Escalofríos, suspiros y bostezos: hacia la regulación ventral

La verdad es que nunca había sido consciente del poder regulador de los bostezos. Para mí, eran un síntoma de sueño o cansancio, nada más. 

Recuerdo que, hace muchos años, tuve una conversación con mi padre. 

Es pediatra y, para mí, siempre lo ha sabido todo. Así que suelo recurrir a él cuando tengo alguna curiosidad. Sin embargo, esta vez, no pudo ser. 

—Aita, ¿para qué sirven los bostezos?

—Pues, la verdad, hijo, es que no lo sé. Puede que ayuden un poco a oxigenar el cuerpo, pero no lo sé. 

Hostia. Qué movida. 

Hace unos días, estaba una una de mis sesiones de terapia, tratando de poner cierto orden a mi sistema nervioso. Entonces, la terapeuta me preguntó: 

—¿Qué te pide el cuerpo ahora? 

—Pues, si te soy sincero, bostezar. Pero me da palo hacerlo delante de ti. 

A fin de cuentas, oye, bostezar delante de alguien transmite aburrimiento y desinterés hacia esa persona, ¿no?

—Pues hazlo, hombre —me dijo—. Yo bostezo mucho durante las sesiones, y sienta genial. 

Como estaba conectado con el cuerpo, me dejé llevar. Me salió un bostezo de oso que implosionó la habitación, dejando un vacío sobrecogedor. 

Un vacío en mi pecho, digo, donde antes había una angustia que se resistía a salir. 

—Joder, tía, qué bien me ha sentado —dije, mientras me recolocaba en el sillón. 

«Se lo voy a decir a mi padre», pensé con maldad. «Esta vez la lección te la doy yo, jódete.»

La verdad es que nunca había sido consciente del poder regulador de los bostezos. Para mí, eran un síntoma de sueño o cansancio, nada más. Pero, si lo piensas, tiene todo el sentido del mundo, porque implican una inspiración rápida (breve activación simpática), cierta contención del aire, y una exhalación prolongada y audible (activación vagal ventral). Si te fijas, además, hay cierta contracción muscular en la primera fase, y una gozosa relajación al terminar, a menudo acompañada de escalofríos u otras válvulas que permiten liberar la tensión del cuerpo. 

Esa experiencia, sencilla pero intensa, me ha llevado a explorar otras sensaciones que desactivan los núcleos de dolor del cuerpo. Por ejemplo, los escalofríos. 

Tengo cierta tendencia a sentir escalofríos. Y, si me apuras, diré que incluso la capacidad de provocármelos de manera voluntaria. Pero siempre lo había considerado una capacidad friki, curiosa, pero que no me va a dar dinero ni hacer triunfar en el circo, ya sabéis. 

Sin embargo, ahora lo veo como algo genial, oye. Porque he tomado cierta conciencia de lo importantes que son para mi cuerpo. De cómo barren, como un chorro a presión, el malestar que pueda sentir, siempre y cuando los acompañe con cariño, y con agradecimiento por lo que van a provocar dentro de mí. 

Quizás nos toque poner más en valor estas SENSACIONES BARRENDERAS, que se llevan la suciedad y la colocan en un lugar mejor, ¿no creéis? Porque, auizás, en nuestra cultura actual, heredera del racionalismo platónico y cartesiano, que disocia las experiencias del cuerpo y de la mente mente, hace falta cierta compasión que las permita integrar. 

Y así, dicho esto, que no es poca cosa, cierro y me voy con mi hija, que me acaban de chivar por el móvil que se acaba de despertar, no sin antes dejar una pregunta para joder y estimular la curiosidad… 

¿Qué impacto crees que pueden tener estas ideas en tu forma de criar?

Gracias por tu curiosidad. 

Este artículo ha suscitado diferentes opiniones en contextos profesionales. Sigo defendiendo mi criterio pero, para ser justo con los lectores, debo señalar que las hipótesis que lo sustentan no están suficientemente validadas, y que pueden generar dudas razonables. 

Referencias: 

DANA, D. (2019). La teoría polivagal el terapia. Cómo unirse al ritmo de la regulación. Barcelona: Eleftheria

SIEGEL, D. y HARTZELL, M. (2012). Ser padres conscientes. Barcelona: La Llave

LEVINE, P. A. y KLINE, M. (2017). Tus hijos a prueba de traumas. Una guía parental para infundir confianza, alegría y resiliencia. Barcelona: Eleftheria


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

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Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, puedes ponerte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

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