[…] Esto es justo lo que pasa cuando actuamos “desde el rojo”: no podemos prestar atención a nuestro cuidado, y sólo confiamos en soluciones que tengan que ver con un cambio en la realidad externa. […]
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[…] Esto es justo lo que pasa cuando actuamos “desde el rojo”: no podemos prestar atención a nuestro cuidado, y sólo confiamos en soluciones que tengan que ver con un cambio en la realidad externa. […]
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[…] La verdad, no era lo que me esperaba. Normalmente los gritos suelen activar una respuesta defensiva en las niñas y los niños, bien llevándoles a un estado de mayor rigidez, de mayor caos, o hacia el bloqueo; pero raramente hacia la calma, como era el caso. […]
Seguir leyendo «Respira mamá: la infancia rota por la desconexión afectiva «
[…] Ambustia era de color violeta, le faltaban algunos dientes, y los que le quedaban eran pequeños y puntiagudos. Tenía manos y pies, con unas uñas muy largas; y mucho pelo, siempre enmarañado. […]
Seguir leyendo «Las aventuras de Ambustia: un monstruo incomprendido «
[…] —Es sencillo. Yo voy a describir un estado del sistema nervioso y vosotros sólo tenéis que seguir las sensaciones que se active en vuestro cuerpo, hasta dar con un evento que las haya detonado. […]
Seguir leyendo «La calma que habíamos deseado «—Ay, se me olvidaba. Te tengo que contar lo mejor de hoy.
Su cara se había iluminado.
—Sí, Ama, quiero que cuentes ese cuento —continuó mi hija.
—Es que estábamos jugando a los ríos y no sabes lo que me ha dicho…
“Los ríos” es un juego en el que imaginamos que las baldosas de diferente color son agujeros o torrentes de agua plagados de peligros, por lo que hay que saltarlos.
—La cosa es que saltamos el primero, y Amara me dijo: «¡cuidado, ama, que hay pinchos!».
Yo escuchaba con atención.
—Y luego me dijo: «¡cuidado, que aquí hay pirañas piratas!»; más tarde fuego y caca…
¿Dónde íbamos a llegar?
—Pero luego me suelta la tía, tirándome del brazo: «¡cuidado! ¡¡cuidado!! ¡¡que éste es el peor de todos!!»
—¿Y qué tenía? —pregunté, con inocencia, pensando en qué sería peor que la mierda.
—Aitas “enfadaos”
—interrumpió la cría. Pues nada, que eso, tú sígueme para consejos sobre educación ![]()
Gorka Saitua | educacion-familiar.com
[…] Me resultaba especialmente doloroso que Amara no quisiera pasar tiempo a solas conmigo. Si le proponía dar una vuelta por la calle o ir al parque, me respondía siempre “no, con Ama”, y si Ama no quería o no podía acompañarnos, me tenía que comer un cristo de la pera y, lo que es peor, a la niña triste y refunfuñando hasta la vuelta a casa. […]
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[…] No recuerdo muy bien por dónde continuó la conversación. Pero sí sé, de buen grado, el orgullo que me hizo sentir. Hostia, por fin, mecagoentó, era visible a los demás. […]
Seguir leyendo «Hay un traumita abajo, en el bar… ¡¡Bob Esponja!!»
[…] «¿En serio, colega?», pensé. «No has usado chupete en tu vida, ¿y lo quieres empezar a usar ahora, con 3 años medio? Anda a cagar.» […]
Seguir leyendo «¡Quiero un chupete!: sobre la necesidad del objeto transicional «
[…] La idea era sencilla. Mientras su marido hablaba de lo que hacía, había hecho o quería hacer, sus palabras tenían un impacto directo en el estado de ánimo de ella, y eran justo estos impactos, sobre todo, cuando eran en positivo, los que nos iban a dar pistas sobre lo que necesitaba para estar mejor. […]
Seguir leyendo «Anda, ¡al sofá! | activando el estado vagal ventral «
[…] Ahora, un poco más resabido y mucho más viejo, puedo ver lo que estaba pasando. Me veo a mí mismo desde fuera, y puedo empatizar con las personas que tuvieron el deseo de ayudarme, pero no la formación o la sensibilidad que yo habría necesitado. […]
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