[…] No sabéis el esfuerzo, el maldito esfuerzo, que conlleva revelar este tipo de maltrato. […]
Seguir leyendo «Un par de ideas sobre acoso escolar «
[…] No sabéis el esfuerzo, el maldito esfuerzo, que conlleva revelar este tipo de maltrato. […]
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[…] ¿Eres profe? Te propongo un ejercicio para comprender mejor qué hay tras la conducta de las niñas, niños o adolescentes que presentan algún tipo de sintomatología en el aula: desmotivación, victimización, ansiedad, agresividad… o lo que sea. […]
Seguir leyendo «Hoja de observación de destellos | recurso para docentes»
[…] En ese momento, justo en ese momento, sentí el primer atisbo de compasión hacia ella y, en consecuencia, ganas de acercarme, reparar y acompañar esa tristeza que no hablaba de mí, sino de una niña sobrepasada por los retos —sin duda, abrumadores— de una vida que estaba por cambiar: el inicio de cole, nuevas rutinas, nuevos amigos, nuevas obligaciones y Aita y Ama mucho menos disponibles de lo que, hasta ahora, han podido estar. […]
Seguir leyendo «Un pinchazo de rencor»
[…] Cogí un pellizco al globo y lo mordí a la altura del nudo, haciéndole un agujerito muy pequeño. Después, me lo metí dentro de la camiseta, en el pecho alto, casi a la altura del cuello. Se escuchaba un silbido muy leve. […]
Seguir leyendo «El globo de la tristeza»
[…] Madres o padres que acompañan a sus hijas e hijos al parque, y aprovechan para potear. Ya sabéis, porque el parque es un coñazo, han tenido un día de mierda y “necesitan desconectar”. Así que dejan a las y los peques sueltos, que para eso se crean esos espacios en las ciudades, ¿no? […]
Seguir leyendo «Escenas cotidianas en el parque del horror»
[…] El abandono es pegajoso. Una vez que aparece, se pega en cualquier sitio. Y no se va, ni con amoniaco, ni con lejía. Penetra hasta lo más profundo del alma, diciendo y recordando a la gente que no es digna de amor y que, por tanto, carecen de cualquier tipo de valor. […]
Seguir leyendo «El abandono pegajoso «
[…] Soy una de esas personas con pocos recuerdos. Y no es casualidad. Entre otras cosas, aprendí a protegerme con la desconexión de mí mismo y de los demás. Por eso se han fijado pocos eventos en mi memoria: sencillamente nadie andaba ahí para contarse una historia que mereciera la pena contar. […]
[…] Observo en el sector cierta tendencia perversa a amoldarse a la demanda que formulan muchas madres y padres, que —con la mejor de sus intenciones— quieren que su hija o su hijo sea el más alto, el más guapo, el más popular, el más inteligente o el que se lleva el premio a final de curso. […]
Seguir leyendo «Huye de quien te promete cambiar a tu hijo»
[…] Entonces, llegó un grupo de 4 chavales de unos 25 años, con sus pelotas, eso, eso, con sus pelotas grandes y duras. Al verlos, los niños recogieron sus cosas y se marcharon sin chistar, cumpliendo la ley implícita en todos los espacios públicos, del cole y del pueblo: los mayores y, sobre todo, si son hombres, tienen prioridad en cualquier tipo de juego. […]
Seguir leyendo «La ley del frontón: ideas para destruir el mundo»
[…] —Vete a la ferretería de abajo, y tráeme una tijera para tres dedos —dijo—. Pero dile claramente al señor que no me vale una tijera cualquiera, sino que tiene que tener 3 hojas y 3 asas. Anda, a por ello. […]
Seguir leyendo «Una tijera de tres dedos: sobre la normalización del maltrato»
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