La tormenta y el niño de dentro

En ocasiones, aflora el niño/a que todos los adultos llevamos dentro. Cada persona tiene su forma de tratarlo. A veces, le ponemos más nervioso/a. Otras veces, lo cuidamos y conseguimos calmarlo. Y a veces, lo negamos o lo apartamos de nuestra mirada. Pero sigue estando presente en un segundo plano.

A mí el otro día se me apareció. Sé que no os vais a reír de mí. Por eso cuento la historia.

En abril de este año nos mudamos a la casa de la familia. Es una casa muy vieja, de dos plantas. Ocupamos la planta de abajo, porque el piso de arriba tiene unas humedades de la pera, y el entorno es insalubre. Ya iremos arreglando.

La cosa es que el nivel superior está abandonado. Está lleno de juguetes viejos, libros del año de la polka, y cuadros de gente vieja y muerta a la que nunca he conocido. Rollo peli de miedo.

Como huele tanto a humedad, solemos dejar las ventanas abiertas. Ya sabéis, para que si tenemos que ir a por la bici, no nos muramos del asco.

Hace cuatro días, por la noche, hubo una tormenta gigantesca. Eran las 4 de la mañana cuando me desperté sobresaltado, porque algo estaba dando golpes en el patio. Abrí una ventana, miré, y vi que las sillas de plástico iban de un sitio a otro, golpeándolo todo. Pim, pam, pum. Toma lacasitos.

Afiné el oído y escuche que, además, las ventanas estaban golpeando. A ver si se va a romper algo. Ay madre, que la liamos.

Vaya rollo. Sal ahora, en pijama, de noche, y vete a solucionar esto.

Lo de las sillas fue fácil. Corrían y se me escapaban de las manos. Pero con mis superpoderes a lo Flash Gordon, pude reunirlas todas unas encima de otras. Y ahí quedaron, a salvo, metidas en casa.

Ahora tocaba lo más fácil. Subir al piso superior y cerrar las ventanas. Pan comido.

Tiré para arriba y abrí la puerta. La entrada es independiente al piso donde vivimos.

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Crujía todo. Y se escuchaban golpes por toda la casa. Estaba todo a escuras, y los relámpagos iluminaban a chispazos las habitaciones.

Mi cuerpo se empezó a poner tenso. Y me vinieron a la mente todas las historias que había escuchado. Que si en esa habitación murió mi bisabuela. Que si la cara de ese cuadro es de mi tío abuelo, que falleció de tifus en la guerra. Que en ese cajón está el diario de bitácora de mi bisabuelo. Que mi tía abuela hacía aquí la ouija con las amigas, y que a veces pasaron cosas que no me han contado…

Muertos, viento, relámpagos y una casa abandonada.

Madre mía. Mi cuerpo me decía que no estaba sólo, que había otras presencias en la casa. Y claro, mi córtex prefrontal intentaba poner algo de coherencia en este asunto. Eh, tío, no me jodas que te estás cagando por estas chorradas. Déjate de hostias, haz lo que tengas que hacer y tira “pa abajo”.

Pero yo estaba jodido de miedo. Así que terminé, y cerré la puerta rápido, sin mirar hacia atrás, no vaya a ser que un espectro se materializase justo ahora. Que así pasó en una peli que he visto.

Volví abajo y me metí en la cama. Y, como estaba algo sobresaltado, me costó coger el sueño.

A la mañana siguiente, habíamos quedado mi pareja, mi hija y yo, con un amigo.

Mi primer impulso era callarme lo que me había pasado. Porque menuda vergüenza. Que yo, hombre de 38 años y 100 kg, “cishet” narcisista, tenga miedo a los fantasmas de la familia, era bastante ridículo. Qué bochorno.

Pero ese día me llevé la contraria. No por grandes motivos, sino porque tenía ganas de guasa:

—No sabéis lo que me pasó ayer —dije.

—¿Qué te pasó? —respondió mi pareja.

—¿Te acuerdas que ayer te desperté y te dije que no tuvieras miedo si escuchabas pasos arriba? ¿Que iba a subir a cerrar las ventanas para que no las rompiera la tormenta? —continué.

—Sí.

—Pues yo sí que me hice caquita.

Y les conté toda la historia.

Por supuesto, se descojonaron de mí. Y lo van a volver a hacer cada vez que haya tormenta. Pero pasamos un buen rato tomando una cerveza.


Y tú ¿cómo te llevas con el niño o la niña que llevas dentro?


Gorka Saitua

Autor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. He trabajado desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

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