. […] 

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Peso: la paradoja del odio como mecanismo de protección

[…] Pero es que no estoy hablando de perdonar ni de reparar la relación. Ni mucho menos en términos morales. Eso lo dejamos para la misa de 11, alabaré, alabaré al señor. De lo que hablo es de que ahí, justo donde menos apetece, hay una oportunidad. Y podemos pillarla o dejarla escapar. Es una oportunidad para exonerar el propio autoestima, liberándole del peso que nunca tuvo que llevar. […]

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Nagusha: la princesa lobo

[…] Las manos le crecían, sus uñas se convertían en garras afiladas y retorcidas, como las de un tigre o un dragón. En sus talones aparecían espolones que goteaban un líquido verde fosforescente. Y su rostro se desfiguraba llenándose de pelo, con orejas puntiagudas, ojos con una pupila vertical, y un hocico prominente del que salían unos colmillos largos y afilados de color gris. […]

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La escisión de lo agradable: otra respuesta ante el trauma

[…] Lo primero que sentí fue un golpe que, como una patada, me recolocaba el pecho. Me quedé con cara de tonto, sorprendido, porque no estaba pasando nada grave ni importante. La niña estaba bien y en compañía de su madre. Pero mi cuerpo estaba reaccionando como si se tratase de un evento crucial en nuestra vida. […]

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El castigo como una parada en el camino o ¿un mal menor?

[…] Lo digo porque, a veces, nos metemos en debates en el que hay dos posturas enfrentadas, en plan a favor y en contra, rollo dicotómico, como si el hecho de castigar (o no) fuera una realidad independiente a las personas que lo hacen, o a las personas que pretende corregir o hacer entrar en razón. […]

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Profesionales de corbata

#Hasta_la_raja de las y los profesionales a quienes les aprieta la corbata.

De los que te hablan desde el púlpito, con superioridad moral, como seres de luz enviados por los ángeles.

Es fácil saber quiénes son, porque te dan instrucciones en plan, amigo, recuerda que esto está bien y esto está mal.

«No castigues nunca.»

«No grites nunca.»

«Debes ser empático todo el rato.»

«Ponte a su altura, mírale a los ojos, y háblale despacio.»

¿Ves? Te llevan a conectar con lo que has hecho y a sentirte #culpable, una vez más. Y la culpa ha sido históricamente una herramienta fabulosa para la #dominación, porque crea, a la voz de ya, una diferencia radical entre clases: los superiores y los inferiores, con los matices y colorines que sean.

Es decir, los que chupan y los que son chupados, pero en plan mal.

Me tiene hasta el hocico la masa de santurronas y puritanas, santurrones y puritanos, que hablan sistemáticamente desde #el_privilegio de haber estudiado una carrera, haber hecho su trabajo personal invirtiendo lo que para otros es una millonada, y pasar por miles de cursos y cursitos con el gurú de moda, a quien les gustaría parecerse para acaparar más luz.

Puaj.

Debemos ser conscientes —todo el rato, todo el maldito rato— de que no todas las personas han tenido la misma suerte que nosotros. Que muchas personas no tienen siquiera un maldito rato al día para ponerse a pensar. Y que, a veces, cuando por fin se ponen —porque quieren a sus hijas e hijos tanto como tú—, están severamente confundidos, y no saben ni por dónde empezar.

Y eso no es porque sean peores que nosotros, joder. Sino porque, a veces, ni siquiera han tenido la opción de cuestionarse cómo han sido criados, o porque viven en unas condiciones materiales de mierda que les obliga a poner por delante de todo la necesidad de llenar la nevera y sobrevivir.

O por lo que sea. Yo qué sé.

Así que, si alguna vez te has sentido una #mierda escuchándonos hablar, debes saber que:

No eres peor madre o padre por castigar.

No tienes menos valor por gritar.

No eres escoria por no haberte podido llegar a la calma.

No eres más frágil por desregularte, bloquearte o llorar.

Que nuestros discursos de mierda no impida a tus hijas o hijos reconocerte en la persona cojonuda que eres, más allá de la crianza que recibiste, tu estilo educativo o el sufrimiento que puedas padecer.

A pesar de los errores que otros te impongan reconocer.

¡Basta ya!

Cuidado con los profesionales que te subyugan o restan #espontaneidad.

Gorka Saitua | educacion-familiar.com

Sobre las tortuguitas: recurso para ayudar a la infancia para enfrentar un bloqueo 

[…] Por eso, cuando las tortugas se sienten amenazadas, meten su cabeza dentro del caparazón. Se aíslan del mundo y, ahí, se sienten seguras y tranquilas, pero también muy constreñidas. Está oscuro, respiran con dificultad y les cuesta mucho moverse. […] 

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