Lo que “se da”: fenomenología de la educación familiar 

[…] Porque los fenómenos no se escriben en tablillas de barro para que perduren en el tiempo, sino que se cuentan, se cantan y se bailan en un frenesí dionisíaco, donde las personas, al expresarse, unirse y tocarse, crean y recrean su propia realidad. […] 

Detesto las reuniones de coordinación.  

Qué alivio. Ya lo he dicho.  

Me dan grima por diferentes motivos pero, sobre todo, porque siempre me marcho con la sensación de que he y hemos faltado a la verdad. Pero no por mala fe o estupidez, sino porque “por necesidad” es así.  

Me explico.  

Cuando trasladamos la información a una figura superior, con capacidad de decisión, asumimos intuitivamente el paradigma que llamaremos “científico tradicional”, que opera —válgame la metáfora— como un diccionario: los hechos, los eventos y cualquier aspecto de la realidad, queda constreñido en los conceptos que hemos aprendido en la carrera, en el trabajo, y que sirven para comunicarnos con cierto halo de autoridad.  

Mira como hincho el pecho. Mira tú.  

Y, en una hora, acabamos con la sensación de que hemos hablado de lo humano y lo divino y, si me apuras, incluso nos vamos con un plan de acción.  

Los fenómenos se conciben, así, como algo que podemos y debemos desvelar y conocer. Y cuanto más fiel a la supuesta realidad sea dicho conocimiento, mejor para nosotros y mejor para las personas a quienes acompañamos, porque podremos diseñar unos objetivos, una metodología y unos resultados esperados acordes con su realidad.  

Qué bonito todo. Me dan ganas de ir al campo, coger flores y sonreír.  

Sin embargo, la realidad es algo bastante resistente a nuestros criterios de pensamiento, máxime cuando, como ocurre en esas reuniones, suele estar ausente la curiosidad.  

Y es que los fenómenos —todos, y más los que nos ocupan— no se producen u ocurren, sino que “aparecen” o “se dan”.  

Todas y todos tenemos la experiencia de revisar determinado fenómeno un día y una semana después. Por ejemplo, la agresión de una niña o un niño a un progenitor. Y seguro, bueno, casi seguro, que la explicación y la vivencia del mismo es muy diferente en uno u otro lugar temporal.  

No te digo ya si preguntamos por ahí.  

¿Qué ha pasado, entonces? 

Creo que era Wittgenstein quien decía que el lenguaje transciende el diccionario. Que el significado de una determinada palabra o frase no pasa por la definición que contiene el mismo, sino por el conjunto de usos o interpretaciones que las personas les “dan”.  

Pues bien, con los fenómenos que estudiamos en intervención educativa familiar pasa un poco lo mismo. Es una movida. Porque la realidad no es sino la acumulación de narrativas, significados, percepciones y usos que las personas implicadas dan a una misma realidad, en diferentes momentos, según su estado de ánimo, el conocimiento que tengan de los hechos, los valores que quieran defender, las formas de buscar seguridad, etc.  

Es decir, que la realidad ni es simple, ni es estable, ni está al alcance de alguien tan limitado como yo, que sólo puede ver una parte muy pequeñita de lo que ocurre, normalmente muy mediatizada por los hechos y las expresiones, es decir, por lo que “se ve”.  

Quizás debamos ir erradicando, poco a poco, la metáfora del diccionario y, con ella, la idea de que tenemos enfrente una realidad inamovible que se puede comprender y dominar, y empezar a ver nuestra profesión con otros ojos, como un cuento que está por componer, en el que se ha escrito con determinadas palabras el inicio de la historia, pero en el que, incluso eso, se puede modificar. Porque contamos con una goma y un lápiz que funciona a la perfección, porque depende de nuestra plasticidad cerebral.  

Son, además, un lápiz y una goma que podemos prestar a las personas de nuestra confianza para que revisen, ajusten o escriban sus propias historias al margen, para que luego, con cariño, con rabia, con miedo o con ternura, las puedan incorporar. Donde, quizás, el relato no esté tanto guiado por nuestro afán de conocer y explorar, sino por la voluntad de crear algo bello con lo que ha acontecido y lo que, de nuevo, “se da”.  

Porque los fenómenos no se escriben en tablillas de barro para que perduren en el tiempo, sino que se cuentan, se cantan y se bailan en un frenesí dionisíaco, donde las personas, al expresarse, unirse y tocarse, crean y recrean su propia realidad.  

Nuestro objetivo no es, en consecuencia, aportar la lupa, el libro de texto o la llave inglesa; sino iniciar la música para que la comunidad empiece a tocar a su ritmo y bailar. Dejando que las historias fluyan y encuentren un sentido más o menos integrador, que permitan nuevas cotas de comprensión en el placer.  

No me digas que no. Hay un verdadero placer en ver las cosas así. Como un jipi con su perro pulgoso. Pero más placer hay en encontrarse con otros profesionales que lo sientan así.  

¡Levantad la mano! 

Sé que estáis ahí.  


Para profundizar en las ideas de la fenomenología:  

Stéphane Vinolo – Jean-Luc Marion – AF 2 

Introducción Husserl 

El ser y la nada, pt. 1/8 


Gorka Saitua | educacion-familiar.com 

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