Erupciones de palabras 

[…] los educadores familiares tocamos la vida de las personas (su pasado, su presente y su futuro) y a menudo lo hacemos con una desconsideración brutal. Como si fuéramos angelitos caídos del cielo, que saben de todo, como tocados por el mismo Dios. Y cuando eso sucede estamos priorizando nuestras heridas a las necesidades de los demás, creando terremotos donde no los había, y erupciones volcánicas explosivas sobre cuidades que ha llevado siglos construir. […] 

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Visión de la mente, confianza epistémica y… ¿dibujo técnico? 

[…] Cuando trabajo con las personas adultas que cuidan de estas niñas o niños, sean educadoras o educadores, docentes o familiares, parto de la premisa de que la coherencia es muchas veces imposible. Máxime cuando estas niñas y niños son especialmente sensibles no sólo a lo que se hace, sino a los estados de ánimo presentes en las personas que tienen el deber de cuidarlos. Y en eso sí que nadie, repito, nadie, tiene control alguno. […] 

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La herida del amor condicional 

[…] Lo que me sorprende es que este dolor, muchas veces, tiene que ver, precisamente, con la herida del amor condicional, una herida que se transmite con mucha facilidad entre generaciones, porque cuando un adulto se protege tratando de conservar el amor, desconecta de la experiencia interna de su hija o hijo. Paradójicamente, le deja solito. […] 

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Respira mamá: la infancia rota por la desconexión afectiva 

[…] La verdad, no era lo que me esperaba. Normalmente los gritos suelen activar una respuesta defensiva en las niñas y los niños, bien llevándoles a un estado de mayor rigidez, de mayor caos, o hacia el bloqueo; pero raramente hacia la calma, como era el caso. […] 

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Aitas «enfadaos»

—Ay, se me olvidaba. Te tengo que contar lo mejor de hoy.

Su cara se había iluminado.

—Sí, Ama, quiero que cuentes ese cuento —continuó mi hija.

—Es que estábamos jugando a los ríos y no sabes lo que me ha dicho…

“Los ríos” es un juego en el que imaginamos que las baldosas de diferente color son agujeros o torrentes de agua plagados de peligros, por lo que hay que saltarlos.

—La cosa es que saltamos el primero, y Amara me dijo: «¡cuidado, ama, que hay pinchos!».

Yo escuchaba con atención.

—Y luego me dijo: «¡cuidado, que aquí hay pirañas piratas!»; más tarde fuego y caca…

¿Dónde íbamos a llegar?

—Pero luego me suelta la tía, tirándome del brazo: «¡cuidado! ¡¡cuidado!! ¡¡que éste es el peor de todos!!»

—¿Y qué tenía? —pregunté, con inocencia, pensando en qué sería peor que la mierda.

—Aitas “enfadaos”

—interrumpió la cría. Pues nada, que eso, tú sígueme para consejos sobre educación 🙄


Gorka Saitua | educacion-familiar.com

Héroe solitario

[…] Me resultaba especialmente doloroso que Amara no quisiera pasar tiempo a solas conmigo. Si le proponía dar una vuelta por la calle o ir al parque, me respondía siempre “no, con Ama”, y si Ama no quería o no podía acompañarnos, me tenía que comer un cristo de la pera y, lo que es peor, a la niña triste y refunfuñando hasta la vuelta a casa. […] 

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Confiar en su sistema nervioso: un regalo para las niñas y niños

[…] Puedo equivocarme en la interpretación de los acontecimientos. No estoy ahí, y no veo lo que realmente pasa. Pero de lo que estoy seguro es de que las personas mayores —nosotros incluidos— confiamos muy poco en la capacidad del sistema nervioso de las niñas o niños para satisfacer sus necesidades de manera natural, sin la interferencia de una figura adulta. […]

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