Estado de alarma cerebral: una pequeña experiencia

[…] «Buscando información relevante», pareció decir mi cerebro izquierdo. «Buscando posibles explicaciones, 15% completado. Tiempo estimado de la operación: 43 segundos.» […]

Estuvo muy atenta a los dibujos animados. Completamente ensimismada. Pero, al terminar, se puso muy triste. Parecía que hacía esfuerzos para no llorar.

—¿Qué pasa, cariño? ¿Estás triste? —le dijo su madre, llamando mi atención.

Rápidamente, se activó mi amígdala:

«Atención, tristeza, ¡PELIGRO! Necesitamos una solución.»

Miré a mi alrededor, nervioso.

«Buscando información relevante», pareció decir mi cerebro izquierdo. «Buscando posibles explicaciones, 15% completado. Tiempo estimado de la operación: 43 segundos.»

—Igual le ha dado pena que termine la película —dije—. Estaba muy atenta. Parecía que le gustaba mucho.

Era el segundo número 3.

«Emitida solución. Procedemos a relajar el estado de alerta, del rojo al naranja», dijo mi cerebro derecho, que ahora se sentía un poco más seguro.

«Entendido, encéfalo. Respondió la amígdala. Procedo activar la rama dorsal del nervio vago, para bajar los niveles de tensión».

—Sí, seguro que era eso —respondí, más en mis cabales.

Mi mujer me miró.

«En efecto. Solución confirmada», dijo el hipotálamo, trayendo a mi mente algunos recuerdos de cuando ella me da la razón.

—¿Ponemos de nuevo el final? —dije a mi hija, entendiendo que eso la iba a ayudar.

«Proceda», dijo el cerebro izquierdo, seguro de su forma de actuar.

Me levanté y puse de nuevo el final. Pero, esta vez, al terminar la niña estalló en un llanto irrefrenable.

«¡¡Alarma catastrófica!!», gritó la amígdala. «La solución no ha funcionado, repito ¡¡no ha funcionado!! Proceda a desconectar».

Sentí como se me apagaba el sistema. No sé muy bien si era porque ella estaba protegida en brazos de su madre, o porque la situación me había desbordado. La cosa es que me quedé parado, frío, sin saber muy bien qué hacer.

Entonces, mi mujer, que había podido estar en contacto directo con la emoción de nuestra hija, dijo:

—Creo que necesitaba descargar.

Se me quedó cara de tonto. Sí, a mí, al “ex-per-ti-to” cachondo que da consejos de educación.

—Creo que la película le ha emocionado tanto, que por algún sitio tenía que salir tanta emoción —me aclaró, intuyendo mi estado de confusión—. Pronto se irá toda esa tensión, y se podrá relajar.

Se quedó dándole un abracito. La niña se pegaba a su cuerpo, intuyendo que ahí estaba todo lo que podía necesitar.

Me quedé mirándolas. Sentía como la presión de difuminaba, como el hilo de humo de una vela.

Qué gustito tener una madre así.

«Falsa alarma», dijo la amígdala. «Volvemos a la tranquilidad».

Y yo también me recosté.


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

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Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, puedes ponerte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

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