[…] si nos acercamos a la pregunta desde una perspectiva más psicológica, a la luz de lo que hoy en día sabemos sobre los problemas complejos, el sistema nervioso y los seres humanos, quizás podamos mirar de una manera complementaria a estos fenómenos que se relacionan con la magia. […]
[…] No hay influencia física de ningún tipo. No hay una relación causal entre los planetas y nuestra personalidad. No hay forma reconocida alguna que explique ningún tipo de interacción. Sin embargo, uno lee su carta natal y le sale algo así como “ay, hostia, coño, si soy yo”. Y de esa sorpresa, emerge la curiosidad. Porque es difícil encontrarse con ese material aparentemente tan preciso y, oye, dejarlo sencillamente pasar. […]
¿Qué es exactamente lo que quiero cuando acompaño a otra persona?
No hablo de lo que se hace explícito en proyectos e informes, sino de lo que realmente deseo que esa persona haga, muestre, o de cómo pretendo que afronte la realidad.
Todo trabajo con el sufrimiento humano está atravesado por lo que sentimos que necesitamos para sentirnos buenos profesionales: las miradas que buscamos, que tememos perder, o las que organizan nuestro deseo y vitalidad profesional sin que prácticamente nos percatamos.
La intervención social nunca es neutral. Partimos casi necesariamente de un prejuicio sobre lo que a las personas les conviene, y sobre cómo conseguir o no eso puede afectar a nuestro poder, agencia o dignidad profesional.
Y cuando esos deseos se vuelven invisibles, o se omiten por considerarse impropios o vergonzosos, pueden empezar controlar subrepticiamente la realidad.
Entonces aparecen las mal llamadas «resistencias»: bloqueos, incumplimientos, negativas explícitas o no. Intentos de las personas que acompañamos de rechazar el lugar en el que les coloca el deseo o la demanda implícita profesional.
¿Y si parte de lo que llamamos resistencias fuera, en realidad, un intentos legítimos de preservar el propio protagonismo o la dignidad?
¿Y si las personas tuvieran buenos motivos para negarse a permanecer en ese lugar?
¿Y si algunas luchas profesionales estuvieran contribuyendo, sin quererlo, a fijar el sufrimiento que intentan resolver?
Esta formación propone una exploración colectiva sobre el deseo profesional, las miradas que nos condicionan y las formas en que nuestra demanda implícita entra en relación con la de las personas a las que acompañamos.
Es una formación para pensar, cuestionarse, compartir y hacer visible el territorio que está justo bajo nuestros pies.
[…] una Afrodita desatada, también tiene sus riesgos. […] Porque Afrodita, en su búsqueda de placer y reconocimiento, puede llegar a humillar a otras personas para ensalzarse a sí misma. […]
Nací el 16 de junio de 1980. Aquellos días, P4lestin4 atravesaba uno de tantos momentos de violencia, ocupación y desposesión. Apenas dos semanas antes, varios alcaldes palestinos de C1sj0rdani4 habían sufrido atentados con explosivos. Uno de ellos perdió las dos piernas. Europa debatía entonces sobre el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación. Ya entonces el mundo lo veía, y era consciente de lo que esta población estaba pasando.
Han pasado 46 años de informes, resoluciones, declaraciones, condenas, negociaciones y promesas que nada han cambiado.
¿Cuántas generaciones p4lest1n4s tienen que crecer bajo ocupación para que dejemos de hablar de «conflicto» y empecemos a hablar de dominación?
¿Cuántos niños muertos son necesarios para que las palabras «seguridad» o «antisemitismo» dejen de servir como coartadas morales indefendibles?
¿Cuántos hospitales, escuelas y barrios enteros pueden ser destruidos antes de que admitamos que algunas vidas parecen valer menos que otras a ojos de la comunidad internacional, y de muchas ciudadanas y ciudadanos?
¿Qué habría ocurrido si quienes mueren fueran europeos, estadounidenses o isr4elí3s en las mismas cifras?
¿Seguiríamos llamando a esto prudencia diplomática?
¿Seguiríamos pidiendo paciencia?
¿Seguiríamos hablando de complejidad?
Nací el mismo año en que el mundo decía buscar una solución para Palestina.
Quizá la pregunta más incómoda no sea qué está haciendo Isr43l.
Quizá la pregunta más incómoda sea qué estamos haciendo nosotros mientras ocurre.
Por qué al decir esto y ser vasco, muchas y muchos me etiquetarán automáticamente como t3rror1sta.
Por qué narices tenemos que ocultar determinadas palabras para defender algo tan básico e incuestionable como vidas humanas.
Por qué muchos prefieren callar antes que perder su alcance en redes sociales.
En la sociedad del cansancio y la autoexplotación, maldita sea, ¡qué baratos nos vendemos!
[…] cuando uno sabe parcialmente o literalmente no tiene ni pajolera idea, está abierto a relacionarse con la realidad desde su propia multiplicidad, y eso hace las relaciones más seguras, más misteriosas, más espontáneas y mucho, mucho más humanas. […]
[…] Los Titanes desmembran, trocean al pequeño Dionisos, lo cocinan y lo devoran. Esta imagen es terrible, pero también representativa de lo que sienten las personas que, estando en ese lugar, viven una experiencia parecida. […]
[…] es evidente que no es casual que Zeus sea el rey de los dioses, ni que Hestia, su hermana mayor, sea la diosa del fuego y del hogar. Tampoco es neutro que El Sol, que ilumina y proporciona claridad, sea el astro que refleja nuestra identidad, mientras que a La Luna se le atribuye un carácter más íntimo, difuso y sentimental. […]
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