[…] Mis muros no nacieron con piedras. Tampoco con zanjas que hiciesen las veces de cimientos. Nacieron de la invasión y la impotencia. […]
Seguir leyendo «La fortaleza»
[…] Mis muros no nacieron con piedras. Tampoco con zanjas que hiciesen las veces de cimientos. Nacieron de la invasión y la impotencia. […]
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[…] tenemos una tendencia vital marcada por nuestro instinto de protección […], y por la gestión que podemos hacer de nuestro propio deseo. Un deseo que no es del todo libre, sino que nace de una o varias faltas y de cómo éstas se relacionan con los códigos que impone el entorno. […]
Seguir leyendo «La paradoja del destino»
[…] —Cuida de ella, cultiva vuestra relación y, sobre todo, observa —dijo el anciano con voz firme, y se marchó a podar un manzano, con unas tijeras gigantescas, dejando un silencio conmovedor entre ellos. […]
Seguir leyendo «La niña que recuperó su voz»
[…] Esa razón de fuerza mayor no suele ser que la madre o el padre los tenga muy gordos. No suele bastar con eso. Normalmente, suelen ser motivos relacionados con la supervivencia, es decir, que la infancia parentalizada suele sentir que, de no cubrir las necesidades de cuidado en los otros, puede acontecer algo terrible o alguien puede perder la vida. […]
Seguir leyendo «Parentalización, enfermedad y sacrificio»
[…] En la historia de la gente que ha sufrido acoso, los grandes héroes, las grandes heroínas, no lideran ejércitos, ni tienen superpoderes. No visten calzoncillos por encima de las mallas, ni llevan capa. No se necesita demasiado coraje para salvar una vida. […]
Seguir leyendo «No se han inventado»[…] El crítico interno tiene dos facetas. Por un lado, nos recuerda todas las cosas que hacemos regular o mal, llenándonos de energía para que tengamos fuerzas para enfrentar todos estos retos; pero, por otro, nos repite todo lo que hacemos especialmente bien en relación a los demás, colocándonos en un pedestal e inflando nuestro orgullo más superficial. […]
Seguir leyendo «El crítico interno: un encuentro que no se puede evitar»
[…] Por eso, las personas nos vemos obligadas a dar una respuesta a esta complejidad. Y tiene que ser una respuesta ajustada, porque no vale que veamos lo chungo, pero tampoco vale que lo ignoremos. Tenemos que protegernos sin anularnos. ¿Es posible? […]
Seguir leyendo «Irracionalidad contra el caos y los peligros del mundo «
[…] Pero el contacto con esas tinieblas no es baladí, e impone un proceso de transformación. El futuro maestro (o maestra), que ha sido forzado a vagar por ahí, se impregna del hedor de la ciénaga, se mancha con el barro pútrido, y se obliga a comer los restos de animales que se han ahogado allí. Y es esa experiencia, de contacto con las sombras, la que marca una diferencia con los demás, haciéndole sentir especial. […]
Seguir leyendo «La narrativa del maestro: el talismán que promete la restauración de la dignidad «
[…] Recuerdo que hace mucho tiempo trabajé con una niña que tenía también 4 años y, como tú, se despertaba a las noches llorando, pidiendo bracitos de su aita y de su ama, con verdadera desesperación, como si le fuera la vida en ello. También ella había pasado por una operación muy angustiosa, durante la que los médicos la apartaron de su familia y se la llevaron a una habitación muy rara, llena de luces, cacharros y cables, que daba muchísimo miedo. […]
Seguir leyendo «Duendes atrapados en el cuerpo: intervención de urgencia ante un potencial trauma «
[…] Nos olvidamos de que, a menudo, los síntomas que desarrollan las niñas, niños y adolescentes en el contexto familiar cumplen la función de darles seguridad en otros contextos, sobre todo, si hay figuras que deben cumplir un rol semejante a las figuras de apego. […]
Seguir leyendo «El paralelismo entre los síntomas familiares y escolares: otra forma de intervenir»
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