Bomba de humo: birras, ninjutsu y apego evitativo 

[…] Recuerdo un día en el que me pillaron largándome por la calle. Escuché “mira, el cabrón se está yendo”, me hice el loco, me pusieron la zancadilla, me tiraron al suelo y me hicieron una melé tirándose como gorilas todos encima. […] 

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Visión de la mente, confianza epistémica y… ¿dibujo técnico? 

[…] Cuando trabajo con las personas adultas que cuidan de estas niñas o niños, sean educadoras o educadores, docentes o familiares, parto de la premisa de que la coherencia es muchas veces imposible. Máxime cuando estas niñas y niños son especialmente sensibles no sólo a lo que se hace, sino a los estados de ánimo presentes en las personas que tienen el deber de cuidarlos. Y en eso sí que nadie, repito, nadie, tiene control alguno. […] 

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Cabalgando la ansiedad 

[…] Todo eso para descubrir que lo que me había estado jodiendo vivo todo este tiempo no eran “los nervios”, “el estrés” o “la ansiedad”, sino la profunda vergüenza asociada a tantos eventos de mi vida que me habían configurado para sentir que nunca, haga lo que haga, voy a ser suficiente, porque el mal estaba hecho y eso no se podía resolver. […] 

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Mecanismos camaleónicos de evitación 

[…] La cosa es que reconocerse como una persona afectada por el trauma, cambió la mirada hacia la ansiedad. Ahora, esas sensaciones tenían un sentido y había un camino para recorrer: volver a esa consulta médica maldita, en la que uno se sintió morir, y tratar de incorporar al recuerdo el trato que necesitaba o le habría gustado tener. Y más en concreto, la mano amiga de su mujer. […] 

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Dudas y preguntas como criterio de excelencia

[…] Por eso, son tan graves las actitudes que, con demasiada frecuencia, tenemos muchas y muchos profesionales —me vuelvo a incluir como víctima y verdugo— que, con nuestras teorías tan bien edificadas tras años y años de formación, acabamos incapacitando más si cabe a las personas. Porque las priorizamos a su experiencia, hasta el punto de que, si algo no cabe en nuestros esquemas, lo ignoramos como si no tuviera lugar o importancia. […]

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Pégame, pero no te enfades 

[…] La niña o el niño se encuentra, entonces, en una disyuntiva. Si reconozco y expreso esos estados de ánimo, me arriesgo a perder la mirada del adulto. En los casos más graves, pueden llegar a sentir que pueden perder al adulto, por completo. Y esa pérdida es inconcebible cuando se trata de las únicas figuras que pueden garantizar la protección y, por tanto, la supervivencia. […] 

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Anda, ¡al sofá! | activando el estado vagal ventral 

[…] La idea era sencilla. Mientras su marido hablaba de lo que hacía, había hecho o quería hacer, sus palabras tenían un impacto directo en el estado de ánimo de ella, y eran justo estos impactos, sobre todo, cuando eran en positivo, los que nos iban a dar pistas sobre lo que necesitaba para estar mejor. […] 

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Acercarse al alumnado que sufre | ejercicio para docentes 

[…] Por ejemplo, Julia —siempre se utiliza este nombre en los ejemplos— es muy buena alumna, pero se activa mucho cuando siente que a sus profesores o compañeras no les importa. Según pasa el tiempo, se va observando que sus manos están más y más inquietas, hasta que finalmente suele levantar la mano para hacer alguna pregunta fuera de contexto que descoloca a la clase. […] 

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