¿Y si montamos el pollo?

[…] Si es tan fácil entender que un extraño nos arrebate a nuestras hijas o hijos y les calce unas hostias, ¿por qué resulta tan complicado a muchos profesionales sanitarios comprender que separar a las niñas y los niños de sus progenitores para someterlos a procedimientos quirúrgicos, es otra forma de maltrato? […]

¿Y si montamos el pollo?

Si es tan fácil entender que un extraño nos arrebate a nuestras hijas o hijos y les calce unas hostias, ¿por qué resulta tan complicado a muchos #profesionales_sanitarios comprender que separar a las niñas y los niños de sus progenitores para someterlos a #procedimientos_quirúrgicos, es otra forma de #maltrato?

El cerebro infantil, sobre todo en edades tempranas, no puede hacer esa diferencia. Por lo que el impacto de una operación —que no deja de ser una agresión hacia su cuerpo—, sin el debido acompañamiento por parte de las únicas figuras que pueden darle seguridad, puede tener el mismo impacto en su sistema nervioso que perdure en el tiempo, desencadenando una sintomatología que, en muchos casos, no desaparece sin un tratamiento específico y adecuado. Es decir, condicionando su desarrollo y su futuro.

La propia Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, obliga a las figuras profesionales no sólo a estar formadas, sino a comunicar a las instancias competentes cualquier forma de maltrato o abuso hacia la infancia, aunque sea una institución la que sistemáticamente lo está ejerciendo. Establece la obligación de la Administración General del Estado de diseñar e implementar protocolos que impidan este tipo de negligencia y maltrato. Así mismo, establece la obligación hacia las Autoridades Sanitarias de detectar los factores de riesgo relacionados con sus propias intervenciones, tratando de erradicarlos.

De hecho, el propio BALORA (el manual que utilizamos los servicios sociales para detectar e intervenir en situaciones de riesgo o desprotección) tipifica el hecho de aterrorizar a la infancia como una forma de maltrato.

Es decir, que lo que se está haciendo estructural y sistemáticamente en muchos de los hospitales de nuestro país, no sólo es dañino hacia la infancia y moralmente reprobable, sino también #denunciable hacia las autoridades competentes.

Reconozco que se me ha calentado la boca. Se me ha calentado porque recientemente hemos sido víctimas de este tipo de #maltrato_institucional y, tras hacerlo público, he recibido multitud de testimonios de personas cuyos hijas o hijos vivieron una situación similar y salieron severamente perjudicados, porque he trabajado con niñas y niños dañados, y porque cuento con la formación y el testimonio de muchas y muchos de mis compañeros terapeutas que saben, de primera mano, el daño que puede hacer en una vida una operación sin el debido acompañamiento.

Nosotros ya no podemos evitarle el impacto a nuestra hija. El daño está hecho. Pero sí podemos hacer algo para que otras niñas y niños no sufran lo mismo, y para que peques y familias no tengan que lidiar con las consecuencias del #estrés_postraumático.

Así que creo que toca alzar la voz. Toca que nos levantemos profesionales, perjudicados y gente sensibilizada, para decir que ya basta. Que las niñas y los niños deben estar en el hospital acompañados EN TODO MOMENTO por sus figuras de referencia, al menos, hasta que hayan perdido la conciencia. Y que deben despertar en su compañía o en sus brazos.

¿Qué?

¿Montamos el pollo? 🐣

Necesito un equipo a mi lado. 🐤🐥🐤🐥🐤


Gorka Saitua | educacion-familiar.com

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