“Rabieta”: una palabra que hace daño | infografía

No me gusta nada la palabra “rabieta”. Creo que es un término que nos aleja de nuestros hijos e hijas, y que nos predispone a tratarlos mal o hacerles daño.

Ana está con su hija María, de 4 años, en el supermercado. De repente, María coge un paquete de caramelos. Su madre le dice que no se lo va a comprar, porque ya es tarde y si los come no tendrá hambre en la cena.

María rompe a llorar con rabia aparente, y se lía a golpes y patadas con todo lo que encuentra.

Para empezar, nos remite a la rabia, que es una emoción que, aunque tiene funciones protectoras, implica desconexión y, en menor o mayor grado, cierta agresividad.

Por eso, si identificamos lo que le ocurre a él o a ella como “rabia”, es muy probable que nuestro cuerpo pida distancia o nos predisponga al enfrentamiento, y esa actitud “visceral” seguramente empeore las cosas.

Incluso asumiendo que sea rabia, no es lo mismo hablar en esos términos, como de enfado, frustración, impotencia, necesidad de protección, etc. Si estás conectada o conectado con la lectura y contigo mismo, habrás notado que, según cual sea la palabra que estés leyendo, tu cuerpo te motiva a actuar de diferente manera.

Además, “rabieta” no deja de ser un término —si me permitís decirlo—, algo despectivo. Mirad. Si decimos “rabia”, suena fuerte, importante. Pero ¿cómo suena “rabieta”? Yo diría que nos invita a quitar importancia a lo que pasa, a decirnos a nosotras y nosotros mismos “bah, son cosas de niños”, y dedicarnos a otra cosa.

A mí me gusta mucho más el término “desbordado”, o como propone Daniel J. Siegel, “secuestro emocional”, que hacen referencia a ese estado en el que las emociones son tan fuertes que superan la capacidad de contención del córtex prefrontal, y nos vamos sin remedio al caos o la rigidez, limitándose nuestra la capacidad para atender, pensar y situarnos en el lugar de los demás.

Verlo así, nos invita a pensar qué hay detrás de ese enfado aparente. Activa nuestra curiosidad, y se calma nuestro cerebro reptiliano.

* Nota para frikis: cuando digo “cerebro reptiliano”, no me refiero a esa raza extraterrestre que se mimetiza con nosotros y que nos domina a través de un gobierno en la sombra, sino a una de las partes más primitivas del encéfalo, compuesta, entre otras estructuras, por la amígdala, que nos predispone a una respuesta rápida cuando aparece el miedo. Cierro paréntesis con un guiño y una sonrisa 😜

Porque la “rabieta” de María en el supermercado, puede explicarse de muchas formas. Hagamos un ejercicio de imaginación.

Podría ser que:

[…] María va a pasar mañana su primera noche fuera de casa. Su madre tiene un trabajo nuevo que le obliga a un horario nocturno. Por eso, se va a quedar a dormir en casa de sus abuelos. Para ella, que es muy pequeñita, y está acostumbrada a dormir con su madre, es un reto formidable: le da mucho miedo y vergüenza hacerse pis, o despertarse con una pesadilla, sola, en medio de la noche. Cuando su madre le habla de la cena, recuerda que es la última que va a hacer con su amatxu, y le puede el miedo. Por eso se desborda, pidiendo ayuda a gritos. O… […]

[…] Ana y el padre de la niña, discutieron ayer mucho a la hora de la cena, porque no estaban de acuerdo sobre cómo hacer para que la niña se comiese la ensalada. En el contexto de esa discusión, él amenazó a ella con marcharse de casa. Y para regularse mejor, se fue de casa a dar un paseo, justo antes de que María se fuera a la cama. María está asustada, porque siente miedo a que su padre le abandone. Cuando Ana le habla a María sobre la cena, siente miedo a que su padre se marche y una gran culpa porque se cree responsable de lo que ha pasado. O… […]

[…] María ha pasado un día muy malo en la guardería. Se ha peleado con varios compañeros, y su profesora le ha castigado con “tiempo fuera”. Para ello, eso ha sido muy doloroso, porque es la primera vez que le reprenden en público. Se ha ido a casa con la sensación de ser torpe y una niña mala, y lo que es peor, con su sistema nervioso hiperactivado. Así que, cuando su madre le ha negado las golosinas, ha estallado todo su malestar, lo cual, no es sino la consecuencia de la confianza que tiene de que su madre, por fin, la podrá entender y calmar.[…]

Podría ser una de estas tres cosas, las tres a la vez, u otra en la que todavía no hemos pensado. Pero lo que está claro es que cada relato nos invita a actuar de manera diferente. Y esas actitudes, más que las palabras o decisiones, es lo que va a condicionar que nos sintamos más cerca o lejos de ella.

Dejemos de hablar de rabietas. Lo que pasa a nuestros hijos e hijas cuando se desbordan o sufren un secuestro emocional, no es un capricho ni una tontería.

Es importante y nos necesitan.

Educación_Familiar_Rabieta


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

2 comentarios en ““Rabieta”: una palabra que hace daño | infografía

  1. Pingback: Un vals con las rabietas

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