5 pasos para que los profesionales no nos convirtamos en un problema para los demás

 

Enactuamos cuando llegamos a un ajuste o equilibrio con las personas con quienes trabajamos, de manera que todos y todas nos sentimos muy a gusto. Cuando nos acabamos dando unos a otros lo que necesitamos para permanecer en nuestro círculo de seguridad. Enactuar es peligroso porque perdemos de vista la finalidad de nuestro trabajo: acompañar en la búsqueda y el encuentro de un mayor bienestar.

5 estrategias para no caer en esa trampa. Aquí abajo.

Una de las cosas que me sirven mucho para autorregularme y controlar estas enactuaciones, es hacer explícito mi mundo interior. Y decir claramente a la persona con quién estoy trabajando qué es lo que necesito para encontrarme mejor.

Hablar sobre me ocurre baja automáticamente la intensidad de la emoción. Y, sabiendo que esta emoción es el resultado de la relación con la persona que tengo en frente, me reconforta saber que esta persona acepta, de alguna manera, que influye en mi bienestar emocional.

Además, entiendo que este tipo de conversaciones, en las que se habla de “lo que ocurre entre nosotras/os” tienen un gran potencial reparador.

Todos y todas las profesionales enactuamos. La clave no está en evitarlo, sino en darnos cuenta y saber reconducir la situación.

Para ello, la clave es no permitir que las emociones sobrepasen mi ventana de tolerancia, y abordarlas en los primeros momentos, cuando todavía siento que tengo suficiente control.

Muy esquemáticamente, sería lo siguiente:

PRIMERO. Estar muy atento a las emociones que se despiertan en mí, situando la atención en el cuerpo. El cuerpo reacciona antes que la mente, y es el mejor indicador de que algo está pasando.

Cuando estas emociones aparecen, parar con cuidado la conversación.

SEGUNDO. Hacer explícitas mis emociones (miedo, tristeza, vergüenza, sorpresa, enfado, o emociones más complejas) destacando que se trata de mi experiencia interior. Que tiene que ver con lo que está ocurriendo entre nosotros, pero sobre todo, con mi historia personal, para descuplabilizar a mi interlocutor.

TERCERO. Hacer explícito el nivel en el que se sitúan dichas emociones, y cómo creo que eso puede afectar a nuestra relación. Por ejemplo, «mira, perdona, pero me he sentido algo enfadado por lo que acabas de decir, porque he pensado que me estás mintiendo. Necesito arreglar esto, porque si no lo hacemos, voy a estar todo el rato centrado en lo que acabas de decir, y no voy a poder escucharte como te mereces ¿qué te parece si paramos y tratamos de arreglarlo?».

CUARTO. Explicar a la persona con quién estoy que estoy seguro de que mi estado le afecta. Preguntarle sobre ello, y darle permiso para que se exprese.

QUINTO. Y sobre todo —esta es la parte más difícil— decir claramente a mi interlocutor qué es lo que necesito para encontrarme mejor, y volver a un estado de integración. Para ello es muy importante no pensar en “soluciones a los problemas” sino en términos de calidad de la relación. Siguiendo con el ejemplo anterior… e imaginando que la persona sigue en sus trece, afirmando que lo que dice es verdad… «podemos seguir en desacuerdo y esto es compatible con que yo me sienta mejor. Para ello, sólo te pido que me dejes expresar cómo me siento en este momento. Escúchame, pero ten en cuenta que esto no tiene que ver tanto contigo, sino con otras veces en las que las personas me han mentido, y me he sentido muy vulnerable. Escucha mis palabras y tenlas en cuenta, y así seguro que me siento mejor».

Termino agradeciendo a la persona el esfuerzo que ha hecho por cuidar nuestra relación. Continuando con la conversación sólo si el equilibrio se ha restaurado y ambos sentimos que estamos cuidándonos como nos merecemos.

Por supuesto, puede ser que el nivel de intensidad de las emociones no se rebaje, y que la tensión aumente. En ese caso, suelo terminar la sesión. Explicar que ambos necesitamos un tiempo para pensar y prometer —luego hay que cumplir— que trataremos de reparar lo que ha pasado durante la siguiente sesión.

En resumen: cuerpo, emociones, nivel, conexión, agradecimiento.

¿Qué os parece?


Para más información podéis leer este artículo. Fijo que os resuena.

https://educacion-familiar.com/2017/06/20/tarjetas-tranquilidad/


* Por supuesto, esta no es la única estrategia. Pero es una de las que llevo más profundamente arraigadas en el corazón.


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. He trabajado desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

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