Juanito: la restauración de la confianza en el mundo adulto

[…] La cosa es que, además —para acojonarme más si cabe— me cuentan que Juanito es más malo que Hitler con un dolor de muelas. Que se escapa de casa y que se la pela todo; que va por la vida trapicheando, que corta el bacalao, y que amarga la vida a todos los compañeros de clase que no le siguen el juego. Y que tenga cuidado si me quedo con él a solas, porque es impredecible y no tiene freno. Glup. No me jodas. […]

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“Psicopatitas”, una historia de miedo

[…] Y, en el caso de niñas y niños que dejan en suspenso tanto su empatía, como su vinculación con el mundo adulto —si se descartan causas orgánicas de base, como puede ser el daño cerebral adquirido—, suele haber un problema vincular profundo. Es decir, una alteración de las relaciones con las figuras primarias de referencia: una desconfianza radical hacia las personas a quienes deberían aspirar a parecerse. […]

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Liderazgo narcisista contra los juegos de rol 

[…] En los comienzos de las pandillas, hay gente de todo tipo, pero unos destacan sobre otros porque tienen más sed de protagonismo, reconocimiento y poder, y luchan con intensidad para ejercer dominio sobre los demás. Estos personajes, lo sean o no, suelen tener ciertos rasgos narcisistas, y eso es justo lo que les lleva a hacer el esfuerzo necesario para alcanzar ese poder. […] 

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El sentido como criterio de realidad 

[…] Todas las familias tienen una historia que gravita sobre el momento presente, tiñendo de un color o de otro las reacciones que todos los miembros pueden tener, y su mundo interior. Es decir, que el sentido que las niñas y niños dan a los gestos y experiencias con sus padres y madres, es lo que sostiene, en última instancia, la sintomatología que unos y otros puedan padecer. […] 

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Montando el pollo. Fase I: ningún daño sin notificar

Si se han llevado a tu hija o hijo al quirófano sin permitirte estar con él hasta que le haga efecto la anestesia, puedes presentar tu queja a la dirección de tu hospital de referencia.

Que sepas que puedes mandarla por correo electrónico a tu hospital, fotografiando la documentación adjunta. Fácil y sencillo.

No importa que haya pasado hace mucho tiempo. Es importante que estas incidencias se comuniquen para ejercer presión para que la sanidad pública o privadas sean más sensibles con la infancia.

Como sé que en el momento es difícil redactar, tanto por la afectación emocional como por el miedo a atener consecuencias relacionadas con la relación con los profesionales que tratan a tu hija o hijo, aquí tienes un modelo de queja. Lo menos que puedo hacer es quitarte trabajo.

Guardad la respuesta que os den, porque la necesitamos para ir al defensor del paciente o del pueblo.

¡Al turrón!

Surfeando el estrés postraumático: una experiencia en casa 

[…] Desde el primer momento, le encantó la idea. Ahora tocaba montar el drama. La, la, la, vamos por el hospital —cantábamos—, qué tranquilos estamos, ya sabes, hija mía, que no pasa nada, que te vas a dormir conmigo, la, la, la, hola, médico, qué buen día, pues nada, que estamos muy contentos, pero oye, oye, ¡¿Qué pasa?! […] 

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¿Y si montamos el pollo?

[…] Si es tan fácil entender que un extraño nos arrebate a nuestras hijas o hijos y les calce unas hostias, ¿por qué resulta tan complicado a muchos profesionales sanitarios comprender que separar a las niñas y los niños de sus progenitores para someterlos a procedimientos quirúrgicos, es otra forma de maltrato? […]

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Duendes atrapados en el cuerpo: intervención de urgencia ante un potencial trauma 

[…] Recuerdo que hace mucho tiempo trabajé con una niña que tenía también 4 años y, como tú, se despertaba a las noches llorando, pidiendo bracitos de su aita y de su ama, con verdadera desesperación, como si le fuera la vida en ello. También ella había pasado por una operación muy angustiosa, durante la que los médicos la apartaron de su familia y se la llevaron a una habitación muy rara, llena de luces, cacharros y cables, que daba muchísimo miedo. […] 

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Cuando ama se desinfla: la depresión en el corazón de la infancia

[…] Cuando pierde su aire, se queda arrugada y tirada en el suelo. No puede levantarse y la gente la puede pisar, como si fuera un desperdicio. Y yo pienso, maldita sea, levántate, que todos dependemos de ti para estar bien y poder enfrentar el mundo. […]

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