¿Puede rehabilitarse un hombre que ha maltratado a su familia?

La clave está en su impulsividad, y en la capacidad para sentir empatía por los demás. 

Conocí a Manuel cuando tenía 26 años. Sospechábamos que pegaba a su pareja. Más tarde se confirmó, y los servicios sociales intervinieron.

Recuerdo un día en el que estábamos en su casa. Nos habíamos quedado solos porque ella había bajado a hacer un recado. Era invierno. Él estaba abrigado con un forro polar. Para dame algo de conversación, me dijo que tenía mucho frío. Miré entonces al suelo, y señalé a su hijo de 1 año, que gateaba casi desnudo, vestido con el pañal y una camiseta. Su respuesta fue contundente.

—Éste nunca pasa frío —dijo sin prestar atención, mientras se preparaba la cafetera—.


También conocí a Pedro, de 45 años. Pedro pegó a su mujer en una ocasión, en el contexto de una discusión sobre su divorcio. Cuando lo hizo acudió inmediatamente a los servicios sociales, que en ese momento estábamos interviniendo.

Se mostró muy arrepentido. Señaló que él había sido hijo de un padre muy violento, y conectó con su sufrimiento como víctima de maltrato. Con los golpes e insultos, pero también con el dolor y preocupación que sentía al tener que defender a su propia madre.

Recuerdo un día en que estábamos con su hijo adolescente, y éste le estaba provocando.

—No sabes las ganas que tengo de soltarle una hostia —se calló de repente— pero ojalá yo hubiese podido decir a mi padre algo parecido.


Manolo —volvemos al primero— dejó morir de sed y hambre a su perro en una casa, cuando cambió de domicilio. Hoy no puede ver a su hijo.


Pedro se sometió a tratamiento. Como su mujer no puede hacerlo, se ha hecho cargo de su hijo. El chico evoluciona bien a su lado y, aunque el adolescente sigue teniendo dificultades, cada día se encuentra más a gusto con su padre.


Simplificando mucho, hay dos motivos por los que un hombre puede ejercer violencia de género.

La violencia de género tiene su origen en última instancia en patrones culturales que justifican el dominio de hombres sobre mujeres, incompatibles con los buenos tratos

Algunos hombres ejercen violencia sobre sus parejas porque no cuentan con habilidad para gestionar los conflictos existentes. No contemplan otra forma de hacer las cosas. Y llegado a un extremo, pueden utilizar la violencia como medio para restablecer el control en casa. Son hombres que sienten culpa cuando pegan o insultan, porque en el fondo saben que están generando un gran daño. Pueden ponerse en el lugar de sus víctimas, y sufrir de verdad con ello, lo cual les hace sentir motivación para cambiar las cosas. Estos hombres conservan la empatía, y aunque el tratamiento pueda ser complejo y lento, el pronóstico tiende a ser positivo.

Sin embargo, hay otros hombres que no tienen capacidad para sentir el dolor de sus víctimas. Y que, aunque puedan parecer arrepentidos, no ven la necesidad de cambiar las cosas. Pueden disimular bien, pero no sienten culpa por sus actos. Priorizan sus propios impulsos y necesidades sobre su familia. Actúan desde un sentimiento de pertenencia sobre su mujer y sus hijos, a quienes consideran objetos de su propiedad. Tienen muy afectados su autocontrol y empatía. Y estas son capacidades que no se aprenden, sino que dependen de cómo se ha estructurado su cerebro afectado por experiencias de abandono o malos tratos. En ellos el pronóstico es negativo.

La mayor dificultad de los profesionales de servicios sociales es tomar decisiones urgentes con información incompleta

El reto de los profesionales que trabajan con familias afectadas por la violencia de género es distinguir entre las personas que tienen afectadas sus habilidades, es decir, que pueden tratarse y aprender a ejercer una parentalidad positiva; y las que tienen afectadas sus capacidades parentales, que por mucho apoyo que reciban seguirán metidos —casi seguro— en lo que llamamos el ciclo de perpetuación de la violencia.

Todos los niños/as tienen derecho a criarse con buenos tratos. Este es el fundamento del sistema de protección

Ahora bien ¿cómo se valora la preocupación empática? ¿cómo se sabe si una persona puede sentir lo que sufren los demás? ¿cómo saber qué capacidad de autocontrol tiene? Permitidme que me guarde la respuesta. Hay información que es mejor omitir para no dar pistas a quienes maltratan a los niños/as.

Lo primero es que los pequeños y las pequeñas puedan ser protegidos.


En este blog alteramos u omitimos información sobre las familias con las que hemos trabajado, para salvaguardar su derecho a la intimidad

Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. He trabajado desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

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