[…] Hace un mes que, por las noches y de vez en cuando, escuchábamos ruidos raros en el entresuelo. A veces, eran arañazos, otras veces roer madera, e incluso alguna vez nos pareció escuchar pequeños grititos. […]
Seguir leyendo «Una rata muerta»
[…] Hace un mes que, por las noches y de vez en cuando, escuchábamos ruidos raros en el entresuelo. A veces, eran arañazos, otras veces roer madera, e incluso alguna vez nos pareció escuchar pequeños grititos. […]
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[…] Un chivo expiatorio es un tercero —o un segundo— que carga con la culpa, y libera de toda responsabilidad a unos cuantos. Pero también es esa persona, grupo, institución, o lo que sea, en quien recae toda la hostilidad, permitiendo al resto sentirse competente en comparación con el monstruo que se ha creado. […]
Seguir leyendo «El mito de expiación en los profesionales que atienden a la infancia»
Sobre la transmisión intergeneracional de la depresión, y alguna pista para no repetir el mismo destino.
Seguir leyendo «La paradoja del cuidador deprimido»
[…] Sin embargo, las personas que disfrutan —sí, “disfrutan”— de un proceso terapéutico, a menudo, tienen una experiencia especialmente grata.
Ocurre el día que reciben, de nuevo, el mismo impacto, pero toman conciencia de que ese dolor no tiene que ver tanto con el torpedo del presente, sino con las gritas que dejó la soldadura durante la construcción del buque en el astillero. […]
Seguir leyendo «Transitar hacia un apego adulto más seguro»
Un educador familiar siempre trata dos casos: las personas a quienes acompaña, y su propio niño herido.
Seguir leyendo «El educador maleducado»Nuestra vulnerabilidad conecta con la experiencia de las personas que sufren.
Sobre el poder auto-regulador del apego seguro.
Seguir leyendo «Dormir bien acompañado»
[…] —Creo que esa sensación la lleváis dentro ambas —intervine de nuevo—. Me refiero a la sensación de que no sois suficientemente buenas, y de que os tenéis que exigir demasiado para estar al nivel que os toca. No sé si lo sentís ahí, pero a mí me está resonando como una pelota negra, fría y enorme, que me presiona en el centro del pecho. […]
Seguir leyendo «La parte abandonada»
[…] En esas condiciones, de no salida, lo normal es que el cuerpo reaccione con un bloqueo. La sensación es de que la mente se separa del cuerpo, para no sentir el dolor que se anticipa o viene. Y que, tras la agresión, se permanezca así un buen rato hasta que, pasado el peligro, puede venir el llanto, que es la forma que tiene el cuerpo de liberar tensión, y de pedir la ayuda y los cuidados que necesita. […]
Pero, ¿qué pasa con las niñas o niños?
Seguir leyendo «Tras la madre que llora por el maltrato sufrido»
Los buenos tratos no se aprenden en los libros, sino en contacto íntimo con personas sabias, fuertes y amables, que sepan y puedan sostener nuestro propio dolor.
Seguir leyendo «El triángulo dramático tras la expulsión de las niñas y niños vulnerados de su escuela | Segunda parte: soluciones»
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