Historia de una guarrada

Y no es lo que piensas, gominola 😜

Hay una cosa que me saca de quicio.  

Que ya sé, que mola protones dejarles explorar la comida. Pero cuando empieza a echar cosas y cosas —yo qué sé, pan, macarrones, carne, pimientos, y demás mierdas— en el vaso de agua, me da un asco de la pera. Y si, además, ese ungüento asqueroso se derrama y gotea de la mesa al suelo, me pongo enfermo.  

Pues ya era la tercera vez que pasaba mientras estaba conmigo.  

¡Agghhh! 

De rodillas, a recoger esa plasta multicolor y pluritextural que se me escurría, babosa, entre los dedos.  

—Ya te vale, tía —le dije, levantando la voz, con tono seco—. Estoy harto de recoger lo que tiras, coño, es que parece que lo haces a propósito.  

Mientras, limpiaba el estropicio, con gestos bruscos. Y, al levantarme, le quité el vaso y el plato, que también se habían enguarrado.  

—Te juro que si sigues así, no te vuelvo a dejar hacer eso —le reñí—; no pienso estar limpiando todo el rato lo que ensucias.  

Mientras iba hacia la basura empecé a ser más consciente del enfado que tenía. Y de que era injusto ser tan duro con una niña que sólo estaba explorando. A fin de cuentas, le estaba tratando como si lo hubiera hecho para fastidiarme, o algo parecido.  

—A ver, estoy muy enfadado, pero se me va a pasar pronto —le dije, más conectado con cuidarla.  

Se hizo un silencio pesado. Yo seguía enfadado, y no me apetecía hablar con nadie. Con gusto me habría retirado a dar un paseo, pero era la hora de la cena y este tiempo, en casa, es sagrado.  

Estoy convencido de que mi compañera quiso mejorar el ambiente, pero intuyo que no sirvió de mucho, porque no lo recuerdo.  

Al pasar cerca de mi hija, ella me miró con una sonrisa curiosa y me dijo.  

—Aita, ¿estás en-fa-da-di-to?  

Me rompió por completo. Morí de amor, y mi mujer y yo rompimos a reír como idiotas. Y ella, descojonada de risa con nosotros.  

Nos tiene cogido el punto la niña.  

O qué se yo. Igual es que es un gusto criar a niñas (o niños) sin miedo.  


* Hay un truqui para saber cuándo le está afectando a una niña o a un niño chungamente nuestra actitud o nuestro comportamiento. Si puede responder con curiosidad hacia nuestros estados mentales, todo bien: puede con ello. Si entra a la pelea, escapa o desaparece, mejor darle una vueltita a eso.  

¿Qué hace tu hijo o hija cuando la emoción te desborda? 

Y sobre todo, ¿qué te gustaría hacer con eso? 


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

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Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, puedes ponerte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

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