[…] Casi nunca pido a las personas adultas con las que trabajo que dejen de gritar, amenazar o castigar a sus hijas e hijos. […]
Seguir leyendo «¡No le castigues!: sobre las pautas que hacen daño «
[…] Casi nunca pido a las personas adultas con las que trabajo que dejen de gritar, amenazar o castigar a sus hijas e hijos. […]
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[…] Porque las niñas y niños, progresivamente, van desarrollando mayor tolerancia a las emociones desagradables. Pero también necesitan dichas emociones desagradables para ampliar el marco de su ventana de tolerancia. Necesitan sentir de todo, hacia el contexto, hacia sus iguales y hacia sus propias madres y padres, para sentirse capaces de poder con el mundo entero. […]
Seguir leyendo «Todo tuyo: sobre la distancia ideal para la regulación afectiva «
[…] La verdad, no era lo que me esperaba. Normalmente los gritos suelen activar una respuesta defensiva en las niñas y los niños, bien llevándoles a un estado de mayor rigidez, de mayor caos, o hacia el bloqueo; pero raramente hacia la calma, como era el caso. […]
Seguir leyendo «Respira mamá: la infancia rota por la desconexión afectiva «
[…] La niña o el niño se encuentra, entonces, en una disyuntiva. Si reconozco y expreso esos estados de ánimo, me arriesgo a perder la mirada del adulto. En los casos más graves, pueden llegar a sentir que pueden perder al adulto, por completo. Y esa pérdida es inconcebible cuando se trata de las únicas figuras que pueden garantizar la protección y, por tanto, la supervivencia. […]
Seguir leyendo «Pégame, pero no te enfades «
… No es cosa de las niñas o niños, sino de la respuesta que les damos.
Seguir leyendo «La ansiedad por separación: soluciones en la escuela «
[…] Ambustia era de color violeta, le faltaban algunos dientes, y los que le quedaban eran pequeños y puntiagudos. Tenía manos y pies, con unas uñas muy largas; y mucho pelo, siempre enmarañado. […]
Seguir leyendo «Las aventuras de Ambustia: un monstruo incomprendido «
[…] —Es sencillo. Yo voy a describir un estado del sistema nervioso y vosotros sólo tenéis que seguir las sensaciones que se active en vuestro cuerpo, hasta dar con un evento que las haya detonado. […]
Seguir leyendo «La calma que habíamos deseado «—Ay, se me olvidaba. Te tengo que contar lo mejor de hoy.
Su cara se había iluminado.
—Sí, Ama, quiero que cuentes ese cuento —continuó mi hija.
—Es que estábamos jugando a los ríos y no sabes lo que me ha dicho…
“Los ríos” es un juego en el que imaginamos que las baldosas de diferente color son agujeros o torrentes de agua plagados de peligros, por lo que hay que saltarlos.
—La cosa es que saltamos el primero, y Amara me dijo: «¡cuidado, ama, que hay pinchos!».
Yo escuchaba con atención.
—Y luego me dijo: «¡cuidado, que aquí hay pirañas piratas!»; más tarde fuego y caca…
¿Dónde íbamos a llegar?
—Pero luego me suelta la tía, tirándome del brazo: «¡cuidado! ¡¡cuidado!! ¡¡que éste es el peor de todos!!»
—¿Y qué tenía? —pregunté, con inocencia, pensando en qué sería peor que la mierda.
—Aitas “enfadaos”
—interrumpió la cría. Pues nada, que eso, tú sígueme para consejos sobre educación ![]()
Gorka Saitua | educacion-familiar.com
[…] Me resultaba especialmente doloroso que Amara no quisiera pasar tiempo a solas conmigo. Si le proponía dar una vuelta por la calle o ir al parque, me respondía siempre “no, con Ama”, y si Ama no quería o no podía acompañarnos, me tenía que comer un cristo de la pera y, lo que es peor, a la niña triste y refunfuñando hasta la vuelta a casa. […]
Seguir leyendo «Héroe solitario»
[…] Que sí, que la intensidad de las emociones nos descoloca, claro está, pero reducir nuestra capacidad de estar integrados a lo que se siente en el cuerpo —quizás— es un poquito precipitado, ¿no? […]
Seguir leyendo «En contra de la ventana de tolerancia, y a favor de jugar en la mar «
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