El curso del miedo

Sigo pensando que sería precioso dar prioridad a los cuidados, la redes de colaboración y el aprendizaje socioemocional.

No tengo muchas virtudes, pero sí sé meterme en berenjenales de los que luego me cuesta salir. 

Imagino que, para muchas de vosotras o vosotras, soy como el cuñao tontorrón que tolosabe, y al que luego criticas y del que te ríes en la intimidad. 

Nada que reprochar. 

A veces, yo me trato igual. 

La cosa es que el otro día se me ocurrió lanzar una idea —que sólo era eso, una idea— sobre cómo me gustaría que actuara el sistema educativo con esto de la pandemia: que se experimentase con un curso escolar SIN CURRICULUM NI CALIFICACIONES, dando libertad al profesorado para organizarse, de manera que se pueda garantizar por delante de otras cosas, los cuidados que las alumnas y los alumnos necesitan, y crear redes de apoyo y sentimiento de comunidad. 

El mensaje ha corrido como la pólvora —encendida, se entiende—, y ha provocado un montón de mensajes de apoyo, pero también otros que, en resumidas cuentas, me decían que Manolete, Manolete, si no sabes torear, para qué te metes. 

Vaya por delante que pocas veces he pisado un aula, y en la mayor parte de las ocasiones ha sido en el contexto universitario. Así que, lo reconozco, a mí me metes en un cole y la lio parda, como la socorrista del vídeo aquél. 

Pero bueno, también he estudiado 4 años de pedagogía, y he trabajado 18 años para los servicios de protección a la infancia, en íntima relación con chicas y chicos que sufren, y familias que las están pasando canutas. Pero canutas de verdad, a niveles que a mí mismo a veces me cuesta comprender y con los que en muchas ocasiones no puedo ni empatizar. 

Así que, bueno, de dar clase ni papa, pero sé algo sobre sobre sufrimiento. Es decir, sobre cómo afecta éste a las personas, y acerca qué les sirve para poderlo gestionar.

La cosa es que a mí me enseñaron en plan stándar: rollo lo que hay que enseñar. Por ejemplo, que los objetivos son la base de mi trabajo, que el éxito depende de una buena planificación y de la coordinación del equipo, y de que las cosas se consiguen con buenos protocolos, programas con colorines, Arial 10, interlineado de 1,5, y una portada bonita para que al administrativo de turno le entre por el ojo. 

Os suena, ¿verdad?

Pues eso, que yo pensaba que con 4 años de carrera y dos postgrados, estaba listo para currar. Estaba claro, era el fuquing máster. 

Pero luego entré en contacto con el MIEDO y el TRAUMA.

Es decir, con el sufrimiento de las personas reales. 

Y me hice caca encima. Porque no podía aplicar nada de lo que me habían enseñado. En pelotas me quedé. Sencillamente, en esas condiciones de hiper o hipoactivación, toda esa gente, joía de verdad, NO PODÍA COLABORAR

El motivo es que estaban funcionando desde las instancias más primitivas de su cerebro, de manera que estaba DESACTIVADA SU FUNCIÓN EJECUTIVA, es decir, su capacidad para prestar atención, recordar, pensar o ponerse en el lugar de los demás.

Así que me tuve que comer mi peso —por aquel entonces eran 90 kg, ahora son muchos más— en apuntes de la uni. Y, así, de golpe y de repente, me sentaron como un culete sucio. 

Y leyendo con mucha curiosidad, acabé dando con una idea, así como revolucionaria, de esas que dijo uno al que se le fue la pinza, y al que muchos miran mal. Oye, que la esencia de mi trabajo no era enseñar nada, ni servir de modelo, ni preparar programas bonitos… sino ESTABECER con las personas que sufren RELACIONES DE CALIDAD, que les permita recuperar las competencias que les ha robado el sufrimiento que les ha afectado o les sigue afectando.

Porque si esas competencias volvían, actuarían con criterio. A menudo, con más inteligencia y sensibilidad que la que podía demostrar yo. 

Se trataba de pasar del ROL DE EXPERTO a un ROL DE CUIDADOR

Porque, cuando las personas se sienten ACOMPAÑADAS y SENTIDAS, recuperan su capacidad de pensar y actuar de manera coherente, empática y racional. Con el añadido, que no es poca cosa, de que se equilibra la atención que pueden prestar a la realidad externa, su mundo interior y el contexto interpersonal. Es a lo que las y los que curramos en esto, llamamos un ESTADO DE INTEGRACIÓN

Vale, pero calla, pesado, ¿por qué nos das la brasa con esto?

Pues porque gran parte del alumnado está ACOJONADO, señoras y señores. 

Lo evidente, es que a muchos de ellas y ellos les aterra enfermar. Pero también les da miedo contagiar. Perder a sus seres queridos por hacer las cosas mal. A su madre, a su padre, a su hermana, a sus tíos, abuelos, o yo qué sé, a ese profesor gordito y mayor que ya es como un familiar. 

Quizás, no han podido gestionar la información sobre la pandemia. Como todos, se han visto saturados de mensajes contradictorios y, ahora, no saben qué pensar. A ratos, se cuidan, a ratos hacen lo que les sale de sus partes pudendas —pene o vulva—, con el agrabante de que no saben si están llevándose el virus a casa y condenando a muerte a sus seres queridos. Jo-der.

Que si no lo ves, háztelo mirar. 

Para más narices, ven a las personas adultas en quienes confían, dar palos de ciego. Haciendo un día una cosa, y al siguiente la contraria. DESRREGULADOS emocionalmente, porque un día piensan que han desarrollado un síntoma, y al siguiente el jefe les ha amenazado con despedir. 

Otros, habrán perdido a sus abuelos. Quizás abandonados en una residencia, golpenado las puertas, sin que nadie les pudiera acompañar. No habrán podido ir al entierro, ni se habrán podido todavía despedir. 

Otros, son hijos de sanitarios, que están destrozados de ver a tanta gente morir, o que están rabiosos porque a pesar de tanto esfuerzo, la gente lleva la mascarilla por debajo de la napia, porque prefieren estar cómodos a cuidar de los demás. 

A ver. Que muchos padres y madres, a pesar de la amenaza de los servicios sociales, todavía hoy no saben si les van a llevar.

Sin olvidar que se van a encontrar con profesoras y profesores que, de una u otra manera, lo están pasando fatal. Que hicieron lo que pudieron para terminar con el curso anterior, y cumplir con las directrices de una administración anquilosada, empeñada en continuar con no sé qué narices de normalidad. Y que a fecha de hoy no saben, siquiera, si van a tener que dar clase a pecho descubierto, con todos los riesgos que eso conlleva para ellos y sus familias, o si van a tener que currárselo todo, de nuevo a toda prisa, porque va a ser OnLine.

Y esto es sólo la punta del iceberg. 

Porque los síntomas que cada uno desarrolle, sean más o menos llamativo, sólo van a empeorar la situación.

Así que no. Que no es tan loco dejar de lado un curso, UN SÓLO CURSO, el currículum escolar. Y centrarnos en CUIDAR a toda la comunidad escolar. 

Que eso no quiere decir que las cosas se hagan de cualquier manera. Que se puede proveer a los centros de recursos para que sepan y puedan acompañar mejor. 

Por mi parte, no tengo ninguna duda de que las y los docentes lo saben hacer. Es la ESENCIA de su profesión.

Porque con miedo e inseguridad no se aprende. Y ambos se regulan creando comunidad, es decir, lazos de colaboración y solidaridad. 

¿Qué es para ti lo primero?

¿Acaso hay otra opción?


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

Gorka Saitua

Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, puedes ponerte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

5 comentarios en “El curso del miedo

  1. evamartinmayo

    Yo me planteo q ese miedo es mucho más complejo. En el mejor de los casos no tienen miedo (o no muy intenso) a la enfermedad, pq con suerte no la han vivido de cerca, o no les ha dañado intensamente. Pero en todo caso tienen/tenemos miedo a la incertidumbre y eso genera hiper-alerta, que es la antítesis del aprendizaje.
    Antes todo estaba marcado y prefijado y de pronto ya no hay camino dibujado, el futuro inmediato es impredecible. Hemos tomado brutalmente conciencia de q además somos totalmente vulnerables, cuando nos habíamos creído ser todopoderosos por llamarnos el Primer Mundo.
    Así que, sí, creo q niños y niñas necesitan por encima de todo sentirse segur@s; segur@s de q las personas adultas de referencia –madres, padres, profes…- vamos a acompañarles en este camino, q es desconocido, pero recorreremos junt@s de la mano.

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  2. Zaloteacher

    Por fin algo de cordura en medio del caos. Soy porfa de secundaria, madre, posible paciente de riesgo e hija de dos pacientes de riesgo. Aunque trabajo en el mejor sitio del mundo, donde suscribirnos punto por punto todo lo que has expresado, mi nivel de ansiedad está creciendo por minutos y casi no logro vislumbrar la manera de hacer algo bien en este curso. Gracias por tu perspectiva del asunto. Ojalá que podamos ser granito de arena positivo y constructivo en todo esto.

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  3. Voy a ser simplista, pero seguro que me lo perdonáis por las limitaciones del canal.

    Cuando era joven y tenía más pelo, me enseñaron que una cosa es la enseñanza, con sus protocolos, sus, objetivos, su metodología, su didáctica, su evaluación y sus calificaciones; y otra muy diferente es el aprendizaje.

    Para que el aprendizaje se produzca, deben cumplirse una serie de requisitos, muchos de los cuales tienen que ver con el estado anímico del educando, y las condiciones contextuales y relacionales.

    Puede haber aprendizaje sin enseñanza; y enseñanza sin aprendizaje.

    La enseñanza no provoca el aprendizaje. El aprendizaje se produce, entre otras cosas, por mediación de la curiosidad, la motivación de logro, y el deseo de ser representado y valorado en la mente de otra persona a quien se percibe como sabia, fuerte y amable.

    Y todo eso, desaparece con el MIEDO.

    ¿Vamos a caer DE NUEVO en el ERROR de priorizar una enseñanza que no contempla la psicobiología del aprendizaje?

    ¿O vamos a poner el foco en lo que nuestras alumnas y alumnos necesitan para APRENDER?

    Eso es aplacar la incertidumbre y el miedo. Lo cual, sólo se logra consolidando redes de SOLIDARIDAD y activando los CUIDADOS.

    * Es de primero de pedagogía. No digo nada nuevo.

    Gorka Saitua | educacion-familiar.com

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