Liderazgo por empatía

En las profesiones que implican acompañamiento debemos decidir sobre exponer o no nuestra vulnerabilidad, o lo que es lo mismo, compartir o no nuestros recursos resilientes ¿Cuál es tu postura?

Tiene los brazos llenos de cicatrices. Porque a veces se corta a sí mismo. Y ha intentado quitarse la vida en varias ocasiones.

Lo sabemos. Parte del tratamiento, y de la prevención pasa por hacer explícito lo implícito. Por acompañar a él y a su familia para que hablen sobre lo que les preocupa.

Ayer estuve en su casa. Estaban él, de 16 años; y su madre, de unos 50. Empecé diciendo que durante la sesión anterior había salido un tema muy importante, pero que me había ido con la sensación de que el trabajo había quedado incompleto.

Los datos del caso han sido alterados para salvaguardar la intimidad de los/las participantes.Esta experiencia está enmarcada en una intervención familiar de gran duración. En ningún caso tiene valor aislada de su contexto.

Le miré y le recordé que había hablado de los momentos en los que se había hecho daño a sí mismo. Y le pregunté si en el fondo de su corazón se había sentido comprendido.

—Sólo en parte —me dijo.

—Entiendo —respondí—. Yo también me había quedado con esa sensación. Así que ¿sabes lo que he hecho?

—No.

—He hecho una cosa que suelo hacer muchas veces. A veces me voy de las casas sin estar seguro de haber comprendido. Entonces me paro a pensar, y trato de buscar entre mis recuerdos una situación que me acerque a lo que las personas han vivido. Y se me han ocurrido dos cosas. Me gustaría contártelas para saber si es parecido a lo que tú has vivido ¿te parece?

—Vale —dijo, con los ojos como platos.

—Recuerdo un día en el que estaba en el colegio. No sé que pasó, pero estoy convencido de que estaba muy nervioso. La cosa es que empecé a darme cabezazos contra una pared de madera. Una y otra vez, rítmicamente. Los compañeros y los profesores se asustaron. Montaron un pollo que no veas. Me contuvieron con delicadeza, pero creo que pensaban que estaba un poco loco.

Me escuchaba en silencio. Estaba “conectando”.

—La cosa es que sabía dónde estaban los límites. Y ellos se asustaron demasiado. A mi me relajaba el sonido de los golpes en mi cabeza, de alguna manera me tranquilizaba ese dolor rítmico y controlado —continué.

Sentada en el sofá. La madre me miraba con evidente expectación y sorpresa. No estaba yendo por el camino que ella esperaba.

—Sigo sin estar seguro ¿Crees que lo que yo he vivido se asemeja de alguna manera a tu experiencia? —pregunté.

—Sí, es eso. Si que lo es —contestó emocionado.

—Qué bien. Me quedo más tranquilo. No estaba seguro de entender lo que te pasaba. Seguro que no hemos vivido lo mismo, pero celebro que tengamos este punto en común para entendernos.

Continué.

—¿Quieres que te cuente la otra?

—Vale —el ambiente se percibía mucho más relajado.

—Esto lo sigo haciendo hoy en día.

—¿Hoy? —eso no se lo esperaba.

—Sí. Y además es algo de lo que ya os habéis dado cuenta ¿sabéis a lo que me refiero? —lancé la pregunta al aire, e hice una pausa dramática.

—Sí —les enseñé mis manos.

Tengo las manos hechas un asco. Me como las uñas, y a veces me arranco los padrastros.

—Sed un poco buenos conmigo, que ahora me siento muy vulnerable —dije—. Acercaros y miradlas de cerca. Están llenas de pequeñas heridas. Mirad ésta, y esta.

Las miraron.

—Cuando estoy muy nervioso me muerdo las uñas. Y cuando no me quedan uñas, me tiro de las pielecillas. A veces me duele, y noto la sangre en la boca. Y a pesar de todo sigo. Y si estoy muy alterado me hago unas averías que no veas.

—Sí es eso, es muy parecido a lo que ami me pasa —me interrumpió.

—Pues si es parecido… déjame que te haga otra pregunta ¿te parece bien?

—Vale, sí —se le veía imbuido en su experiencia.

—Es una pregunta un poco fuerte. Pero te la voy a hacer, porque puedes de sobra con ella —de nuevo, silencio para aumentar la tensión y la expectativa— ¿qué pasaría si cuando estás cortándote te contienen?

Ví por el rabillo del ojo que la madre se removía en su butaca.

Las personas que trabajamos en protección de menores vivimos a menudo situaciones como ésta, en la que se produce una gran conexión con las personas a quienes atendemos. En las que nos sentimos respetados y validados, y durante las que ponemos en común nuestras experiencias. Y la sensación siempre es la misma: disfrutamos y avanzamos.

No obstante, vivimos presiones en contra de todo ello. Se nos invita constantemente a ejercer un liderazgo como “expertos”. A mantener una artificial distancia con las personas con quienes trabajamos. A mantener nuestra privacidad a buen recaudo, no vaya a ser que pase algo malo.

¿Cuál es tu postura? Yo lo tengo claro. Yo enseño mis manos.


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. He trabajado desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

2 comentarios en “Liderazgo por empatía

  1. Hola Gorka. Conozco vuestra web desde hace no mucho tiempo y he llegado hoy a este artículo casi por casualidad… (si es que eso existe). Me he quedado fascinada, emocionada. ¡Conectar! En qué momento se nos olvidó esa parte trabajando con personas. Tanta información, técnicas, teoría… y pasamos de largo que somos personas trabajando con otras personas que además, en la mayoría de los casos, están sufriendo. Me transmitieron durante muchos años de formación la importancia de la distancia para poder ser “objetivos”, para que haya un límite claro en la relación profesional-paciente o cliente, una relación vertical.
    La formación e información que he ido adquiriendo posteriormente y la experiencia (soy psicóloga y trabajo con niños y familias) han llamado primero al sentido común y después a la evidencia (también científica) de la importancia de los factores humanos en cualquier trabajo con personas (conectar, motivar, alentar, validar, comprender…). Gracias por el artículo! Un saludo.

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    1. Gorka Saitua

      Gracias Isolda por tus palabras.

      Estoy completamente de acuerdo contigo. Mi evolución como profesional fue similar a la tuya. Yo también comencé haciendo caso a los consejos de “la vieja escuela”, pero acabé dándome cuenta de que un vínculo de calidad es lo que realmente importa.

      Me ha alegrado mucho recibir tu comentario. Espero que podamos intercambiar más impresiones, tanto a través del blog, como de las redes sociales: https://www.facebook.com/groups/educfamilia.area.profesionales/

      Un abrazo muy fuerte.

      Gorka.

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