Mecanismos camaleónicos de evitación 

[…] La cosa es que reconocerse como una persona afectada por el trauma, cambió la mirada hacia la ansiedad. Ahora, esas sensaciones tenían un sentido y había un camino para recorrer: volver a esa consulta médica maldita, en la que uno se sintió morir, y tratar de incorporar al recuerdo el trato que necesitaba o le habría gustado tener. Y más en concreto, la mano amiga de su mujer. […] 

Los mecanismos de evitación son camaleónicos. Pueden DISFRAZARSE de formas de conexión. Ésa es una de las razones por las que resultan tan confusos y peligrosos.  

Gorka —anda, hostia, si soy yo— lleva una semana padeciendo ANSIEDAD.  

Como curra en estas cosas, sabe que la ansiedad no es más que miedo a ponerse nervioso, y que las soluciones que automáticamente se ponen en marcha, son precisamente las que agravan el síntoma. Por eso, entiende que debe atender a la hipervigilancia de su sistema nervioso porque, cada vez que mira hacia su interior en plan “a ver qué tal estás”, la ansiedad aparece y se hace más y más grande, bloqueándole y rompiendo su FRENO VAGAL.  

Llamamos freno vagal a la capacidad del sistema nervioso de regresar el estado de calma y seguridad (estado vagal ventral), normalmente relacionado con las experiencias de conexión, cuidados y buen trato que se puedan o se hayan podido tener. 

Distraerse no es una solución, porque, en ausencia de acompañamiento, las sensaciones quedan bloqueadas en el cuerpo, agazapadas, esperando el momento oportuno para desbordarse, como un botellín de cerveza al que se le ha golpeado el culo con la mesa.  

Pero tratar de anular la hipervigilancia no sirve tampoco para nada; es como obligarse a no pensar en un elefante rosa, cuanto más esfuerzo se pone, más presente se hace, en un bucle paradójico que introduce más tensión en su sistema nervioso, liberando esas sensaciones abrumadoras que define como ANSIEDAD.  

Ay, cosita.  

No os voy a dar la chapa con esto, pero sí quiero decir que siente que lo ha intentado todo y que quizás se quede así, atrapado para siempre con unas sensaciones abrumadoras que le impiden funcionar con normalidad.  

Acojono guapo.  

Lo que no sabía hasta ayer es que esa hipervigilancia HACIA DENTRO, que le hacía pensar que estaba conectado con las sensaciones de su cuerpo, era en realidad otro intento de evitación o desconexión.  

¿Comorrrlll? 

Pues sí. Porque estar centrado en lo que pasa dentro de uno mismo, es una forma de evitar lo que duele en el contexto interpersonal. Y a menudo, necesitamos a los demás para activar ese FRENO VAGAL que nos ayuda a regularnos cuando nuestros recursos han hecho tope y no pueden más.  

Ayer, nuestro amigo Gorka, tuvo un insight. Y se dio cuenta de que tenía todos los síntomas relacionados con el estrés postraumático: desde una activación del cuerpo que parece disociada de la realidad, hasta flashbacks recurrentes que no asociaba al trauma, porque lo que le había pasado, claro, no había sido importante y no le tenía que afectar.  

Modo ionía off.  

Joder, colega, una semana para darte cuenta de esto. Tú sí que eres un experto en trauma, oletushuevosmorenos. Mejor pones una tienda de mejillones y pelillos a la mar.  

La cosa es que reconocerse como una persona afectada por el trauma, cambió la mirada hacia la ansiedad. Ahora, esas sensaciones tenían un sentido y había un camino para recorrer: volver a esa consulta médica maldita, en la que uno se sintió morir, y tratar de incorporar al recuerdo el trato que necesitaba o le habría gustado tener. Y más en concreto, la mano amiga de su mujer.  

Estar allí, ahora acompañado de verdad, hizo brotar el llanto. Pero un llanto que salía desde las tripas, liberando un estrés acumulado en el cuerpo que lo relajó, dejándolo como un montón de gelatina añil, el color de la tristeza más profunda que uno puede sentir. Pero la ansiedad había desaparecido, dejando un mensaje en la mesa, diciéndole que descansara, que se dejara estar allí.  

Y allí estuvo un buen rato, conectando con lo importante que seguía siendo para él su mujer y su hija, quizás, las únicas personas que podían reconfortarle en un momento así, con un abrazo, con una mano en el pecho, con un beso, a saber, con todas esas cosas que evitaba para no preocuparles mostrándose vulnerable, como el niño que es.  

Y en esta tristeza, en la que estuvo el día entero, pudo expresar lo que más le preocupaba y más le dolía. Que sentía que se estaba separando de ellas, fallando como marido y padre, y que las necesitaba más que nunca para recuperarse, porque sólo no podía y acompañado sabía que sí que podía ser.  

Porque ellas son su FRENO VAGAL VENTRAL, y las necesita para sobrevivir.  

Porque, a menudo, el trauma se supera sólo pidiendo ayuda y con el BUEN TRATO que se articula en la relación con las y los demás.  

Hoy Gorka ha tenido un sueño relajado y reparador. Aunque se haya despertado con los ojos hinchados por la tristeza, como un pez de tres colas, sus piernas han respondido bien.  

Ojalá sepa mantenerse en esa postura que le resulta tan complicada. Pidiendo ayuda para llorar, y dejándose querer.  


Gorka Saitua | educacion-familiar.com 

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