[…] Su hijo, de 4 años, había pegado un manotazo a su abuela. Y, cuando le habían dicho que pidiera perdón, se había negado reiteradamente diciendo que no, que no lo sentía en absoluto. […]
Seguir leyendo «Te arranco la cabeza «
[…] Su hijo, de 4 años, había pegado un manotazo a su abuela. Y, cuando le habían dicho que pidiera perdón, se había negado reiteradamente diciendo que no, que no lo sentía en absoluto. […]
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[…] Pero es que, claro, ¿cómo puede una persona sentir calma o seguridad, cuando esas mismas sensaciones activan una sensación de amenaza o peligro? […]
Seguir leyendo «Núcleos desorganizados en el sistema de apego «
[…] Tengo la hipótesis de que aquí se juntan lo más chungo. Porque, a los niveles de psicoactivación que implica la activación del sistema nervioso simpático, se unen la desesperanza e impotencia características del parasimpático, dejando toda esa energía atrapada en el cuerpo. […]
Seguir leyendo «La ley del silencio: formas de torturar a la infancia «
[…] Un viaje de exploración en el que la persona adoptada es la protagonista. Y ese sentimiento de agencia es, justo, lo que conecta con la competencia relacionada con la propia historia, más allá de lo que pudo ser, lo que fue y lo que tristemente es irreversible o desconocido. […]
Seguir leyendo «La adopción: un viaje de descubrimiento «
[…] Recuerdo un día en el que me pillaron largándome por la calle. Escuché “mira, el cabrón se está yendo”, me hice el loco, me pusieron la zancadilla, me tiraron al suelo y me hicieron una melé tirándose como gorilas todos encima. […]
Seguir leyendo «Bomba de humo: birras, ninjutsu y apego evitativo «
[…] Cuando trabajo con las personas adultas que cuidan de estas niñas o niños, sean educadoras o educadores, docentes o familiares, parto de la premisa de que la coherencia es muchas veces imposible. Máxime cuando estas niñas y niños son especialmente sensibles no sólo a lo que se hace, sino a los estados de ánimo presentes en las personas que tienen el deber de cuidarlos. Y en eso sí que nadie, repito, nadie, tiene control alguno. […]
Seguir leyendo «Visión de la mente, confianza epistémica y… ¿dibujo técnico? «
[…] por muy inseguros o amenazados que nos sintamos, y por muy preponderantes que sean esas sensaciones, siempre podemos detectar en nuestro cuerpo esas zonas que se sienten en calma, seguras, tranquilas y, por tanto, dispuestas a recibir apoyo y cuidados. […]
Seguir leyendo «La puerta de la calma: el acceso a la seguridad en el cuerpo «
[…] Respetarse y quererse a uno mismo es como navegar con una barca pequeña en medio de una tempestad. Hay que agarrar con fuerza el timón, si no nos vamos a pique; pero ese timón no lo sostenemos nosotros, sino las personas que nos protegen y en quienes hemos depositado nuestra confianza. […]
Seguir leyendo «Genealogía de la vergüenza «
[…] Y ahora, cada vez que puede disfrutar de algo, véase un logro, una relación amable o la paz interior, hay un resorte que se activa dentro de ella que activa su respuesta de lucha porque ella no se debe puede relajar, porque relajarse es perderse a sí misma y todo lo que es. Dado que, en ausencia de la lucha que le ayudó a sobrevivir, ella vuelve a ser esa niña pequeña invisible, a la que nadie supo ver. […]
Seguir leyendo «No soy bien «
[…] Todo eso para descubrir que lo que me había estado jodiendo vivo todo este tiempo no eran “los nervios”, “el estrés” o “la ansiedad”, sino la profunda vergüenza asociada a tantos eventos de mi vida que me habían configurado para sentir que nunca, haga lo que haga, voy a ser suficiente, porque el mal estaba hecho y eso no se podía resolver. […]
Seguir leyendo «Cabalgando la ansiedad «
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