Fantasías agresivas: la intromisión del trauma en la mente en desarrollo

[…] Estas fantasías agresivas, que contienen horrores para una mente infantil y el desarrollo, no pueden ser integradas en la experiencia habitual de las niñas o niños, que necesitan, al menos, mantener parte de su autoestima intacta para funcionar de manera funcional en las relaciones con los otros, los amigos, los profesores y su familia. […]

Muchas niñas y niños vulnerados tienen fantasías agresivas. 

Iba a poner “fantasías perversas” pero el término perversión parece que conlleva el deseo y la intención de hacer daño; y casi nunca es el caso. 

Por fantasías agresivas entendemos imágenes o voces recurrentes que asaltan su mente, la invaden y la colapsan como monstruos sobre los que no se tiene ningún tipo de control. 

Parecen tener vida propia. 

La muerte, la agresión sexual, la destrucción, el sometimiento, la ideación suicida, la agresividad más brutal, aparecen en momentos de estrés y malestar, cuando su mente tiene menos capacidad para mirarse y regularse a sí misma. Pero no es extraño que ocurra eso. Los impulsos agresivos difícilmente pueden resolverse con cuidadores maltratantes que, además de alimentar el estrés y el odio, impiden que la rabia —la emoción que ayuda a hacer valer los propios límites— pueda canalizarse hacia las personas que dañan. 

Hacerlo implica el riesgo de ser maltratado, rechazado o abandonado. Y el ser humano, al ser un animal social, y su mente, sólo pueden sobrevivir como parte de su manada. 

Estas fantasías agresivas, que contienen horrores para una mente infantil y el desarrollo, no pueden ser integradas en la experiencia habitual de las niñas o niños, que necesitan, al menos, mantener parte de su autoestima intacta para funcionar de manera funcional en las relaciones con los otros, los amigos, los profesores y su familia. 

La niña o el niño se encuentra entonces en una encrucijada. Puede que esas fantasías se le impongan como SU SER, renunciando a [casi] toda empatía, y desarrollando un trastorno de la personalidad grave con tintes antisociales, o de otro tipo; que le pueda este mundo interior y se CONFUNDA con lo de fuera, desarrollando una psicosis; o que las niegue, las esconda, las encapsule haciendo mucha fuerza, en un lugar muy cerrado de su mente, activando procesos DISOCIATIVOS.

Vale, hay otras opciones, pero no me quiero liar con eso. 

La disociación es la última defensa de la autoestima, la empatía y la propia identidad. Permite a las niñas y los niños funcionar con aparente normalidad, olvidando que esas partes suyas, agresivas, hostiles, feas y frías, existen. Pero pasa una factura tremenda. 

El primer coste es el AGOTAMIENTO del sistema nervioso. Estar todo el día pendiente de que eso, turbio, sucio, horrendo, no salga, implica un desgaste tremendo. Impide al organismo descansar, con el añadido de que siempre hay algo, una palabra, una imagen, una sensación, que se escapa del control e invade con fuerza. 

El segundo coste es la VERGÜENZA. Por mucho esfuerzo que hagan, siempre hay barro que se cuela. Y ese pequeño barro mancha el alma como litros de alquitrán, al recordarles que, por mucho que se esfuercen en aparentar los contrario, NO SON BUENOS

El tercer coste es la RELACIÓN con los otros. Que es la consecuencia inmediata de vivir sobrepasados, sintiéndose una mierda. Que una o uno evita conectar porque no se siente DIGNO de afecto y empatía sinceras. Esa conexión amorosa se vuelve insoportable porque, de una u otra manera, recuerda el horror que llevan dentro. 

El cuarto conste es la congelación del DUELO. Hacer un duelo requiere una actitud autocompasiva hacia una o uno mismo —esto es, una mirada cálida hacia lo que son y lo que han vivido—, además de sentir que las cosas se han hecho medianamente bien, sin que haya interferencias de la vergüenza o la culpa. 

Las niñas o niños vulnerados difícilmente pueden acompañar el dolor o la muerte de un ser querido. En lo más profundo de su corazón albergan la sensación de que no son suficientemente valiosos para estar presentes y acompañar un momento tan trascendente para la persona a la que quieren, y a su familia. 

El quinto coste son las EMOCIONES, que son el radar que nos mantiene conectados al mundo. El mundo emocional se convierte en sinónimo de peligro, cuando conectar con el cuerpo, con las sensaciones que evoca su sistema nervioso, es un riesgo de que aparezca lo que sienten como la parte más detestable de sí mismos. 

El sexto coste es el AUTOMALTRATO. Es decir, una vida interna basada en la necesidad de controlar lo que se percibe y lo que se siente, por encima de otras cosas. El sobreesfuerzo para someter una parte de ellas y ellos terriblemente poderosa, que reacciona con fuerza e inmenso poder cada vez que se le planta cara. 

«Soy un desastre.»

«No valgo para nada.»

«Nadie me va a querer.»

«Estaré siempre sola.»

Son frases que se dicen una vez pero permanecen atrapadas en el tiempo. 

Y hay otros muchos, pero no quiero ser pesado. 

Pero, quizás, lo peor de todo es que irremediablemente acaban sucumbiendo un CÍRCULO VICIOSO, porque se da la paradoja de que, cuanto más desean ser diferentes, cuando más se esfuerzan por controlar su supuesta maldad, cuanto más se implican en ser buenas chicas o buenos chicos, más se recuerdan que no lo son, maximizándose la sensación de vergüenza. 

Hay muchas formas de romper este círculo vicioso, pero todas ellas pasan por lo mismo: por una mirada apreciativa, afectuosa, que se sostenga firme en el tiempo. Que, a pesar de lo que ellos puedan sentir, mire más allá de su conducta, y les perciba no como SI FUERAN esas fantasías, sino como personas que desean tratar bien a los demás LIDIANDO CON ELLO.

Porque, a fin de cuentas, esas fantasías NO SON ELLAS ni ELLOS. Son impulsos naturales que surgen y se alimenten en relaciones de negligencia, abuso o maltrato, y que tuvieron que expresarse en la fantasía porque el mundo real no estaba preparado. 

Ojalá hubieran podido cumplir su función. Seguro que les hubiera ayudado. 

Anabel González lo cuenta de manera estupenda. Gracias.

Referencias:

BARUDY, J. (1998). El dolor invisible de la infancia: una lectura ecosistémica del maltrato familiar. Barcelona: Paidós Ibérica

CYRULNIK, B. (2013). Los patitos feos. Barcelona: Debolsillo

GONZÁLEZ, A. (2017). No soy yo. Entendiendo el trauma complejo, el apego, y la disociación: una guía para pacientes y profesionales. Editado por Amazon


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es image.png

Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, puedes ponerte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s