[…] si nos acercamos a la pregunta desde una perspectiva más psicológica, a la luz de lo que hoy en día sabemos sobre los problemas complejos, el sistema nervioso y los seres humanos, quizás podamos mirar de una manera complementaria a estos fenómenos que se relacionan con la magia. […]
No seré yo quien defienda la astrología, el tarot, la alquimia o el espiritismo. Me lo impide mi religión: el cientificismo radical, del chungo.
No creo que la posición de los planetas se relacione de ninguna manera con nuestra personalidad, ni que el azar al barajar unas cartas pueda predecir el futuro, que unas esencias se puedan transmutar en otras, o que haya alguna forma de relacionarnos con los muertos. Sin embargo, hablamos de materias o tradiciones que han persistido a lo largo de los tiempos, y que incluso han sobrevivido a la violencia de la religión monoteísta, y de la salvaje ilustración.
Por ello, podemos preguntarnos qué ha hecho sobrevivir a todas estas cosas. Qué ha encontrado la humanidad en estas materias que, ahora y siempre, le ha reportado grandes beneficios.
La pregunta es muy amplia. Y no me siento capaz de hacer un ensayo al respecto. Habrá razones que tienen que ver con el deseo de transcendencia, con el miedo a la muerte, con duelos inconclusos, con la necesidad de dar sentido a lo inexplicable, o con el deseo de controlar lo que se nos escapa de las manos, entre otras. Pero, si nos acercamos a la pregunta desde una perspectiva más psicológica, a la luz de lo que hoy en día sabemos sobre los problemas complejos, el sistema nervioso y los seres humanos, quizás podamos mirar de una manera complementaria a estos fenómenos que se relacionan con la magia.
Estas cosas, como todo en la maldita vida, tienen sus peligros. No voy a ser yo quien los niegue. Pero, quizás, también aportan a las personas algo invaluable. Algo que tiene que ver con el núcleo de la ciencia de la complejidad, o con cómo sabemos que se pueden y deben afrontar las relaciones de ayuda cuando se trata de buscar una gestión más adecuada de los problemas complejos.
Si te fijas, astrología, tarot, alquimia y espiritismo, tienen algo en común: nos hablan sobre la existencia de otros mundos a los que tenemos difícil acceso, pero que, sin embargo, tienen un impacto profundo sobre la realidad que habitamos. Parten del principio que dice “si conocemos algo de lo que acontece en esos mundos transcendentes, estaremos mejor situados para tomar decisiones en éste”. Algo superior y transcendente, contra lo que no cabe oposición alguna, nos ofrece datos para decidir más y mejor en nuestra vida.
Nos fuerzan a decidir de manera diferente. No sólo respecto a lo que hacemos, sino también desde estados de conciencia alternativos. Porque, cuando un planeta nos interpela, aparece una determinada carta, una materia nos invade, o un muerto nos satura con su “energía” —y nos lo creemos— cambia casi de manera inmediata nuestra forma existencial de relacionarnos con la vida.
La persona, entonces, no sólo decide de manera diferente, sino que cambia su forma de relacionarse con el problema, sea cual sea el mismo. Y curiosamente, la experiencia suele ser buena. No porque decida con más acierto —no existe esa idea en relación a los problemas complejos—, sino porque sale del círculo vicioso y, si está atento y en un estado pseudohipótico, atento a los detalles, es más que probable que pueda poner en valor sea lo que sea que vaya consiguiendo.
Esto es coherente con lo que sabemos de los procesos de acompañamiento. Las cosas no suelen cambiar o resolverse porque uno tome decisiones, sino porque se atreve, con la debida seguridad, a enfrentar los problemas de relación desde estados del sistema nervioso, de conciencia, o arquetipos diferentes. Y eso es justo lo que suelen proporcionar todas estas materias asociadas a la magia: sin pretenderlo explícitamente, utilizan el fenómeno de la sincronicidad, a favor de la resolución de los problemas complejos. ¿Cómo? Distribuyendo significados, formulando preguntas que antes eran impensables, invitando a otras formas de conciencia, abriendo las puertas a un futuro deseable que antes se veía como imposible, o generando la esperanza y la seguridad de que, sea lo que sea que se haga, va a aparecer algo bueno.
Cambian la seguridad sentida, el significado, el estado de conciencia, y tantas cosas, para que nos podamos situar de manera diferente ante los problemas, predisponiéndonos al asombro, al misterio y a encontrarnos con otra realidad en el camino.
Piensa, por ejemplo, en el horóscopo más cutre. En el de las revistas del corazón o los periódicos. Puedes pensar que es una estupidez creer en esas cosas —y está bien—, pero también puedes tomarlo como referencia para tomar tus decisiones —y también está bien—, no porque los planetas anticipen tu futuro, sino porque la magia puede ser, también, un lugar seguro para explorar territorios diferentes.
Sí, no todo refugio tiene que ver con una relación que nos acoja, nos dé seguridad o nos contenga.
A fin de cuentas, la magia es sólo lo que acontece en la frontera entre mundos, cuando elementos del aquí, del allá y del más allá, coinciden sin excluirse mutuamente, creando un estado de conciencia combinado. Y ése es el territorio de Hécate, la diosa de las encrucijadas: quien permite que nuestro sentido de agencia se adentre en la oscuridad desconocida, en busca de otros caminos.
Quizás la magia no sobrevive porque nos conecta con otros mundos, sino porque nos dificulta el encierro en el único donde se retroalimentan nuestros problemas.
Y para ti, ¿qué es la magia?
¿Cómo te ha ayudado en tu camino?
—
Gorka Saitua | educacion-familiar.com
