Quédate así

Transitar la emoción implica mirarla con curiosidad, sentirla con la intensidad que merece, y decidir de acuerdo con la experiencia que acabamos de tener.

¿Os ha pasado alguna vez?

A mí hace poco, y no es la única vez que me ocurre.

Estaba en la cama, distraído, haciendo scroll en una red social cuando, de repente, sentí que se me llenaba la garganta.

Ni siquiera era muy consciente de lo estaba leyendo, pero me llegaron bocanadas de tristeza. Entonces, situé la atención en lo que estaba leyendo.

Era una publicación breve, creo que de una página que se llama “La crianza con apego es mi forma de cambiar el mundo” que explicaba, con palabras muy bonitas y acertadas, que en algún momento echaremos de menos las pataletas, los abrazos, la suciedad de la casa, y que nuestras hijas o hijos nos llamen hasta la extenuación. Concluía que, entonces, emprenderán una vida independiente, con una mochila cargada [sólo] del amor que les hayamos podido dar.

Disculpad si no soy del todo fiel al contenido, pero no lo he sabido recuperar.

Leí el texto con atención varias veces, situando la atención en las sensaciones que se producían en mi cuerpo, con curiosidad, sin pretensiones, dejándolas fluir.

A veces, mi mente trataba de reprimir lo que estaba sintiendo, empujándolo al fondo, fuera de mi conciencia. Otras veces, me pedía seguir dándole al dedo, y poner la atención en otro tipo de publicaciones, menos emotivas. Sin embargo, me dije a mí mismo que podía confiar en esas sensaciones porque, si habían aparecido, es que tenían algo interesante para mí.

La emoción palpitaba en mi garganta. A ratos se hacía pequeñita y llevadera, y a ratos dolía ahí, haciéndome apretar los dientes en una sonrisa contenida.

Lloré. Y lo hice con gusto y con ruido, ocultando mi cara en una toalla para no generar alarma y que nadie interrumpiera ese momento tan importante.

Mientras lloraba, vino a mi cabeza ese momento mágico, antes de dormir, en el que mi hija, mi mujer y yo, nos relajamos juntos en la cama. La pequeña, de ahora apenas dos años, suele hacer tonterías y corretear sobre nosotros, pisándonos y riendo cuando exageramos nuestras quejas de dolor. A veces, se sube a mi barriga —que es muy grande— y de deja caer de culo, y yo gruño y simulo que me ha hecho vomitar. Se parte, la tía.

Luego, recordé muchas de las aventuras que corremos juntos. En el mar, buscando moras e higos, explorando el bosque de las ardillas, o cazando cangrejos que, cuando sentimos un poco cansados, devolvemos a la piedra donde viven, para que puedan descansar.

Y sentí en todo el cuerpo que no quería que esos momentos pasaran. Que siempre fuera así. Pero también pude sentir el paso inexorable del tiempo, y que algún día me tendría que despedir de esta hija, y recibir con un abrazo a la niña mayor en la que se iba a convertir.

Pensar en ello me hacía estallar de tristeza. Y esa tristeza se aliviaba, poco a poco, en la congoja del llanto.

No quiero que te vayas. Me gustas muchísimo así.

Pasado un rato, me dije que algo tenía que hacer. Que, si de verdad amaba tanto a mi hija y este momento de su vida, tenía que tomar una decisión que nos haga sentir bien. Y me propuse, desde lo más profundo de mi cuerpo, que iba a tratar de pasar el máximo tiempo con ella durante mis vacaciones estivales. Qué narices. Para una vez que podíamos pasar tiempo juntos, lo íbamos a disfrutar.

La tristeza había desaparecido. Mi cuerpo se sentía aliviado, y mi mente segura, con la certeza de que las cosas iban a ir mucho mejor.

Referencias:

BARUDY, J. y DANTAGNAN, M. (2009). Los buenos tratos a la infancia: parentalidad, apego y resiliencia. Barcelona: Gedisa

GONZÁLEZ, A. (2020). Lo bueno de tener un mal día. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor. Barcelona: Planeta

NARDONE, G. (2009). Psicosoluciones. Barcelona: Herder

PORGES, S.W. (2017) Guía de bolsillo de la teoría polivagal: el poder transformador de sentirse seguro. Barcelona: Eleftheria

En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

Gorka Saitua

Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

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