Proteger explorando los límites del peligro 

¿Te las planteado los beneficios de dejarles explorar la frontera entre la seguridad y el riesgo? 

Ayer mi hija de 15 meses y yo caminábamos por la calle. Yo delante y ella detrás, modo pollito.  

De repente, algo llamó su atención al otro lado de la calle, giró noventa grados, y se dirigió en hacia el bordillo de la acera. Apenas se movió, le cogí de la mano y le dije con firmeza ¡cuidado!, adivinando sus intenciones.  

Me quedé pensando un rato sobre cómo había actuado. Y tras darle un par de vueltas, decidí que no me había gustado demasiado lo que yo había hecho.  

Cuando les protegemos sin que hayan podido explorar el peligro, les estamos trasladando un miedo que no pueden situar en un lugar concreto y conocido.

Tiempo después, caminábamos por una zona ajardinada, en busca de moras. La rama de una zarza enorme se cruzaba en nuestro camino. Visto el peligro, me agaché frente a ella, y le dije:  

—Mira, Amara —le advertí, señalando el peligro— es una rama con “muchos pinchas”, hay que tener cuidado porque podemos hacernos daño.  

Me miraba fascinada.  

—Sí, mira —acerqué el dedo a la planta—. ¡Ay! ¿Ves? Hace mucho daño.  

Ella se quedó mirando a la rama ensimismada. Al poco tiempo, acercó su dedito. Pero no la tocó. Me miró y dijo «¡Apú!», que es lo que repite cuando algo le interesa.  

—¡Cuidado! —repetí—, tiene “muchos pinchas”. Mira ¡Aaaaay! ¡Aaaaay! —dije, teatralizando mucho.  

Ella acercó más su dedito. Pero el mensaje había calado. Eso no se podía tocar, porque podía hacer daño.  

Pasamos unos minutos así, frente al peligro. Ella acercándose al abismo, seducida por el riesgo. Y yo a su lado, sin hacer nada; flipando en colorines.  

Sentí —y luego pensé que ella se merecía más experiencias de este tipo: explorar los márgenes del peligro. A fin de cuentas, es una oportunidad excelente para que integre dónde están los límites y para que sienta la seguridad necesaria para enfrentarse a algunos retos.  

Las madres y los padres primerizos tendemos a anticipar demasiado los riesgos. A frenar a los niños y las niñas incluso antes de que se acerquen a lo que puede causarles daño. Así hacemos dos cosas: les dejamos con la sensación de que el mundo es un lugar peligroso, en el que ellos no tienen ningún control sobre él; y les evitamos el placer y la seguridad que les proporciona explorar los límites y los alrededores del peligro.  

La vida me dio la oportunidad de remendar el “descosío”. Porque, al poco rato, Amara se volvió de despistar al ver un perrete, y salió detrás suyo, directa a la carretera. Me hice fuerte y me dirigí tras ella, situándome a distancia de seguridad, sin tocarla. Se acercó al bordillo, frenó, señaló al animal, me miró, y dijo «¡Apú! ¡Apú! ¡Apú!», e inmediatamente me echó los bracitos.  

Sin duda, era su forma de pedirme ayuda para enfrentar ese peligro.  

Yo quiero que pueda hacer eso toda su vida. 

Dejemos que se protejan solos, y habrá menos riesgo 


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

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